Saluda del Nuncio Apostólico de Su Santidad en la toma de posesión de Monseñor Sebastián Chico Martínez

27 noviembre de 2021

Eminentísimos señores Cardenales,

Excelentísimos señores Arzobispos y Obispos,

Queridos Sacerdotes concelebrantes,

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades,

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas,

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

 

En estos solemnes momentos, deseo manifestar, a la querida Diócesis de Jaén, el afecto del Santo Padre el Papa Francisco, a quien tengo el honor de representar en España. Jaén, que ve en la lontananza el origen de su vida cristiana venerando en San Eufrasio al primer Obispo, Varón Apostólico del siglo I, y que, más cercano en el tiempo, recibió el cuidado del patrono del Clero secular español, San Juan de Ávila, con su vida eximia y alta doctrina para toda la Iglesia universal.

De parte del Santo Padre, me es grato expresar sentimientos de reconocimiento al Excelentísimo Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, por los cuidados y desvelos, ofrecidos en el ejercicio de su tarea pastoral. Asimismo, un afectuoso saludo a Mons. Ramón del Hoyo López, obispo emérito de esta Sede, que nos acompaña.

Un saludo muy particular al Excelentísimo Mons. Sebastián Chico Martínez, a quien el Papa Francisco ha nombrado Obispo de Jaén. A través de los pastores se vislumbra la imagen de Cristo, verdadero y único Pastor.

Querido D. Sebastián, me congratula vivamente que, al hacerse público su nombramiento, pidiera a sus diocesanos: “Os ruego que recéis por mí para que cada día refleje con más claridad en mi vida el “Santo Rostro” de Cristo… para que sea el buen pastor que necesitáis”. Este Santo Rostro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyos rasgos venera Jaén, se reproducen en el interior del corazón del Obispo con la fisonomía de las Bienaventuranzas.

El Papa Francisco, el pasado lunes, día 22, entregaba a la Asamblea General Extraordinaria de los Obispos italianos, inaugurada en Roma, una tarjeta con el Buen Pastor y el comentario que aplica a la vida del Obispo el espíritu de las bienaventuranzas. La dicha del Obispo está:

(1) en hacer “compartir su estilo de vida, con su testimonio”;

(2) En llorar “los dolores de la gente y la fatiga de los sacerdotes”;

(3) en hacer de la “mansedumbre su fuerza…llevando a todos en el propio corazón”;

(4) Es feliz el obispo que, desde la oración diaria, sabe ver la luz para “luchar junto al hombre por el sueño de la justicia de Dios”

(5) el que, misericordioso, tiene ante sí la experiencia de su propia debilidad y del “perdón” recibido en la “mirada de Cristo crucificado y resucitado” para “no escandalizarse por el pecado y la fragilidad de los demás”;

(6) Es dichoso el Obispo que no se deja vencer por la ambigüedad y sabe “alegrarse con el rostro de Dios, encontrando su reflejo en cada charco”.

Señala el Papa, que es (7) “Bienaventurado el Obispo que obra la paz, que acompaña los caminos de la reconciliación, que siembra la semilla de la comunión en el corazón del presbiterio, que acompaña a una sociedad dividida en el camino de la reconciliación, que lleva de la mano a todo hombre y mujer de buena voluntad para construir la fraternidad: Dios lo reconocerá como su hijo”;

(8) Que es “Dichoso el Obispo que por el Evangelio no teme ir contracorriente, volviendo su rostro “duro” como el de Cristo (Cf. Is 50, 7) dirigiéndose a Jerusalén, sin dejarse frenar por las incomprensiones y los obstáculos porque sabe que el Reino de Dios avanza en la contradicción del mundo”.

Con este espíritu de las bienaventuranzas, que se discierne bien mirando el Santo Rostro, podrá hacer realidad, en esta querida Diócesis de Jaén, su manifestada voluntad de “ser – aquí – un pastor según el corazón de Cristo, un hombre de esperanza”.

Cuente para ello con nuestras humildes oraciones; por esta nueva etapa de su vida en la que el Señor le confía, particularmente, el cuidado de los fieles de la diócesis de Jaén cuando la Iglesia Universal, respondiendo a la llamada del Sucesor de Pedro, vive en sinodalidad la comunión, la participación y la misión.

En las manos de la Santísima Virgen María, bajo su querida advocación de la Cabeza, ponemos esta intención, para que, con la ayuda eficaz de la misma Madre de Dios y del valimiento de los santos Eufrasio, Juan de Ávila y de tantos otros mártires beatos y santos que han dado testimonio de Cristo en esta Iglesia particular y que tanto la ilustran, pueda recorrer el itinerario de su tarea pastoral dando abundantes frutos para el bien de las almas y la gloria de Dios.

Que el Señor les bendiga.

+ Bernardito Cleopas Auza
Nuncio de Su Santidad en España

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