DIOS EXISTE. Sigamos la argumentación hacia donde quiera que nos lleve

Dios existe
     Hagamos un sencillo experimento: Vayamos a una librería española, que no sea religiosa, dirijámonos a la sección de filosofía, busquemos títulos que hagan referencia a Dios o a la religión, el resultado previsible será el siguiente: la gran mayoría, si no todos, presentarán el tema desde el punto de vista ateo. La falsa impresión que una persona interesada sobre el tema puede sacar es la de que la cuestión de Dios está zanjada y su interés se limita a un núcleo de creyentes irreductible que se mantiene en una especie de oscura inercia religiosa. Curiosamente, si seguimos echando un vistazo por la librería podemos encontrarnos en la sección de religión, si la hay, libros de las más distintas religiones o espiritualidades pero en el terreno del pensamiento parece que el tema está decidido.
     La realidad no es ni mucho menos ésta, un ejemplo claro y contundente es el libro que presentamos: DIOS EXISTE, de Antony Flew, Editorial Trotta, Madrid 2012.
     En el año 2004 en un simposio sobre fe y ateísmo organizado por la Universidad de Nueva York, Antony Flew, uno de los más relevantes filósofos ateos del siglo XX, anunciaba de modo sorpresivo que su pensamiento entorno a la existencia de Dios había cambiado, ahora consideraba que desde una razón que se hiciera eco del actual estado de la ciencia los argumentos llevaban a la existencia de Dios. En palabras del propio Flew:
     Creo ahora que el universo fue traído a la existencia por una inteligencia infinita. Creo que las intrincadas leyes del universo manifiestan lo que los científicos llaman la Mente de Dios. Creo que la vida y la  reproducción tienen su origen en una fuente divina.
     ¿Por qué creo ahora esto, después de haber expuesto y defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La breve respuesta es la siguiente: tal es la imagen del mundo que, en mi opinión, ha emergido de la ciencia moderna (pág. 87).
     Como nos dice Roy Abraham Varghese: no existe un pensador que en los últimos cien años haya desarrollado un tipo de exposición del ateísmo tan sistemático, comprensivo e influyente. Por ofrecer un dato significativo, su artículo Teología  y falsificación se convirtió en la obra filosófica más veces reimpresa del siglo XX. Teniendo en cuenta lo anterior podemos comprender la tormenta mediática que se destapó tras el anuncio del cambio de bando de Flew, de la que por cierto en España no tuvimos prácticamente eco. La intolerancia de los antiguos correligionarios, y las constantes descalificaciones le llevaron a escribir este pequeño libro en el que hace un recorrido de su vida intelectual, en él de modo claro y sucinto expone las razones de su cambio. Lo más interesante es que no se trata de ninguna conversión religiosa, sino la consecuencia de seguir la máxima que Platón atribuye a Sócrates en la República y que guió toda su carrera intelectual: Sigamos la argumentación a donde quiera que nos lleve.

Juan Jesús

     Así pues nos encontramos ante un libro que vale su peso en oro como indica el filósofo y físico Francisco J. Soler Gil. Una autobiografía intelectual en la  que asistimos al relato de la  peregrinación de la razón y del espíritu de un gran pensador contemporáneo que murió en el año 2010. Un auténtico testamento intelectual. Pasemos a esbozar su contenido.
La obra comienza con el prólogo a la edición española escrito por Francisco J. Soler Gil donde se nos habla del estilo académico de Flew, en él  se subraya la confianza en la razón y su honestidad intelectual (pág. 9-21). El libro sigue con el prefacio escrito por R. A. Varghese que nos hace un dibujo de quien es A. Flew en la historia del ateísmo contemporáneo, así como la reacción fundamentalista de sus antiguos correligionarios ateos ante el giro copernicano de su pensamiento (pág. 23-34). El texto de Flew comienza con una breve introducción seguida de dos grandes partes. En la primera, nos descubre el camino que le llevó a la negación de lo divino (pág 41- 82) y en la segunda nos narra la senda que le llevo al descubrimiento de Dios (pág. 83-133). En concreto irá desgranando tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios y que le llevaron a reconsiderar los argumentos filosóficos clásicos:
     La primera es el hecho de que la naturaleza obedece a leyes. La segunda es la dimensión de la vida, la existencia de seres organizados inteligentemente y guiados por propósitos. La tercera es la propia existencia de la naturaleza. (Pág.87).
     El libro termina con dos apéndices que incluyó Flew como ejemplos del tipo de razonamiento que le condujeron a cambiar de opinión sobre la existencia de Dios, si se los pone en conexión con la parte II forman un todo orgánico que proporcionan, como dice el mismo autor, una nueva y poderosa visión de la filosofía de la religión. El primero de Roy Abraham Varghese, trata de una visión crítica del llamado Nuevo Ateísmo hoy tan en boga. La segunda es un diálogo sobre Jesús de Flew con N. T. Wright, donde encontramos un texto en el que se expone con una claridad y una frescura extraordinaria el tema de la Encarnación y el tema de la Resurrección.  Nos encontramos con una pequeña gran obra, escrita en un estilo comprensible y ameno, donde podemos encontrar unos puentes sólidos entre la razón, la ciencia y la fe.
     Hace unos años invité  a Jaén a mi amigo Francisco José Contreras, catedrático de filosofía del derecho de la Universidad de Sevilla para que participase en las Jornadas de Santo Tomás que la diócesis organiza como foro abierto para el diálogo Fe y Cultura. En aquel tiempo hablamos del caso Flew y en concreto de la obra que os presento. Comentamos el hecho incomprensible de que cualquier obra  de los nuevos ateos era rápidamente traducida al español y convertida en un  best-seller, obras, por lo general, con muy poca consistencia, y que esta obra, por el contrario, hubiese pasado desapercibida en nuestro solar patrio. Por lo demás, como concluíamos, algo típico del establihsment intelectual español. Su interés y el apoyo de los amigos, especialmente de Soler Gil, le llevaron al proyecto de traducirla e intentar publicarla en alguna editorial española, a él se debe esta magnífica traducción y a Trotta el decidir publicarla. Mi enhorabuena a ambos.
     En el video del simposio donde Flew expresaba su  aceptación de  la existencia de Dios, el anunciante  sugirió que, de todos los descubrimientos de la ciencia moderna el mayor era Dios. Quizás, en el fondo, Pasteur tuviera razón y la propia ciencia nos lleve a Dios.
     Quiero finalizar con las palabras con las que concluye Flew su descubrimiento de lo divino:
     El descubrimiento de fenómenos como las leyes de la naturaleza… ha conducido a científicos, filósofos y otros a aceptar la existencia de una Mente infinitamente inteligente. Algunos aseguran haber establecido contacto con esta Mente. Yo no lo he hecho; no todavía. Pero ¿quién sabe lo que podría ocurrir en el futuro?
     Quizás algún día pueda oír una Voz que dice: “¿Me oyes ahora?”(pg.133).
     Antony Flew murió cuatro años después de haber escrito estás palabras. Después de todo quedémonos  con el aforismo socrático que fue la estrella que guió su pensamiento: sigamos la argumentación a donde quiera que nos lleve.
Juan Jesús Cañete Olmedo.
Profesor de Filosofía del Seminario Diocesano de Jaén
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