Salida programada de tres jornadas con internos del Centro Penitenciario Jaén II

15 julio de 2009

Pastoral Penitenciaria
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     El pasado día 19 de junio, viernes, a las 9’30 de la mañana salíamos del Centro Penitenciario de Jaén once internos, dos funcionarios y el Delegado de Pastoral Penitenciaria hacia La Carolina para pasar el fin de semana en una casita que nos dejaba el equipo de Cáritas de la localidad.
     La Iglesia de Jaén, a través de la Delegación de Pastoral Penitenciaria, les iba a ofrecer a estos hermanos nuestros tres días diferentes, que rompían la monotonía de la vida carcelaria a través de gestos tan normales para los que vivimos en libertad como estos…

– Mientras se organizaban las habitaciones, un grupo se fue al supermercado a comprar lo necesario (y lo “superfluo”) para la comida primera: sandía y melón, pollos asados con pimientos, granizada de limón…
– Baño en la piscina, juegos, saltos sin trampolín… Antes nos habíamos tomado unas gambas al pil-pil picantes con sus ajitos y perejil.
– Cine de medianoche en el porche de la casa, ¡a la intemperie hasta las dos de la madrugada!
– Comida en platos, ¡sin bandejas! Y después café, chupito (sin alcohol) con hielo, dulces de Guarromán, celebración de varios cumpleaños con soplo a las velas.
– Dormir en una casa sin cerrojos.
– Y tantas experiencias diferentes al horario y tareas de la prisión…
Si el lector de esta crónica no ha pasado por estar preso, no entenderá la alegría que cualquiera de los internos experimentó ese primer día y los otros dos siguientes.
     El primer día, después del baño, la comida y el café, por la tarde visitamos, acompañados por la H. María Dolores, los talleres de carpintería y metalurgia que mantiene Cáritas local. Los monitores de sendos talleres nos explicaron el funcionamiento de las máquinas y nos hicieron alguna demostración de lo que allí se hace; pero, sobre todo, nos explicaron la función social desarrollada con los chicos y chicas que acuden para aprender un oficio. La cena del primer día no la hicimos solos, nos visitaron bastantes miembros del equipo de pastoral, ellos traían la comida y la fraternidad nosotros poníamos los manteles, platos, vasos y también nuestra fraternidad. En total nos juntamos más de treinta personas en torno a la mesa, que terminó con la celebración de la Eucaristía casi a la media noche.
     En el segundo día, la mañana estuvo ocupada por la marcha a La Aliseda; bueno, por equivocación del guía fuimos hasta el empalme de Santa Elena. Al regreso, ¡cómo agradecimos el baño, los chorizos a la brasa, los helados, la siesta, la sombra! Pero nos quedaban fuerzas para asistir a la presentación de “El Rally de La Carolina”. Cansados pero contentos nos volvimos a la casa para cenar unas hamburguesas compradas en el pueblo y algo más. Y para terminar, cine en el porche y baño nocturno y helado. A la hora de acostarnos, era la última noche, jugamos como niños. Eran las tres de la madrugada, pasadas.
     Al tercer día sí estábamos cansados; después de un generoso desayuno tuvimos una larga tertulia y juegos bajo de una frondosa higuera. El aperitivo nos los tomamos junto a la piscina, incluso alguno se metió en el agua con el vaso y los pinchitos. La comida fue una invitación de la hermana de un muchacho que el año pasado participó en esta convivencia como interno y este año nos acompañaba desde la libertad, que ya está disfrutando: sabrosas chuletas y chorizos frescos en abundancia, todo hecho en la barbacoa de la casa. De postre, helados exquisitamente preparados y granizado de limón con unas gotas de mora. A la comida se sumaron tres amigos que pasaron una temporada en “Jaén II”. En el tiempo de la comida estuvimos hablando por teléfono con amigos que disfrutan ya del tercer grado o de la libertad, o que estaban de permiso ese fin de semana en sus casas, nos pasábamos el teléfono de unos a otros como pasaba el pan o el melón. Era la misma mesa donde la noche anterior estuvimos cenando con los miembros de pastoral, donde celebramos la misa, y que ahora, a través del teléfono, se extendía más allá de los estábamos allí sentados, la mesa se hacía universal.
     La Iglesia está con los presos.  Todas estas historias han sido posibles porque la Iglesia se ha volcado con ellos en La Carolina. En el ofrecimiento de la casa, la limpieza rápida de la piscina, los chorizos o los pollos fritos…en los abrazos de la misa de media noche había que reconocer el amor de Dios por “los excluidos”, que nos llegaba a través de los hombres y mujeres de Iglesia, que han hecho posible tanta felicidad, algunos de ellos ni siquiera nos conocen a los beneficiarios, y sin embargo se han desvivido por regalarnos tres días y dos noches inolvidables.
     ¡Cuánto hemos disfrutado los que hemos vivido juntos estos días!
¡Cuánto han disfrutado quiénes han hecho posible esta convivencia!
¡Cuánto ha disfrutado Dios que habita en el cielo, pero que mira la tierra!

José Luís Chaves, Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Jaén

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