Homilía en la Feria de la Fe: “Somos un pueblo en misión”

Querida familia de fe, querido pueblo de Dios en feria:

1. La Palabra de Dios que hemos escuchado nos acaba de recomendar, con una bella y especialmente clara parábola de Jesús, cómo hemos de rezar los cristianos en la hora presente: es necesario que oremos sin nunca cansarnos. Sólo orantes en la presencia de Dios nos mantendremos firmes en la fe y activos en nuestras responsabilidades en la Iglesia y en el mundo. Oración y fe se fecundan mutuamente. Oramos porque creemos que Dios está con nosotros; en la oración, Dios se nos da y mantiene viva la llama de nuestra fe. Orar es creer que Dios es un don de amor que no tiene fin. Orar es hablar de amor con quien sabemos que nos ama; es sentir que Jesucristo, por amor, dio la vida para salvarme y que ahora está vivo a mi lado cada día, para iluminarme, para fortalecerme, para liberarme. Orar es vivir en la verdad que constituye el hilo conductor de todo lo que proclama, celebra, ama y une a la Iglesia. Orar es confirmar que el kerygma está gravado a fuego en nuestro corazón y que, por eso, nuestra vida es siempre misión.

2. Sólo desde la fe, consolidada en la oración, podemos salir a evangelizar a nuestros hermanos. Porque sólo la fe nos hace conscientes de que “es nuestra tarea hacernos cargo del que ha dejado de caminar, de quien ha perdido el rumbo; sólo la fe nos urge a que tomemos conciencia de que somos protectores de nuestros hermanos alejados. Somos intercesores para ellos, somos responsables de ellos, estamos llamados a responder y preocuparnos por ellos. ¿Quieres crecer en la fe? Hazte cargo de un hermano alejado, de una hermana alejada” (Papa Francisco, homilía en la canonización del Cardenal Newman). Entre luces y sombras, eso es lo que, por la fe, hemos ido descubriendo a lo largo del camino misionero que hoy clausuramos. En la Misión Diocesana hemos hecho lo que Jesucristo desea de nosotros; es voluntad suya que todos y juntos seamos un pueblo misionero.

3. Nos hemos reunido hoy en la FERIA DE LA FE para decir que, en el pasado, en el presente y en el futuro, hemos sido y seremos un pueblo en misión. Y lo hacemos juntos, porque nuestra fe y nuestra vida cristiana nunca es un acto individual, sino eclesial (cf. Mensaje del Papa Francisco, DOMUND 2019). Hoy mostramos que todo lo que somos y hacemos radica en una fe que tiene su origen en la paternidad de Dios y en la maternidad de la iglesia. “No puede querer a Dios como Padre quien no tiene a la Iglesia como Madre (san Cipriano). No puede haber un verdadero creyente sin esa doble compañía: la de Dios y la de la Iglesia, servidora del hombre. “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1).

4. En este pueblo en camino y unido, que es nuestra Diócesis de Jaén, Jesucristo nos ha dejado todo lo que recibió del Padre, para que vivamos en los dones del Espíritu Santo. Esos dones que elevan, dignifican y enriquecen todo lo humano, es lo que la Iglesia tiene para dar, para comunicar, para anunciar, para irradiar por el mundo el amor de Dios, el Evangelio de Jesucristo. Todos esos dones nos han sido dados para que seamos en el mundo un pueblo servidor, samaritano, que da gratuitamente cuanto ha recibido y, por supuesto, lo da a manos llenas sin excluir jamás a nadie de esos bienes. Aunque tengamos razones más que suficientes para considerarnos unos privilegiados, nunca un hijo de la Iglesia puede andar por el mundo con aires de superioridad y considerándose más y mejor que los demás. Eso contradice el corazón mismo Jesucristo y de su Evangelio.

5. Por eso, ruego encarecidamente que nadie vea en lo que hoy hemos expuesto, tan cuidada y bellamente, un alarde de nada; sólo queremos que sea una muestra de nuestro servicio. Lo que hacemos los discípulos misioneros de Jesucristo es siempre servicio, y nada más que servicio. Es así como el cristiano evangeliza, por contagio, por atracción; sólo da lo que siente y vive.

6. Al pasar por la exposición habéis visto a una Iglesia que es pobre, pero está viva. Habéis comprobado que, en el Plan Diocesano de Pastoral, entre muchos y con un sentido sinodal, nuestra Diócesis ha buscado y encontrado cuanto hoy se puede ofrecer a los hombres y mujeres en su búsqueda de bien, de bondad y de verdad. Como habéis podido ver, es una Iglesia disponible para sembrar Evangelio en el corazón y en la vida de la gente y que siente que ha de llegar a los que están más alejados, son indiferentes o viven al margen de Dios y de Jesucristo, aunque ni el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu estén lejos de ellos. Todo lo que hemos podido ver en la exposición está realizado por una multitud de fieles cristianos que siempre tienen en cuenta que lo que hacen tiene una sólo razón de ser: hacer en Cristo el Reino de Dios en el mundo.

7. Por eso habéis podido comprobar en los diversos lugares de la exposición, que esta Iglesia de Jaén quiere llevar a cada cual lo que demandan sus necesidades: a unos la Palabra misma de Dios; a otros el calor de la fraternidad; a cuantos lo deseen les invitan a celebrar la alegría de la fe; a otros les invitar a acercarse a la gracia que libera por el perdón; a todos quiere llevarles el apoyo que puedan estar buscando. Hemos mirado a los niños, a los que no han podido y a los que sí han podido nacer, porque son el más preciado tesoro del mundo, a los que la Iglesia quiere ofrecerles educación y fe; para los mayores queremos la dignidad y el respeto que se merecen por todo lo que han y no queremos que nadie altere su camino hasta su muerte natural; a los enfermos los hemos mirado con la entrañable compasión de Jesús; a las familias en sus muchas situaciones, ilusiones, gozos, pero también en sus dificultades y problemas; a los jóvenes los hemos visto con la predilección que siempre tienen para el Iglesia sus empeños y luchas por fraguarse un futuro, pero también hemos mirado con tristeza sus vacíos, desencantos y fracasos.

Nos preocupa todo lo que sea pobreza, descarte, exclusión; de un modo especial miramos con dolor al inmenso colectivo de los más descartados y excluidos hoy en nuestro mundo, que no son otros que los millones de inmigrantes. Nos duelen, en su cercanía y drama, los problemas de nuestra tierra, sobre todo el del paro, y en especial el juvenil. Nos preocupa mucho la desigualdad de oportunidades en nuestra región andaluza, que nos afecta especialmente a los giennenses, por eso sentimos que Jaén merece más. Nos inquieta, como le puede inquietar a los más sensibles, la salud del planeta y esta Iglesia quiere ser un espacio de reflexión sobre sus problemas, como nos ha pedido el Papa Francisco en Laudato si´. Y esas preocupaciones y compromisos los asumimos porque hemos aprendido a sentir por Cristo, con él y en él. Y justamente por eso, el nuestro es siempre un sentir con esperanza.

8. Todo lo que hemos visto y sentido en la Feria de la Fe lo hemos disfrutado – a eso se va a la feria, a disfrutar -, como un pueblo de bautizados y enviados. Hoy cada uno de nosotros, por invitación del Papa Francisco, hemos caminado por las calles y plazas de esta ciudad, imaginada y soñada, y hemos visitado todos los espacios como discípulos misioneros de Jesucristo. Como hemos podido comprobar en todo lo que hemos visto, a partir de nuestro Bautismo, si la Iglesia en su vida pastoral hace las cosas bien, nunca nos va a faltar todo lo que necesitemos para vivir como cristianos responsablemente.

9. Hoy hemos visto, plasmado en tantas acciones de la Iglesia, que por el Bautismo comenzó para nosotros el don y la tarea, la gracia y el deber de una llamada a evangelizar a todos los hombres en todo el mundo: “Id al mundo entero a anunciar la buena noticia del Evangelio”. “Este es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión”. Eso significa que hoy y siempre los cristianos hemos de mirar más allá de nosotros mismos y no olvidar nunca que el mandato pascual de Jesús no tiene fronteras, es misión ad gentes. Hoy es la víspera de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND), una vez más, porque somos un pueblo misionero, hemos de tomar conciencia de la universalidad de la misión de la Iglesia. Entre nosotros, que hoy nos hemos reunido como un pueblo misionero, hoy tiene que sonar como algo muy cálido y convincente que la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local.

10. Queridos diocesanos, ¡la Misión Diocesana ha terminado, viva la misión! A partir de ahora ha de convertirse, en la Diócesis y en las parroquias, en una misión permanente. Os recuerdo algo que os decía al comienzo de mi ministerio y que ya dije en mi anterior Diócesis, justamente en un acontecimiento como este: Cada parroquia una misión, cada cristiano un misionero. Que esta invitación, que era también un deseo, se convierta en una situación en una situación que madure entre nosotros. Nos ayudará a hacer memoria de somos misioneros la reliquia del Santo Rostro, que es presencia entre nosotros del amor de Cristo que anunciamos. Que al contemplarlo recordemos siempre la verdad que nos ha transformado: “Jesucristo me ama”. Y como el amor tiene también rostro maternal, no nos olvidemos nunca de que La Virgen de la Cabeza nos ofrece siempre desde su corazón el amor de Jesucristo, su Hijo. Amén.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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