Homilía en el funeral de Mons. Santiago García Aracil, Obispo que fue durante 16 años de Jaén (1988-2004)

San Juan Pablo II en NOVO MILLENNIO INEUNTE acuño una preciosa y justa manera de mirar en la Iglesia.

Llamó a mirar siempre con MEMORIA AGRADECIDA.

Justamente lo que hoy evocamos, el ministerio de Don Santiago, sólo lo podemos evocar como miran la historia de cualquier vida los hombres y mujeres de fe, con gratitud al Señor y a lo que el Señor hizo por el ministerio de este obispo entre nosotros.

Don Santiago, con independencia de sus capacidades, de sus cualidades, incluso de sus aciertos, fue un don de Dios a esta Iglesia: fue aquí enviado por El que llama, elige y consagra para una misión como la que el vivió entre nosotros. Eso nunca es iniciativa nuestra, siempre viene de lo Alto, por envío del Santo Padre el Papa.

Don Santiago es una parte importante y significativa de nuestra historia: 16 años de ministerio, en los que la misión de Jesucristo, la encomendada a sus apóstoles se hizo presente entre nosotros. Él fue uno de sus sucesores.

Nos dice San Juan Pablo II que el quehacer de Dios, en Cristo y en su Iglesia hay que mirarlo con:

GRATITUD AL PASADO,

PASIÓN EN EL PRESENTE

Y CONFIANZA EN EL FUTURO.

Así hemos de hacer nuestra mirada al ministerio de Don Santiago, pero advierto de que esté bien inserta en este recorrido hemos de recordar su ministerio CON UNA MIRADA COMUNITARIA.

NUESTRA MIRADA al MINISTERIO EPISCOPAL ES EN COMUNIÓN, EN UNIDAD; la misión del obispo o es comunitaria o no está bien inserta en la vida de la Iglesia. Nosotros le recordamos desde lo que compartisteis con él los sacerdotes, los consagrados y los laicos, en un servicio pastoral común, el del caminar sinodalmente, es decir unidos. Hemos de recordar este largo ministerio desde una memoria sincrónica. Pero también hemos de mirarlo desde lo que vamos construyendo juntos, y luego lo dejamos como huella y tesoro para los que vienen detrás de nosotros en la vida de la Iglesia. Miramos también desde una mirada diacrónica, la de la SUCESIÓN APOSTÓLICA NO MUY LEJANA, CASI RECIENTE, LA DEL SEGUNDO OBISPO ANTES DEL ACTUAL. Los dos sucesores de Don Santiago podemos decir que él nos dejo una Iglesia bien armada a la que pudimos incorporarnos por lo que el dejó, pero también por lo que él recibió de Don Miguel Peinado y antecesores. Por la labor de todos, con tantos santos y santas de cielo, y de la puerta de al lado, el camino de esta Iglesia de Jaén ha estado muy bien orientado y trazado.

La mirada que hoy estamos haciendo al ministerio de Don Santiago no podemos hacerla, por tanto, sólo en sus pasos individuales; lo vemos a él con todos nosotros: vemos el pasado que con él se hizo, el presente que queremos construir día a día y vemos el futuro evangelizador que esperamos.

La historia del ministerio episcopal es siempre comunitaria; sólo se puede realizar en la comunión del pueblo santo de Dios, engarzado siempre en la fraternidad y situada en la misión de servicio a esta tierra de gente con tantos valores, pero también con tantas dificultades y necesidades. “El Obispo es siempre principio visible de unidad y de comunión”. Es uno con muchos, para muchos, que a veces, lo sabéis muy bien, somos muy diversos.

Sintiéndonos hoy con él ante el juicio siempre benévolo, misericordioso y justo de Dios, hacemos memoria agradecida de sus 16 años de pastor, 16 años como imagen y representación de Cristo, 16 años de acción de Dios derramando gracia a través de su ministerio.

El ministerio del Obispo, reflejo del de Cristo, no es nada si no es hacedor de una Iglesia que sea continuación de la misión de los 12, fundamento de la misma Iglesia.

Como MESTRO DE DOCTRINA (Munus docendi)

Como SACERDOTE DEL CULTO (Munus celebrandi).

Como MINISTRO DEL GOBIERNO (Munus regendi)

Estos conceptos teológicos ricos, densos y profundamente esenciales siempre han de hacer referencia a Cristo Buen Pastor y Salvador. Porque Jesucristo es la fuente de vida y espiritualidad del Obispo, es el impylso y la esencia de su caridad pastoral.

Justamente, desde estas tres facetas del ministerio, que acabo de señalar, os invito a que podáis recordar el deambular pastoral de Don Santiago entre nosotros. Hacedlo con filiación, hacedlo con fraternidad, hacedlo con una mirada amiga. Eso es el obispo para todos, especialmente para sus sacerdotes: padre, hermano y amigo. Por eso desde esa relación hemos de darle tono a la oración por el Obispo.

Por vuelvo a la Memoria, ahora con el Papa Francisco (EG 13), para recordar que es una dimensión fundamental de nuestra fe, a la que él le llama “deuteronómica” en analogía con la memoria de Israel.

Echando mano de nuestra fe, lo mejor que tenemos, lo que nos define y nos identifica, os invito a que nuestra MEMORIA por el paso de Don Santiago entre nosotros sea hoy AGRADECIDA, RECONCILIADA Y GENEROSA.

Una memoria así siempre nos hace presente el mucho bien que se sembró bajo el envío de este fie y trabajador  servidor a lo largo de 16 años de servicio ministerial en Jaén, y también de lo mucho que se cosechó en su tiempo y ahora estamos aún cosechando; pongo sólo el ejemplo de tantas ordenaciones sacerdotales, de las que muchos de vosotros sois testigos, y hoy seguramente estáis aquí porque las recibisteis de sus manos.

Haced memoria porque, como dice Francisco, el cristiano, el sacerdote es siempre “memorioso”; os encomiendo que lo seáis, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía, MEMORIA COTIDIANA DE LA IGLESIA. Que ningún sacerdote se quede sin celebrar al menos una Misa por el que fue nuestro Obispo y Pastor.

Encomendad a Don Santiago a María, la de la Cabeza, a la que amó mucho y a la de Los Desamparados, a la que, como buen valenciano, siempre veneró con un amor especial. QUE ASÍ SEA.

Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 

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