Carta Pastoral en el día de la Iglesia Diocesana 2019: » “Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”

Seguimos con el mismo lema de estos últimos años. Estoy seguro de que se repite porque nos define perfectamente como Iglesia. Somos un pueblo de muchos hijos, todos hijos, sin distinción entre nosotros, aunque con funciones diversas. “Somos una gran familia contigo”. Somos una familia, un pueblo de hijos, que siempre es incluyente.  Por eso el “contigo” caracteriza muy bien a nuestra familia.

Después del grupo de los doce, nada hay que mejor defina y sitúe como Iglesia que la diócesis, es decir la Iglesia que vive su fe y su misión en un lugar cualquiera del planeta en torno a un sucesor de los apóstoles. Es en esa cercanía geográfica e identitaria, como se hace presente y actúa la Iglesia del Señor, siempre en comunión con las demás iglesias y en torno al primado de Pedro, que le da un carácter universal.

En la vida de la Iglesia, en muchas ocasiones, hay círculos más cercanos o más lejanos de su conciencia de pertenencia, pero no hay distinción entre unos y otros. Todos tenemos la misma identidad, la que recibimos por los sacramentos de iniciación cristiana. Por eso, para un más auténtico rostro de la Iglesia, es responsabilidad de todos el procurar que nadie se sienta ajeno a su vida y misión. Nadie puede ser excluido ni excluirse.

El “contigo” es una invitación permanente de la Iglesia a que te sientas dentro, en familia, como uno más y, por tanto, corresponsable en un pueblo, el de Dios, que camina unido por este mundo y a su servicio. Así lo hemos hecho siempre en el pasado, ese del que vivimos con memoria agradecida cada vez que disfrutamos de tantos, tan diversos y hermosos legados como han dejado las generaciones que nos han precedido en santidad, en verdad y en belleza. Tres expresiones con las que la Iglesia se manifiesta siempre. Eso sólo se ha podido hacer con identidad y con amor, que son las actitudes con las que se pueden superar las dificultades con las que cada generación se va encontrando.

Ahora nos toca a nosotros realizar el presente y construir el futuro. Lo estamos haciendo, seguramente con algunos errores, pero con mucha pasión y, sobre todo, con mucho sentido misionero. Poquito a poco estamos creciendo en sentido de Iglesia diocesana; somos conscientes de que  sólo así se puede construir una Iglesia en salida, una Iglesia bien situada en el presente de este mundo, del que nuestra sociedad jiennense forma parte con sus luces y sus sombras.

En la responsabilidad que me toca, la de ser vuestro obispo y pastor, os pido a todos que no ignoréis el “contigo” de nuestro lema. Aunque algo te duela y te moleste; aunque no veas del todo claro el rostro de Cristo en lo que somos y hacemos, ama a tu Iglesia diocesana también en sus arrugas, en su pobreza o en su torpeza. Todo lo que es humano, aunque esté enriquecido por el amor y la gracia de Dios, muestra sus deficiencias; y no por eso hay que dejar de sentirse parte de la Iglesia. Es más, el reto es siempre mejorarla desde dentro, con nuestra aportación. El todo de la Iglesia necesita de cada uno de nosotros, ¡ayúdala, ayúdate! Eres necesario en el presente y para el futuro. Seguid haciendo lo que hacéis, pues en las estadísticas de generosidad entre las diócesis no nos gana nadie. TU IGLESIA DIOCESANA DE JAÉN CUENTA CONTIGO.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
                                                                 Obispo de Jaén

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