Más de 500 peregrinos jienenses participarán en la Beatificación del Año de la Fe

4 octubre de 2013
     La diócesis de Jaén se prepara para participar  en la Beatificación del Año de la Fe que tendrá lugar, en Tarragona, a las 12 de la mañana del domingo 13 de octubre de 2013. En esta celebración serán beatificados 522 mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España. Más de 500 peregrinos jienenses y 25 sacerdotes junto con el Sr. Obispo, D. Ramón del Hoyo, participarán en este acontecimiento tan importante para la Iglesia española y para nuestra diócesis de Jaén. Entre los 522 mártires estarán siete cristianos que formaban parte de la Iglesia de Jaén en el año 1936. Encabeza la lista de los próximos beatos de la Iglesia diocesana de Jaén su Pastor, el Obispo de entonces, Mons. Manuel Basulto Jiménez; tres sacerdotes, D. Félix Pérez Portela, D. Francisco Solís Pedrajas y D. Francisco López Navarrete; una religiosa del Instituto Calasancio, sor Victoria Valverde González, y dos jóvenes, un seminarista y el otro de Acción Católica: Manuel Aranda Espejo y José María Poyatos Ruiz.

 
     ¿Qué se celebra? 
      La beatificación de 522 mártires, de los muchos miles que dieron su vida por amor a Jesucristo en España durante la persecución religiosa de los años treinta del pasado siglo XX. Fue un siglo en el que también fueron perseguidos muchos otros cristianos en distintas partes del mundo. Al final del segundo milenio –decía Juan Pablo II- la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires. 
 
     ¿Qué significa para la Iglesia y para la sociedad? 
     La beatificación contribuirá a que no se olvide el “gran signo de esperanza” que constituye el testimonio de los mártires. Son precisamente sus testimonios los que se convierten en un nuevo estímulo para la renovación de la vida cristiana. 
La inmensa reserva de testimonio de fe viva y de perdón heroico que hay acumulado en todos ellos no dejará de dar frutos de justicia y de paz. Los mártires, que murieron perdonando, son el mejor aliento para que todos fomentemos el espíritu de reconciliación. 
 
     ¿En qué contexto se enmarca esta Beatificación? 
     El Plan Pastoral de la CEE recoge como una de las grandes acciones, inscritas en el Año de la Fe, la beatificación de mártires del siglo XX en España. En el Plan se recuerdan las Palabras del Papa Benedicto XVI cuando, precisamente al convocar el Año de la Fe, señaló que «por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón a sus perseguidores». 
 
     ¿Cuándo se determinó la fecha y el lugar de esta celebración? 
     En la C Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (19-23 de noviembre de 2012). 
 
     ¿Por qué se escogió Tarragona? 
     La Iglesia de Tarragona posee una gran tradición martirial que se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Mártir fue San Pablo, quien difundió el mensaje de la Buena Nueva desde la ciudad; mártires fueron los santos protectores de la misma, Tecla y Magín; sin embargo, son los santos Mártires Fructuoso, obispo, y San Augurio y San Eulogio, diáconos, quienes abren y marcan la tradición local. Por otro lado, más de una tercera parte de los futuros nuevos beatos pertenece a la Causa de Tarragona. 
 
     ¿Quién organiza la ceremonia de beatificación? 
     La Secretaría General de la Conferencia Episcopal Española a través de la Oficina para las Causas de los Santos, con la colaboración de la diócesis anfitriona. 
 
     ¿Quién es un mártir? 
     En la tradición cristiana se ha considerado que un «mártir» era una persona que moría por su fe religiosa, y en muchos casos era torturada hasta la muerte. En ocasiones asimilamos «mártir» a los mártires cristianos de los tres primeros siglos, quienes fueron asesinados por sus convicciones religiosas. Sin embargo, ha habido más mártires cristianos en el siglo XX que en el conjunto de los diecinueve siglos anteriores. En pleno siglo XXI continúan las persecuciones religiosas en muchos países, la mayoría con los cristianos como víctimas. 
 
     ¿Por qué la denominación de «mártires del siglo XX»? 
     Pensamos que debe utilizarse la denominación de “mártires del siglo XX” y no “mártires de la Guerra Civil”: 
     – porque algunos de ellos fueron martirizados antes de la guerra, por ejemplo en el año 1934 
     – porque así se evita el equívoco de pensar que se trata de caídos en el frente bélico o asesinados por otras razones relacionadas con la guerra, no directamente tocantes a la fe; se trata de mártires de la fe y no de caídos en la batalla o de víctimas de diversas venganzas. 
     – porque la expresión “mártires del siglo XX” evoca la gran persecución sufrida por los cristianos de diversas confesiones en ese siglo, en todo el mundo, y en particular en Europa. La persecución sufrida por la Iglesia en España no puede entenderse fuera de ese contexto universal y europeo. 
 
     ¿Qué es un «beato»? 
     En la Iglesia católica, un beato (abreviado como B. o Bto/ta) es un fiel cristiano, que ha vivido de modo eximio el seguimiento de Jesucristo y, después de su muerte, ha visto reconocida oficialmente por la Iglesia la santidad de su vida. El beato es propuesto a los fieles como ejemplo y como intercesor, y podría ser luego canonizado con una declaración infalible del Magisterio de la Iglesia. 
 
     ¿Cómo se llega a beato? 
     Para la beatificación de un mártir es suficiente la declaración oficial de su martirio por parte de la Iglesia, por ello no se requiere ni el proceso de virtudes heroicas ni tampoco el milagro, que, en cambio, se exige para la beatificación de una persona fallecida por causas naturales. 
 
     ¿Cómo se determina esa beatitud? 
     Si el proceso se desarrolla por la vía de martirio, la duda sobre la que se establece el proceso es si el fiel sufrió martirio por su fe.     Por eso es necesario recoger pruebas irrefutables sobre la disponibilidad al martirio -como derramamiento de la sangre- y sobre su aceptación por parte de la víctima; pero también es necesario que aflore directa o indirectamente, aunque siempre de modo moralmente cierto, el odio objetivo a la fe por parte del perseguidor. 
 
     ¿Quién puede abrir un proceso de beatificación? 
     El Obispo de la diócesis a la que hubiere pertenecido el mártir. 
 
     ¿Cuáles son las fases de un proceso o causa?  
     Primero está la fase probatoria, es decir, la averiguación o prueba que jurídicamente se hace de algo, en ese caso de las circunstancias que rodearon todo lo relativo al martirio y al mártir. Una vez terminada la fase probatoria, se redacta un documento en el que se examinan los datos recogidos (la llamada positio) y se envían todas las actas a la Congregación para las Causas de los Santos. 
 
     ¿Quién es competente para proseguir la causa? 
     En la Santa Sede es competente la Congregación para las Causas de los Santos. Dentro de la Congregación, existe un Colegio de Relatores. Su función es recibir las causas que llegan e impulsarlas, de acuerdo con las normas de la propia Congregación y con el máximo rigor. Una vez recibida la causa, se asigna a uno de los Relatores, quien prepara la ponencia sobre el martirio del Siervo de Dios, que así será llamado en adelante el presunto mártir. La ponencia sobre sobre el martirio se presenta a la Comisión de Teólogos, los cuales emiten su voto. Si éste es favorable, se entrega a los Cardenales y Obispos miembros de la Congregación.
 
     ¿Cuál es el paso siguiente? 
     Si la causa de beatificación se sigue por vía de martirio, no se procede a la declaración de Venerable. Como se ha dicho anteriormente, para la beatificación de los mártires no es necesario el proceso del milagro. Una vez aprobada la ponencia por los dos grupos -Comisión de Teólogos y Congregación de Cardenales y Obispos- se presenta al Santo Padre, el cual, si lo estima conveniente, procederá a promulgar el Decreto por el que se aprueba el martirio del Siervo de Dios, y ordenará su beatificación. 
 
    ¿Cuánto tiempo tarda una causa de beatificación? 
     Una causa de beatificación es, por lo general, un procedimiento largo y complejo. Hay que contrastar muchos testimonios, pruebas, etc., puesto que se trata de algo muy serio y que, conforme a derecho, debe llevarse a cabo con el máximo rigor.
 
 

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