Fiesta de San Juan Evangelista en Mancha Real

28 diciembre de 2021

Nuestra villa de Mancha Real, desde sus inicios, allá por el siglo XVI, quedó bajo la advocación y protección de San Juan Evangelista.

Primeramente recordando su pretendido martirio en Roma, ante la puerta latina, como representaba el retablo mayor de este templo hasta su destrucción en la Guerra Civil y que podréis contemplar en la exposición fotográfica organizada por la ULCO y  que vamos a inaugurar dentro de unos momentos.

El suceso de su martirio debió ocurrir el año 95, cuando San Juan era el único superviviente del colegio apostólico, y, aunque anciano venerable, gozaba de excelente salud, hasta el punto de dar pie a que circulara entre la primitiva comunidad cristiana la leyenda de que no habría de morir. El emperador Domiciano fue el instrumento de Dios para hacerle beber el cáliz de la pasión que el Maestro le predijera. No se pudo consumar el sacrificio porque por mucha lumbre que encendieron, el caldero de aceite nunca hirvió y todo lo contrario, hacía resplandecer y rejuvenecer cada vez más a Juan.

En segundo lugar, recordando al Evangelista, tal como lo representa el relieve de la puerta principal del templo, obra arquitectónica de Juan de Aranda Salazar, Maestro Mayor de la Catedral de Jaén a partir de 1639.

San Juan Evangelista, hermano de Santiago el Mayor, conocidos como los hermanos zebedeos que junto a su padre, se dedicaban a la pesca con sus barcas y sus artes.

En una vida sencilla, honrada, trabajadora, modesta, junto al lago de Galilea, un día cualquiera de labor, de sudor y trabajo, al terminar la faena y estar repasando las redes en la orilla, fueron llamados suavemente por el Verbo encarnado, por la Palabra de Dios hecha carne: Ven y sígueme.

Al momento, ellos dejaron las redes, dejaron a Zebedo su padre, y se marcharon para siempre en pos de Cristo.

La vocación no es otra cosa que esto, sentirse llamado por el Señor, no aferrarse a los proyectos y planes propios de vida y seguir a Jesús sin condiciones, confiando plenamente en Él, sabiendo que quien ha llamado, luego no abandona, ni huye.

Juan se convertiría, así, en el Apóstol más joven de todos, con diferencia, frente a los otros 11 apóstoles, hombres rudos y maduros. Quizás por eso, Jesús lo consideraba el discípulo amado y quizás por esa juventud inconsciente no huyo en la pasión, no dejó solo al maestro y estuvo junto a María al pie de la Cruz y como hemos escuchado esta tarde, corría más que Pedro.

En la fiesta de nuestro titular y protector de la primera comunidad cristiana constituida en nuestra villa de Mancha Real, en el día de nuestra parroquia, qué aprendemos de San Juan.

  • A seguir a Cristo en nuestra vida de cada día, en nuestra labor, en nuestro quehacer, en nuestro contexto. Dios no nos saca del mundo y nos aísla. Desde dentro, como la levadura en la masa, como la sal, como la luz. Transformar nuestra vida primero y luego el mundo, desde el encuentro con Cristo, desde la llamada de Cristo.
  • Nunca solos, siempre en comunidad. Juan marchó con su hermano Santiago y luego se unieron otros diez más y luego muchos discípulos y seguidores de Cristo. Siempre en comunidad, siempre compartiendo, siempre haciendo comunidad, nunca solos.
  • Aprendiendo siempre del Maestro, porque nosotros somos discípulos y no somos ni iguales ni mucho menos más que el Maestro. Con humildad, con amor a Dios, confiando plenamente en él y recostándonos sobre su pecho, que es símbolo de su divino Corazón y de sus Amor misericordioso.
  • En los momentos de gloria, esplendor, admiración y asombro. Pero también en los momentos de pasión, dolor y cruz. Sin huir, sin temer, sin escandalizarnos.
  • Con amor a la Santísima Virgen, porque al pie de la cruz se nos fue dada como Madre en la persona de Juan Evangelista: Ahí tienes a tu madre, ahí tienes a tu hijo.
  • Corriendo siempre hacia Cristo Resucitado para ser testigos de la Palabra, del Verbo hecho carne que habitó entre nosotros. San Juan Evangelista se convierte así con sus Evangelio, con sus Cartas, con el Apocalipsis en testigo de la Verdad, de la Vida, de la Luz, del Verbo, porque vivió, vio, creyó, experimentó. Un testigo no de memoria, de lecciones magistrales aprendidas, sino de una vida intensa y amorosa con Cristo, por Cristo y para Cristo.

Estas notas del Evangelista podemos aplicarlas a nuestra vida personal pero también a nuestra vida parroquial, más aun en este momento de Sinodalidad en la Iglesia que nos pide a todos los cristianos:

«Caminando juntos  y  juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión.»

Un Sínodo que comenzó el 9 de octubre bajo el lema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”

Como pastor vuestro, que camino con vosotros y en medio de vosotros, así sueño, quiero y deseo a la parroquia de San Juan Evangelista.

  • Una parroquia unida en todos sus miembros. Una comunión de fe, de vida, de esperanza y de amor en Cristo Jesús.
  • Una Parroquia donde todos participemos según los carismas y dones que Dios nos haya otorgado, sin pereza, sin miedo, sin desganas, sin escaparate ni hipocresías. Donde los distintos grupos sean creativos, intrépidos, atrevidos, entregados y se conozcan y ayuden mutuamente.
  • Una Parroquia abierta a la misión de la Iglesia Universal, de la Iglesia Diocesana, de las necesidades de nuestro pueblo de Mancha Real. Abierta a la misión de Cristo expresada en el Evangelio: Id al mundo entero, anunciar el Evangelio. Y como nos pide el Papa Francisco, especialmente a las periferias.

Nuestra parroquia cumplió el 6 de mayo de este año 482 años de vida, nació a la vez que la Villa de Mancha Real, un 6 de mayo, en plena primavera, en plena Pascua.

Pido al Señor por intercesión de San Juan Evangelista, de la Santísima Virgen María que tanto y tan bien cuidó el Evangelista en Éfeso, de San José Esposo de la Virgen, de nuestro Párroco e intercesor Beato Francisco Solís, por nuestra Villa de Mancha Real, por esta comunidad madre y por la comunidad hermana de la Encarnación, para que entre nosotros vuelva a resurgir una nueva Pascua, una nueva Primavera cristiana.

Estos últimos años de virus para algunos, de excusavirus para otros, de miedos y recelos, han apagado mucha vitalidad en grupos y personas, en familias y en particulares.

Pido al Señor que despertemos, que avivemos nuestras lámparas con el aceite de la Fe. Que volvamos a la Eucaristía, a la oración, que volvamos a tener ganas de implicarnos, de servir, de entregarnos, de participar. Que tengamos ganas de contagiar de espíritu cristiano todo, como lo hicimos cuando la misión popular diocesana, como lo hicimos cuando organizamos la feria de la Fe.

Pido una nueva juventud joánica para nuestras parroquias, para nuestro quehacer cristiano y pastoral que nos haga correr como el apóstol al encuentro de Cristo vivo y resucitado, a todas las realidades actuales que están necesitadas de la Buena Nueva de la Salvación.

Lo pedimos en esta tarde dentro de la Octava de Navidad y en la Fiesta de nuestro titular.

Que así sea.

Mariano Cabeza Peralta
Párroco de San Juan Evangelista de Mancha Real

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