Cuatro seminaristas, instituidos como ministros al servicio de la Palabra y del Altar

23 octubre de 2023

Guillermo Ballesteros, José Extremera, Jesús Marchal y Fernando Ruano fueron instituidos, por el Obispo de Jaén, con los ministerios de Lector y de Acólito, respectivamente, bajo la atenta mirada de sus familias y de sus comunidades parroquiales.

En el domingo del DOMUND, cuatro seminaristas han dado un paso más en su recorrido vocacional, el que los llevará a configurarse con Cristo Buen Pastor, como sacerdotes.

La Catedral de Jaén acogió la celebración eucarística, presidida por el Obispo, Don Sebastián y concelebrada por una veintena de sacerdotes, en las que además de los formadores y párrocos de los aspirantes, se encontraban también miembros del Cabildo y algunos presbíteros que a lo largo del tiempo han participado en su proceso vocacional.

Las comunidades parroquiales de Villacarrillo, Martos y Arjonilla también quisieron hacerse presentes y arropar a estos jóvenes que siguen las huellas del Maestro en su camino hacia el sacerdocio ministerial.

Las lecturas estuvieron participadas por amigos y familiares de los seminaristas y el diácono permanente, D. Jesús Beltrán fue el encargado de proclamar el Evangelio de este domingo, vigésimo noveno del tiempo ordinario. Las preciosas voces de la Escolanía de la Catedral, que dirige Cristina García de la Torre, acompañó la celebración eucarística.

Antes de que el Obispo predicara su homilía, el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, presentó ante el Prelado jiennense a los aspirantes a los ministerios de Lector y Acólito, quienes se presentaron hasta los pies de la Cátedra.

Homilía

Monseñor Chico Martínez comenzó sus palabras resaltando lo que en ese domingo del DOMUND nos reunía alrededor del altar: “Queridos hermanos, vamos a vivir esta tarde, un momento de especial significado en la vida de nuestra comunidad diocesana, pues vamos a celebrar la Institución del lectorado y del acolitado de estos jóvenes seminaristas: Guillermo, José, Jesús y Fernando que se preparan para, en un futuro próximo, recibir el Orden Sagrado. Este acto marca un paso importante en el camino de su formación para responder a la llamada que Dios les ha hecho para servir a la Iglesia como ministros de la Palabra y del Altar”.

Para, a continuación, llevar al ámbito de lo cotidiano la Palabra proclamada. En este sentido, Don Sebastián afirmó: “el Evangelio y su contenido, así como sus representantes: el Papa, los obispos, los sacerdotes y los cristianos en general, como que deben limitarse a los templos y sacristías, y dejar, la calle, la vida, la economía y el trabajo, la ciencia y la cultura, la paz y la guerra, la injusticia y la pobreza… a la competencia exclusiva de los políticos, gobernantes y científicos. Luego, según esto ¿dónde quedaría la consigna de Cristo: “Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a todos los pueblos”? La solución que da Jesús no contrapone el Cesar a Dios, lo temporal a lo espiritual, lo político a lo religioso, la autoridad civil al reino de Dios, sino que, reconociendo la autoridad de lo terreno y del poder civil, establece una jerarquía donde Dios está por encima del César”, aseveró el Obispo jiennense.

Después, y dirigiéndose de manera directa y por sus nombres a los cuatro seminaristas, quiso reflexionar junto a ellos lo que significaba este ministerio que iban a recibir. En este sentido, explicó a los aspirantes al Lectorado: “El lector instituido, es llamado a proclamar la Palabra de Dios, a ser heraldo de la Buena Nueva en el mundo y a transmitir las enseñanzas sagradas con claridad y convicción. Por tanto, el lectorado es un servicio sagrado que nos recuerda la importancia de la Palabra de Dios en nuestras vidas. En la Escritura, encontramos guía, consuelo y sabiduría divina. Como lectores, Guillermo, Jose y Jesús, os convertís en mensajeros de estas verdades, un instrumento a través del cual Dios se comunica con su pueblo. Recordad que la lectura de las Escrituras no es simplemente una tarea técnica, sino un acto de fe y devoción. No solo leeréis las palabras escritas en la Biblia, sino que también tenéis que vivirlas, comprenderlas y compartirlas con amor y humildad. Como dice San Pablo en su carta a Timoteo: «Guillermo, Jose, Jesús, que la Palabra de Dios resida en tu corazón y en tus labios para que puedas proclamarla con convicción».

Y más tarde, dirigiéndose a Fernando Ruano, expresó: “El acolitado es un ministerio antiguo y sagrado que tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia. Fernando, has sido elegido para asumir este ministerio porque has demostrado un compromiso profundo con tu fe y un deseo sincero de servir a la comunidad, en tu preparación para el sacerdocio. Damos gracias a Dios por tu llamada y pedimos para que seas fiel a esta responsabilidad. Recuerda siempre que el servicio en la Iglesia es una llamada a imitar a Jesús, quien vino «no para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). En la liturgia, tu servicio, nos ha de recordar la presencia de Cristo en la Eucaristía, y al hacerlo, nos animarás a acercarnos al altar con corazones llenos de gratitud y adoración. Y, también, nos invitaras a reflexionar sobre nuestra propia llamada al servicio de nuestros hermanos. Pues, todos estamos llamados a servir a los demás, a ser portadores de la luz de Cristo en el mundo, y a imitarte en tu ejemplo de humildad y dedicación”.

Para concluir su predicación, en el domingo del DOMUND, quiso tener presentes a los misioneros jiennenses repartidos por el mundo y de manera particular los que enviados por la Iglesia de Jaén, anuncian la “Buena Noticia” en Ecuador: el sacerdote, D. Luis Fernando Criado; el matrimonio formado por Ana Cruz y Antonio García y la laica Carina Fernández: “Pedimos también en esta Eucaristía, en esta Jornada Mundial por las Misiones, para que tengamos un corazón misionero y por todas aquellas personas que valientemente han dejado sus comodidades, sus propias fronteras y sus seguridades, para remar mar adentro, y llevar el Evangelio a todos los hombres, mostrando el rostro de Dios a aquellos que aún no lo conocen”.

Rito de la institución de Acólito y Lector

Antes de la liturgia eucarística, tuvo lugar la institución de los nuevos ministerios. Primero, los tres aspirantes a lectores: Guillermo Ballesteros, José Extremera, Jesús Marchal se postraron ante el Obispo, situado delante de la mesa del altar, para recibir su bendición. A continuación, uno a uno, recibieron de manos del Obispo el Evangeliario mientras el Prelado decía: Recibe el libro de la Sagrada Escritura y transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea cada día más viva y eficaz en el corazón de los hombres. Recibiendo un contundente Amén de los aspirantes y sellando con un beso sobre la Palabra de Dios este nuevo compromiso que adquieren.

El acólito recibió de manos de Don Sebastián la patena con el pan que después iba a ser consagrado, mientras el Obispo pronunciaba: Recibe esta patena con el pan para la celebración de la Eucaristía, y vive de tal forma que seas digno de servir la mesa del Señor y de la Iglesia. Emocionado, Fernando Ruano, pronunció Amén y besó la patena.

Con el acolitado, el seminarista, a partir de ahora, se le otorga la función de servir el altar, dar la Sagrada Comunión, y la de exponer el Santísimo Sacramento, entre otras funciones.

Fueron los padres de los seminaristas los encargados de llevar hasta el altar las ofrendas. Junto al Pan y el Vino, ofrecieron los sobres del DOMUND, con lo que significar que la Iglesia de Jaén es misionera y quiere seguir anunciando la presencia de Dios en el mundo.

Después de ayudar en el servicio del altar, junto con el diácono permanente, el Obispo volvió a entregar la patena, en este caso ya consagrada, a Fernando Ruano para que fuera él quien diera la comunión. Los primeros en acercarse fueron sus padres y familiares, así como el resto de los congregados que recibieron la comunión de sus manos.

Al finalizar la celebración los recién instituidos ministros se hicieron una foto de familia.

Galería fotográfica: «Ministerios acolitado y lector: Guillermo Ballesteros, José Extremera, Jesús Marchal y Fernando Ruano» .

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