Vocaciones Nativas, señal de esperanza

24 abril de 2013

La celebración de la Jornada anual de Vocaciones Nativas, promovida por el Secretariado de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol –una de las Obras Misionales Pontificias–, es una ocasión para volver la mirada, con admiración y agradecimiento, a las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada que Dios hace brotar en los territorios de misión. Esta iniciativa de Juana Bigard, que surgió en el año 1889, ha suscitado en la Iglesia universal el compromiso de ayudar a seminaristas y novicios, tanto en su formación, como mediante el equipamiento de seminarios y noviciados. Así lo manifestaba el beato Juan Pablo II con ocasión del centenario de esta Obra: “¡Qué bellas páginas de la historia de la Iglesia han escrito en los diversos continentes los socios de la Obra de San Pedro Apóstol! ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas han tenido, gracias a esta Obra, la alegría de seguir su vocación!” (…).

     “Vocaciones nativas, señal de esperanza”: este es el lema que la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificias propone a la Iglesia en España para vivir esta Jornada en el último domingo de abril, como establece la Conferencia Episcopal Española. El lema se inspira en el Mensaje de Benedicto XVI para la L Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que gira en torno al tema “Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la fe”. La celebración, por tanto, está en continuidad con la oración perseverante por las vocaciones vivida el domingo anterior. A su vez, la contemplación de tantas vocaciones en los territorios de misión es argumento para fortalecer la esperanza de que Dios continúa llamando en los lugares más insospechados. Desde esta visión, se ha de vencer la tentación del desaliento, para dar paso a la oración de gratitud. 
     Asomarse a los territorios de misión y contemplar la floración de estas vocaciones es, sí, un motivo de agradecimiento y esperanza. Dios sigue suscitando vocaciones en su Pueblo. Importa menos que estas broten de un sitio o de otro; lo que realmente vale es que Dios no ha abandonado a su Iglesia y mantiene las promesas de su alianza. En efecto, en estos ámbitos geográficos donde es más visible que “la misión está aún en sus comienzos”, hay muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Este hecho se transforma en “señal de esperanza” (…)
      El proceso de discernimiento y formación de estas posibles vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada es largo y muy laborioso. Los obispos han de contar con personas preparadas y capacitadas para el acompañamiento de estos jóvenes. Sin duda, este es el principal reto de una Iglesia particular: tener los recursos humanos necesarios para la formación de quienes más tarde han de ser los principales colaboradores del pastor de la diócesis. Es verdad que algunos de ellos tienen la posibilidad de vivir esta formación en otros países con mayores recursos espirituales y académicos, pero en su mayoría han de permanecer en el país de origen, y es bueno que su formación se fragüe en estos ámbitos donde van a trabajar.
     A esta escasez de medios humanos se suma la carencia de recursos económicos para el sostenimiento de estos jóvenes y el mantenimiento de los edificios donde reciben la formación. Juan Pablo II, en la carta que escribió con motivo del primer centenario de esta Obra Pontificia, decía: “El crecimiento del clero autóctono podría detenerse a causa de la insuficiencia de los recursos disponibles. Según el testimonio de numerosos obispos de los países de misión, más de una diócesis hoy día correría el peligro de ver reducida su esperanza de contar con un clero autóctono, si no gozara de la ayuda aportada por la Obra de San Pedro Apóstol. No cerremos nuestro corazón: ¡lo que hemos recibido de su bondad, démoslo también nosotros con alegría!”.
     En nombre de tantas vocaciones que, con nuestra ayuda, pueden culminar sus procesos de formación y discernimiento vocacional, Obras Misionales Pontificias quiere hacer llegar su gratitud a los miles de cristianos anónimos que aportan sus donativos para estos seminarios y noviciados. Uno de los medios que proponemos, a modo orientativo, son las “Becas” que una persona física o jurídica puede pagar para ayudar a estos seminaristas o novicios. Sirva como indicador del fruto de estas limosnas el testimonio de quien ahora es vicario general de la Archidiócesis de Lagos (Nigeria), Mons. Bernard Ayo Okodua: “Si no hubiera existido la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, no habría sido sacerdote. Gracias a ella, el seminario pudo financiar mis estudios”.
D. Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP
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