Los novios de Villargordo celebran los cursillos prematrimoniales en el Santuario de la Virgen de la Cabeza

El fin de semana del 5 al 7 de abril, 9 parejas de la parroquia de Villargordo, que hemos decidido contraer matrimonio este año 2019, celebramos los cursillos prematrimoniales, en el  Santuario de la Virgen de la Cabeza. Estuviemos acompañados, además, de  3 matrimonios y nuestro párroco, D. Germán Aguilera.  .

Nos reuníamos el viernes por la tarde, unos pocos, en la plaza de la iglesia, para salir juntos y ya ahí se notaba un cierto nerviosismo en la preguntas, en los saludos y en las caras, ante la incertidumbre de qué nos íbamos a encontrar, qué nos teníamos que llevar y quién venía finalmente.

En el camino hicimos una escala para reconcentrarnos e ir conociéndonos y, finalmente, llegamos sobre las 8 de la tarde al Santuario. Parece que  ver a  la Virgen sirvió de bálsamo. Nos adjudicaron las habitaciones. Ya había llegado una pareja venida expresamente desde Madrid (que tiene mérito) y otra desde Ávila (que también es de agradecer). Y poco a poco se iba conformando el grupo.

A los pocos minutos, nos instalamos donde iba a ser el “centro de provisión”.  Preparamos las mesas y empezamos a sacar lo que cada pareja quería compartir con los demás: víveres para un mes, comida para un regimiento… empieza el “finde». Ya se nota más relajación. La primera visita al camarín de la Virgen, la primera oración y enseguida la cena. Todavía hay reparo entre nosotros, bromas nerviosas de lo que vamos a cenar, algunas risas, más producto de los nervios que de lo que se dice.

Bajamos al “centro de provisión» y empezamos a prepararnos para ver una película: “prueba de fuego». Un tema apropiado para el fin que nos reúne y que nos servirá de referencia en todas las sesiones. Caras de cansancio, de sueño, que se van disipando en la medida que la película avanza, silencio absoluto, pequeños murmullos, comentarios del párroco para entrar en el tema  y la película que avanza y va desarrollando lo que es la vida de un matrimonio joven: convivencia, trabajo y dificultad en la conciliación familiar.

Acaba la película, ya es tarde y el sueño y el cansancio hace mella, pero, antes de irnos a descansar, volvemos al camarín, a ver a la Virgen. Solo nosotros, de madrugada, en silencio, solo con nuestras peticiones y nuestras preocupaciones, la intimidad personal a solas con la Virgen y cada uno piensa si ha merecido la pena o no. Las caras son distintas, más cercanas, más abiertas, ya no hay reservas, todos somos cercanos.

Y llega el sábado. A las 8 de la mañana nos vemos en recepción, pero no paseamos como estaba previsto, porque el tiempo no acompaña. Desayunamos y volvemos al “centro de provisión”, mientras, han llegado las dos parejas que faltaban y empiezan los temas: Amar, el diálogo en la pareja, la familia…y va pasando el tiempo y la conversación es fluida, la participación es continua, y ya es algo de todos.

Cuando llega la noche, después de cenar, nos reunimos en la basílica, alrededor del altar mayor, y hablamos del sacramento de la penitencia, del examen de conciencia… y, con la colaboración de dos sacerdotes más del Santuario, nos confesamos. De nuevo pasamos por el camarín de la Virgen y le damos las buenas noches con la reflexión personal de cada uno. Finalmente, nos dirigimos al “centro de actuación” donde continúa la convivencia, el diálogo…

El domingo, a las 8.30h, nos reunimos en la basílica, para subir al camarín y hablar del rosario y rezarlo. Antes se nos entrega a cada uno un rosario como recuerdo del momento. Luego continuamos con los temas del libro que nos ha servido de guía y finalizamos con “la crisis en el matrimonio”. Las crisis son normales en la pareja, pero no deben suponer un problema, sino una  oportunidad para fortalecer la relación. Hay que combatirlas con diálogo y con amor.

Después de recoger, comenzamos a ver a familiares y amigos que han venido a acompañarnos y se empiezan a remover los sentimientos. Nos empezamos a poner sensibles y las lágrimas se hacen fáciles. Lo que el viernes nos parecía un “problema”, ahora sentimos que se acabe. Les damos las gracias a todos: por todo y por nada. Nos damos abrazos, los que antes no nos conocíamos, ahora parecemos ser familia y de la cercana… alguien ha removido nuestro interior.

Posteriormente, en la basílica, nos ubicamos alrededor del altar mayor y celebramos la Eucaristía de una manera especial, cercana, pensando en el “finde” vivido. Algunos decimos que algo ha cambiado en nosotros, que nos hemos fortalecido, que hemos hablado mucho y que las palabras más oídas han sido Dios, amor, dialogo, oración, ayuda… y en un momento se nos da algo, un regalo que nos hace lagrimear a todos.

Tras la misa, hay fotos, felicitaciones, abrazos y sigue la convivencia en la casa de la Cofradía, con amigos y familia.  Lo que había empezado con reservas, resulta haber sido una experiencia única.

Vivir este fin de semana no ha sido un trámite, ha sido una alegría, que a muchos nos gustaría repetir con más frecuencia.

Gracias a quien lo ha hecho posible.

Parroquia de Villargordo

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