El pregón abre en la Diócesis la semana del DOMUND

El próximo domingo, la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial de Oración por las Misiones. Desde la Delegación Episcopal de Misiones, como cada año se ponen en marcha distintas iniciativas en este mes misionero por antonomasia. Entre otras, el pregón del Domund.

Éste año el lugar elegido ha sido la Parroquia de San Francisco de Linares y el encargado de hacerlo el sacerdote y Arcipreste de Úbeda, D. Antonio Vela.

Presentado por el Delegado de Misiones, D. Manuel Alfonso Pérez Galán y arropado por un numeroso grupo de fieles, y D. Antonio Vela desgranó su experiencia vital unida siempre a la vocación sacerdotal y misionera. Comenzó hablando del Beato Lolo, natural de Linares, quien, a pesar de pasar gran parte de su vida en una silla de ruedas, tenía un alma misionera.

A continuación, explicó sus años de misión en Ecuador, en una pequeña aldea, San Rafael de Sharug, a la que llegó en los años 90 y en la que se carecía, entre otras cosas de luz eléctrica. Durante sus años de misión, explicó el ahora Arcipreste, consiguieron que la aldea se convirtiera en parroquia civil, lo que suponía para sus habitantes que pudieran contar con médico, correos, guardería y policía local, entre otros servicios. En este sentido, recordó cómo había podido ver, años después, en su regreso a Ecuador, la transformación de esta aldea.

D. Antonio Vela agradeció durante su intervención su vocación sacerdotal y misionera, a la vez que incidió en la idea de que “estamos llamado a cambiar el mundo desde donde estemos”, así como “a hacer posible el Reino de Dios”.

El Arcipreste de Úbeda concluyó su pregón  proclamando su compromiso y reconociendo que “una sola cosa es importante: el amor”. A la vez que afirmó “reconozco a Dios en las personas, y ese reconocerlo me lleva a amarlas. Amar a los demás es lo que he aprendido y seguir haciendo Y solo con el amor podremos cambiar el mundo”.

Cambia el mundo
La campaña 2018 del Domund lleva por lema “Cambia el mundo”. En su carta de presentación, el recientemente fallecido Director de la OMP, D. Anastasio Gil, explicaba que la Dirección Nacional de las Obras Misionales Pontificias en España ha propuesto, en efecto, como lema para el Domund 2018, “Cambia el mundo”. La apuesta es audaz y atrevida. Produce una cierta sonrisa de incredulidad. Sin embargo, no es otra cosa que lo que hace la Iglesia desde su nacimiento, lo que hacen los misioneros cuando son enviados al mundo, lo que hace cualquier cristiano que se ha tomado en serio el ser discípulo misionero.

El cambio que promueve el Domund nace del corazón donde ha entrado Dios. Desde un corazón que ama se vence el egoísmo, se deja de pensar solo en las necesidades propias y se comienza a pensar en las necesidades de los demás. Se sale, de las cuatro paredes del confort, al mundo sin fronteras. El Señor da fuerza y acompaña a quien emprende este camino, que es el camino del discípulo misionero. “Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el «contagio» del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor”, dice el papa Francisco en su Mensaje para esta Jornada Mundial de las Misiones.

Una mirada a los pueblos evangelizados desde el minuto cero certifica que este cambio es susceptible de llevarse a cabo, porque no se trata de planes que no se puedan abarcar, sino de acciones que se puedan realizar. Por eso, no se puede hablar de la evangelización como algo “teórico”, sino como una transformación real. De hecho, Obras Misionales Pontificias propone a los misioneros como ejemplo de que el cambio en el mundo es posible. Ellos lo provocan con su “vida y obra”; con acciones concretas que han transformado la realidad de pueblos y personas con nombre y apellido. Solo desde esa “proximidad” se va produciendo poco a poco el cambio global.

Y es que el gran cambio que transforma los corazones esclavizados por el individualismo, el espiritualismo, el encerramiento en pequeños mundos, la dependencia, la instalación, la repetición de esquemas ya prefijados, el dogmatismo, la nostalgia, el pesimismo, el refugio en las normas, llega a través de cambios pequeños, es posible y está al alcance de todos: “Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy. Por tanto, pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero «examen de conciencia»” (GE 169).

 

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