El Obispo de Jaén ante los problemas del campo jiennense

Con ocasión de un saluda que ha enviado el Obispo de Jaén a los miembros de las cofradías y hermandades de San Isidro, con motivo del encuentro nacional que se celebrará en Fuerte del Rey el próximo mes de abril, el Prelado jiennense ha querido destacar la labor agrícola como «fundamental para la sociedad y la dignidad de aquellos que se dedican a la agricultura». En su carta, Don Amadeo, ha querido ofrecer su apoyo a las familias dedicadas a la agricultura en un momento tan especialmente difícil para el campo, en general, y para el olivo en particular. El Obispo de Jaén ofrece poner «ante el altar del amor de Dios los problemas y dificultades del campo jiennense y le pide a los participantes en el encuentro que pongan también ellos la ofrenda de su trabajo, sus sacrificios y sus esperanzas”. Sin embargo, es consciente de que la soluciones a los problemas del campo tiene que venir, hoy también, de una justa política agraria.

Se destaca en la carta del Prelado la figura de San Isidro Labrador como un hombre «del campo que se santificó en las tareas agrarias», de ese modo resalta la labor de los agricultores de la que dice que es «un dignísimo e imprescindible menester el de cuidar la tierra para que dé, cada vez con mayor calidad, los frutos que nos alimentan».  Recuerda que el cultivo de la tierra es «fuente de dignidad» que debe ser «respetada, especialmente, con un trato justo que compense tanta dedicación y esfuerzo, que es muy duro y, por desgracia, en muchas ocasiones no siempre es  ni comprendido, ni compensado».

El Obispo de Jaén, recogiendo el espíritu de la encíclica ‘Laudato Si’, del Papa Francisco, recuerda que «el trabajo del campo es un medio de santificación en sí mismo, y lo es especialmente, por estar en contacto con la naturaleza, que siempre es lugar de encuentro con Dios”.

Concluye Don Amadeo su carta poniendo, ante la intercesión de San Isidro y  Santa María de la Cabeza, a tantas familias de nuestra tierra de Jaén, «que viven de precaria economía agraria». Por eso, pone ante este  santo matrimonio rural «aquellos que en nuestros pueblos sufren más el abandono y la injusticia de un trabajo no siempre bien reconocido». Intercede con su oración por la justicia social en el campo; primer eslabón de la cadena de producción que, con tanta frecuencia, es la más olvidada y marginada».

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