Casi un centenar de fieles participan en el retiro de Cuaresma de La Encarnación de Bailén

En torno a un centenar de fieles, junto con uno de su párrocos y con algunas de las hermanas de la comunidad local de las Hijas de la Caridad, se reunieron, la tarde del domingo, primero de Cuaresma en La Encarnación de Bailén para dedicarla a la oración comunitaria y al retiro.

El encuentro ha seguido las pautas del material para el retiro de Cuaresma ofrecido por la Vicaría de Evangelización de la Diócesis: “Retiro en cinco pasos. Pautas para la oración y la reflexión personales y comunitarias en la comunidad cristiana”.

Los cinco pasos desgranados son:

Primer paso: ausencia y presencia
Para poder encontrarnos con Dios hace falta que nos encontremos con nosotros mismos. Y muy frecuentemente huimos de nosotros, de preguntarnos quiénes somos, para qué estamos aquí, qué sentimos y por qué hacemos lo que hacemos.
En encuentro con Cristo acaece en el encuentro con los demás; pero a los demás solo podemos llegar de verdad siendo profundamente nosotros. Haz el intento de mirar para dentro de ti. Repasa tu historia personal y ámala como Dios la ama. Recuerda que ahí, en esa persona contradictoria, pero única que tú eres; en esa persona, ahí es donde tienes que buscar para encontrar a Dios.
La aceptación de la propia condición humana como lugar donde actúa la gracia y el amor de Dios es una actitud típica de la Cuaresma. Y de la vida cristiana.
Si no haces comunión contigo no podrás construir comunión.

Segundo paso: bajada y subida
¡Subir o bajar es algo tan relativo! A veces pensamos que estamos subiendo y lo que pasa es que estamos cabeza abajo y nos da impresión de subir cuando en realidad estamos cayendo en picado. Lo que sí está claro de verdad es que, para Jesús, subir es bajar, y bajar, subir. Y eso solo se puede hacer cuando el Espíritu está con uno.
Recuerda que Cristo, siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer y que, siendo de condición divina, no hizo alarde de ella y pasó por uno de tantos, llegando hasta la muerte de Cruz. Y que, por eso, Dios lo levantó sobre todo.
La convicción de que el sacrificio y la entrega por los otros tienen sentido es típica de la Cuaresma. Y de la vida cristiana.
Sin sacrifico no es posible la comunión.

Tercer paso: sordera y escucha
Algunos están sordos; es una desgracia, se pierden muchos sonidos maravillosos: el canto de los pájaros, el susurro del viento, el murmullo del agua que corre, el más maravilloso instrumento musical que es la voz humana…
Otros se hacen los sordos; no quieren complicarse la vida, son comodones, van a su aire y siempre dicen: «¿A mí que me importa?»
Pero hay alguna gente que escucha y hace todo posible por escuchar, aunque a veces tienen que quitarse la cerilla de los oídos, porque no les deja oír bien. Gente que sabe de las alegrías y penas de otra gente. Gente que ha aprendido a oír a Dios y que sabe hablar con él.
Recuerda que necesitas escuchar a los demás y a Dios para darle contenido a tu vida. Si no, serás una isla, un globo sin aire, un ORNI (objeto revoloteador no identificado).
La escucha es una actitud típica de la Cuaresma. Y de la vida cristiana.
¿Cómo se puede hacer comunión sin escuchar al Otro y a los otros?

Cuarto paso: muerte y vida
Nuestro mundo rebosa progreso, bienestar, libertades y goces. Pero está también marcado por los signos de la muerte. Y del pecado, que es dueño y artífice de la misma.
Cada uno de nosotros está tocado, en lo más profundo de sí mismo, por el dedo del dolor, del pecado y de la muerte. Mira para dentro de ti mismo: recelos, rencor, ira, prepotencia, mentira, injusticia, insolidaridad, individualismo, frivolidad…
Recuerda que Dios siempre saca la salud de lo más profundo de la herida, y que la gracia está en el fondo de la pena. Que su misericordia transforma el mal en bien y la muerte en vida.
La capacidad de descubrir la misericordia de Dios que nos da vida cuando estamos «muertos» es típica de la Cuaresma. Y de la vida cristiana.
Morir para dar vida a los otros: eso es la comunión.

Quinto paso: permanencia y conversión
La conversión es un don y una tarea. Un regalo de Dios y un trabajo del hombre. No es un barnizado de última hora porque nos van a pillar con los pelos alborotados. No es tampoco una limpieza rápida porque viene la suegra y nos va a sorprender con las camas sin hacer. La conversión es un cambio profundo, aunque no nos cambia. Nos hace ser personas nuevas, porque nos transforma de verdad en nosotros mismos, purísimas imágenes de Cristo salidas de la mano creadora de Dios.
Recuerda que no puedes entrar en la Pascua de Cristo si no está convertido. Dice san Pablo que la cruz del Señor es escándalo para los judíos y estupidez para los griegos. Y es que sin conversión no se entiende la cruz ni se puede romper con el pecado.
La conversión es una actitud típica de la cuaresma. Y de la vida cristiana.
Sin conversión no hay comunión.

Afortunadamente, cada vez son las comunidades parroquiales de nuestra Diócesis que se reúnen para hacer experiencia más intensa de oración, especialmente en los tiempos de Adviento y Cuaresma.

 

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