Sacerdotes, “pocos, viejos y cansados”

2 enero de 2024

Es habitual en las conversaciones entre sacerdotes, y especialmente en los últimos años, escuchar, bien sea en tono de sorna como de preocupación, esta frase: “Cada vez somos menos, más viejos y más cansados”. De esta expresión, ya lugar común, se hace eco el sacerdote Antonio Ávila Blanco (Madrid, 1950), en las primeras páginas de su último libro “El cansancio del clero. Un reto para hoy y para el futuro” (Editorial PPC, Madrid, 2023). El autor, sacerdote de la Archidiócesis de Madrid, Licenciado en Piscología, Doctor en Teología, y con larga experiencia ministerial como párroco y como profesor en diversos proyectos e instituciones educativas de la Iglesia, se hace eco en este libro de la tercera de las características, “más cansados”, si bien hace un breve repaso, somero y con afán de contextualizar, de las otras dos características del supuesto perfil actual del sacerdote, la de“ menos” ( crisis vocacional) y la de “más viejos” ( Edad media del clero español superior a los 65 años). En tres grandes bloques, y siguiendo el clásico ver, juzgar y actuar, realiza una aproximación al cansancio de los sacerdotes en la actualidad, especialmente a los sacerdotes españoles.

Sin pretensiones ensayísticas, pero en la órbita de la línea editorial de PPC, especialmente en su Colección” Actualidad”, y como resultado de sus encuentros con los sacerdotes de la Vicaria 8 del Arzobispado de Madrid, el libro presenta un acertado panorama, con lugares comunes unas veces, otras con inteligentes aportaciones y, particularmente, con acertadas contextualizaciones en el actual momento histórico, cultural, religioso y económico. Mira más el libro al evangélico “estáis en el mundo”, y pues no se trata de un manual de teología espiritual, menos al “pero no sois del mundo”. Una coda en este sentido, apelando a las grandes fuentes de la espiritualidad sacerdotal, podría trabajarse por parte de quienes, como lectores, se acerque a este manual sin pretensiones infalibles. Antonio Ávila ha acertado en el tema de interés y en la metodología de este libro en el que se escucha de sonido de fondo el que ya acuñó Terencio, y que fuera recogido al inicio de la Gaudium et Spes, “Hombre soy, y nada humano considero ajeno”. Nada humano, y el cansancio lo es, y mucho, es ajeno al sacerdote de cuanto humano, pues está en el mundo y en él desarrolla su ministerio, y también en los momentos de cansancio en las duras tareas del evangelio. Lo que lo distingue del cansancio de otros profesionales, que especialmente después de la pandemia de la COVI-19, han salido a flote con voces de urgencia (Profesionales de la Sanidad, la Educación, los Servicios sociales, et…) es el timbre del cansancio. Y es a ese timbre al que hay que atender para no perder el tiempo en sutilizas de la psicología conductista

El cansancio en el que se centra esta obra va más allá del cansancio del que el mismo Jesús habla en el evangelio, pues es un cansancio interior, y que afecta a todas las dimensiones del hoy desde la actual dimensión antropológica, hasta la cultural y religiosa. Es un cansancio propio de la modernidad positivista. Tiene raíces distintas.  La sociedad actual viene sufriendo un silencioso cambio de paradigma, un exceso de positividad que está conduciendo a una sociedad del cansancio. El comienzo del siglo XXI, desde el punto de vista patológico no sería ni bacterias ni de virus, sino de neuronas. La depresión, el déficit de atención por la hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el desgaste ocupacional definen el panorama de estos primeros años del milenio. El filósofo y teólogo coreano Byung-Chulhan lo ha explicado de forma lúcida, profunda y concisa en “La sociedad del cansancio” (Herder, 2022)

Puestos a recomendar la lectura de este libro de Antonio Ávila, valgan, a beneficio de inventario, tres razones, desde la óptica de un lector que, como él, como es mi caso, también sacerdote y que, conociendo su manera de pensar y vivir la eclesial desde hace años, ha sentido en su lectura, cierto alivio. Otros han realizado también el intento, si bien con acentos más concretos. Es el caso del obispo Gerald Daucourt en “Sacerdotes rotos” (Sígueme 2023), con textos del profesor Juan José Prisco y Amedeo Cencini, éste último, gran estudioso de la personalidad del sacerdote. En el mismo sentido se han venido escribiendo otras obras como las que, en la plataforma Amazon, ha venido publicando Emilio Lavaniegos, Sacerdote Operario, y responsable de la Residencia “Mosén Sol”, en la diocesis de Castellón, un centro de ayuda integral al sacerdote diocesano y que cuenta con el apoyo de la CEE. Este libro de Ávila se une pues a esta aún escasa bibliografía que promete ser mayor con el paso del tiempo y el agravamiento de las situaciones de cansancio en el clero.

La primera razón para recomendar su lectura es la de encontrar, como en un mural, y a vista general, todos los esfuerzos que la Iglesia ha venido haciendo en favor de la salud del sacerdote, partiendo de la profética Pastores Dabo Vobis, de Juan Pablo II, y sus ya clásicos cuatro aspectos de la personalidad sacerdotal que han de marcar la formación y el desarrollo del ministerio en las sucesivas etapas para ligar armónicamente la madurez humana, espiritual, mental y afectiva en la caridad pastoral. El cuadro lo completan datos sobre ese interés, especialmente destacado en “El don de la vocación presbiteral. Ratio Fundamentalis Instituciones Sacerdotalis” de la Congregación para el Clero en 2016. En esta línea se trabaja actualmente para atender, entre otros aspectos, el del cansancio. También abundan los textos del Papa Francisco sobre el sacerdocio, con especial interés en los discursos y documentos más específicamente dedicados en el clero latinoamericano.

La segunda razón es que ofrece una resumida y acertada contextualización en la explicación del llamado “síndrome del burnout” o “síndrome del desgaste profesional”, un tipo de estrés crónico que sufren los profesionales y voluntarios con tareas que involucran emocionalmente a los que las ejercen porque están constantemente en contacto con los requerimientos de quienes acuden a ellos. Este síndrome, catalogado una desde 1975 por Herbert J. Freundenberger, si bien puede contemplar a los ministros consagrados, no llega calar del todo en la hondura de ese cansancio, calificado por otros autores con más severidad pues incluye una ruptura de la raíz que motiva la tarea evangelizadora y que se mueve en los terrenos de la fe.

Y la tercera para su lectura tiene que ver con las propuestas. Es un libro abierto y que puede servir en grupos sacerdotales para el diálogo y la puerta en marcha de proyectos encaminados a hacer frente personal y común al lacerante cansancio. Son muchas y variadas las propuestas que se adivinan en el libro. De ahí su interés practico cuando, en muchos casos, las reuniones sacerdotales suelen agotarse con temas que tienen que ver solo con la agenda de actividades conjuntas, con algún que otro retiro, pero que no logran echar el ancla y detenerse a conversar sobre las experiencias tan humanas como las del cansancio. En este sentido, y vistas las sugerencias, menos de las que creo podría haber aportado por su experiencia el autor, anoto la que hace el citado filosofo coreano, insistiendo en la necesidad del llamado “cansancio curativo”, cansancio que no resulta de un desarme desenfrenado, sino de un amable desarme del yo.

Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista

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