Homilía del Sr. Obispo en la apertura del nuevo curso de los Seminarios y Centros de Estudios

HomilíaSaludos…

1. Ilmos. Sres. Vicario General y Vicarios Episcopales, Rectores de los Seminarios diocesanos, Claustro de Profesores, Director del Centro de Estudios… Seminaristas, Religiosas, fieles que os unís a este acto.

Comenzamos, un años más, esta nueva andadura académica, un nuevo curso, y lo hacemos con la celebración de la Eucaristía, al tiempo que solicitamos la ayuda del Espíritu Santo.

2. El marco del presente curso no puede ser más sugestivo y esperanzador:

– Mañana se abrirán en Roma los trabajos del Nuevo Sínodo de los Obispos, bajo el título: “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. Tratarán los Padres sinodales de “encontrar soluciones concretas, en palabras del Santo Padre, a tantas dificultades y a los innumerables desafíos que las familias tienen que afrontar” (Discurso en la conclusión de la IIIª Asamblea General, del día 18 de octubre del 2014). Estos trabajos se extenderán hasta el 25 de este mes. Durante estos veintiún días, escucharemos con atención sus propuestas y elevaremos nuestra oración al Señor, en comunión con toda la Iglesia.

– El Jubileo de la Misericordia, marcará la labor pastoral y la vida de muchos fieles cristianos durante el presente curso, también en los seminarios. La Iglesia nos invitará, durante su recorrido, a introducirnos en el misterio de la misericordia de Dios, desde la contemplación del Santo Rostro de Cristo, para ser testigos veraces de su misericordia.

–  Se cumple también el cincuentenario de la clausura del Concilio Vaticano II. Quienes hemos hecho el recorrido eclesial durante estos años, podemos hablar, con conocimiento de causa, de un nuevo Pentecostés que ha ido transformando la Iglesia en múltiples de sus estructuras y muchos campos en estos años. Las enseñanzas del Concilio gozan aún de máxima actualidad y no desearíamos dejar a un lado, este acontecimiento de tal magnitud. Tengámoslo muy en cuenta.

– Hemos de destacar también el nuevo regalo del Papa Francisco, en su reciente Carta Encíclica, “Laudatio si’”, que firmó el pasado día 24 de mayo.

– Clausuramos, finalmente, el Año de la Vida Consagrada y el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Recordaremos y nos encomendaremos, también, al Beato Manuel Aranda, en el centenario del nacimiento de nuestro seminarista mártir.

3. Al tiempo que saludamos, con una cordial acogida, a los seis nuevos ingresos de seminaristas, -cuatro en el Seminario mayor y dos en el menor-, damos gracias a Dios por tan importante y añorado regalo. Gracias a sus Rectores y Delegación de Vocaciones. Gracias a sus familias y parroquias, desde las que han sido llamados por Dios. Hemos de seguir insistiendo como Iglesia diocesana, de forma ‘especialísima’ los sacerdotes, como nos recuerda el Concilio Vaticano II, por estas vocaciones. Nunca perdamos la esperanza, pase lo que pase en este campo, pues el Dueño de la Mies, es quien tiene la palabra. No abandonará nunca a esta Iglesia centenaria del Santo Reino, pero a Dios rogando y con tesón buscando…

Precisamente la Divina Providencia ha hecho coincidir esta apertura, del nuevo curso académico, con la fiesta de San Francisco de Borja, vocación que hoy llamaríamos “tardía”, pues profesó en la Compañía de Jesús cuando contaba 38 años y se ordenó sacerdote a los 45. Antes había contraído matrimonio con Dª Leonor de Castro. Tuvo ocho hijos y, a raíz de la muerte de la Emperatriz Dª Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, hizo el propósito firme de “no servir a señor que se pudiera morir”.

Al quedarse viudo y regulada la situación de sus hijos, dio el paso de entregar su vida a la Iglesia, como sacerdote jesuita. Fue el tercer General de la Compañía de Jesús. Durante su mandato consolidó sus estructuras, erigió tres nuevas provincias y afianzó los noviciados de la Compañía.

Nunca dejemos de escuchar y discernir posibles vocaciones sacerdotales de personas en edad madura, pues Dios llama en todo tiempo.

4. La lectura del Profeta Baruc (Bar 4,5.12.27-28) nos invita a fijar nuestra mirada y poner nuestra confianza en el Señor. Las pruebas, tensiones y dificultades nos van puliendo y, al creyente, le conducen a su abrazarse con la Cruz salvadora de Jesucristo, a poner en manos de la Divina Providencia el cumplimiento de su voluntad.

La formación humana y en ciencias sagradas es necesaria e imprescindible en el candidato para el ministerio sacerdotal, pero esto no lo es todo, ni mucho menos. Nuestro corazón y nuestra inteligencia descansan no en lo que creemos, sino en Quién creemos.

Santo Tomás, desde que era oblato dominico en el Monasterio de Montecasino, le obsesionaba esta pregunta: “¿Quién es Dios?” Después de veinte años de profundo estudio, predicación, enseñanza y sus muchos escritos, cuando logró experimentar en su interior al Dios que buscaba, comprendió, así lo escribe, “lo lejano y la nada” que era todo, comparado con lo que realmente era Dios.

Por eso el cultivo y la búsqueda del alcance de las verdades reveladas, el interés por llegar al fondo de esas enseñanzas, conocer con hondura y no por encima los contenidos de nuestra fe, reflexionar sobre su alcance, exige en profesores y alumnos, una vida de oración y contemplación, bajo la luz de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo. El camino, por tanto, de unos y otros no es conformarse con hablar “de” y “sobre” Dios, sino antes y, lo primero, “hablar con Dios”.

“Buscad al Señor, nos dice el profeta, y vivirá vuestro corazón”.

5. El Evangelista san Lucas (Lc 10, 17-24) nos refiere la euforia y la alegría de aquellos primeros 72 discípulos de Jesús en su primera experiencia misionera. Hemos visto en el texto que Jesús, no sólo les escucha en su regreso, sino que, además, les anima y da gracias a Dios Padre, por ellos, porque “revela a los sencillos de corazón lo que no hace con los sabios”.

Se confiaron a su Maestro y compartieron con Él su experiencia, en aquella ocasión buena y positiva. Dios alaba y bendice la confianza, de corazones sencillos que cuentan lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, en su intimidad.

Se trata de otra de las claves para el crecimiento interior y transformación de una persona. En este sentido, debo decirles, que la confianza y sinceridad, en el seminarista, son esenciales, para, desde su acompañamiento, modelar su personalidad cristiana como futuro sacerdote. No basta tener ideas, sino que esas ideas han de estructurar una personalidad concreta. Por todo ello, el papel que juegan los Formadores y el Director Espiritual en este campo, son esenciales. En ese recorrido, siempre inacabado, debe entrar directamente y en primer término la relación personal e íntima de amigo con Cristo y junto a Él abrirse a los demás y buscar ayudas, sin autosuficiencia.

Os animo, por tanto, como aquellos 72 discípulos de Cristo, a abriros y confiar plenamente en vuestros formadores y director espiritual. El poder del Señor actúa y bendice los corazones sencillos y transparentes. No ayuda, en cambio, al cerrado, autosuficiente y, menos, al mentiroso.

6. Eucaristía significa acción de gracias. Termino mis palabras, expresando mi agradecimiento delante del Señor a quienes nos han precedido en la larga cadena de personas que han ido escribiendo la historia de esta querida institución del Seminario y demás Centros de Estudios.

Una mención especial para los profesores eméritos, algunos con bastantes años y enfermos o con muchas limitaciones. Gracias a los sacerdotes y consagrados como a tantos bienhechores que oran y ayudan a nuestros seminarios, lo mismo que a otras muchas personas cercanas, como las Hermanas Mercedarias, que desde su labor diaria, hacen posible su funcionamiento.

Que el Señor de la luz, mediante su Espíritu, ilumine a los Rectores, Formadores y Claustro de Profesores, tanto de nuestros Seminarios, como de los demás Centros de Estudios.

Santa María Inmaculada, San Eufrasio, San Juan de Ávila y beato Manuel Aranda, ¡Rogad por nosotros! Amén.

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