Homilía de la misa Jubileo de los Educadores e imposición de la Cruz “pro Ecclesia et Pontifice” a favor de D. Rafael López-Sidro

8 mayo de 2016

1. Un grupo numeroso de educadores católicos de la Diócesis de Jaén, en representación de otros muchos que no pueden acompañarnos, acuden, en esta Solemnidad de la Ascensión del Señor, a este primer templo diocesano, para celebrar el jubileo extraordinario de la misericordia. Se han preparado para alcanzar la Indulgencia de este Año Santo y les damos nuestra más cordial bienvenida.

Agradecemos el interés, coordinación y apoyo de la Delegada episcopal de Enseñanza, Dª Celedonia Ortega Raya, y a su equipo de trabajo, por la preparación de este encuentro. Saludamos asimismo a los sacerdotes y demás fieles presentes en esta celebración, destacando también la presencia de D. Rafael López-Sidro y familia, a quien entregaremos al final de esta Ceremonia, de parte del Papa Francisco, la Cruz “pro ecclesia et pontifice”.

Como saben, la Iglesia ha querido, para conmemorar el cincuenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, convocar por medio de nuestro Santo Padre el Papa Francisco, el presente año jubilar, año de gracia, durante el cual podemos alcanzar esa indulgencia especial por la que nos libera de todos los residuos y consecuencias que dejan en nuestra vida los pecados, aunque ya se hayan perdonado en el Sacramento del perdón. Esta indulgencia nos proporciona, al mismo tiempo, vigor interior para vivir los compromisos de nuestra fe, sobre todo la caridad y misericordia para con nuestros prójimos y para acercarnos a los necesitados.

Nos hace partícipes, en definitiva, de una forma extraordinaria cada cierto tiempo –la última fue en el año 2000– de los beneficios de la redención de Cristo, de que es dispensadora su Iglesia (cf. MV, n. 22).

Como otros numerosos grupos que vienen atravesando desde la apertura de este jubileo, la Puerta Santa designada en esta Catedral, en la de Baeza y Basílica-Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza, hoy este importante colectivo de educadores católicos, profesarán en público su fe de cristianos en el Credo, recitarán, junto a los demás fieles reunidos, la oración del Año jubilar, pediremos por las intenciones del Santo Padre, y sin el compromiso de recibir los sacramentos del perdón y de la Eucaristía hoy, o dentro de estos quince días en torno a esta fecha.

2. Les animamos, como educadores católicos, a su entrega en la no fácil misión que llevan a cabo en el actual contexto social. El educador católico, que tiene como misión primaria formar a los alumnos según una visión antropológica integral, aun estando abiertos a todos y respetando la identidad de cada uno, no puede por menos que proponer su propia perspectiva educativa, humana y cristiana.

Le corresponde una tarea muy importante en la evangelización. Pone en el centro de su vida al Evangelio de Jesucristo y lo toma como punto de referencia decisivo para la formación de la persona y de cualquier propuesta cultural. Su objetivo fundamental siempre ha de ser promover la unidad y poner en relación: fe, cultura y vida. Pero, por encima de programas e idearios, cada educador, en sus circunstancias concretas, está llamado a ser testigo de Jesucristo, de su amor y misericordia para con todos.

Para el educador católico los principios evangélicos se convierten en norma educativa, motivación interior de su vocación, y meta de su vida. Les animamos a ello y pedimos para que el Señor les asista en su vocación cristiana al servicio de la Iglesia de Jesucristo.

3. Celebramos en este Domingo la Solemnidad de la Ascensión. A la luz de las lecturas proclamadas: de los Hechos de los Apóstoles (Hech 1, 1-11), Carta a los Efesios (Ef 1, 17-23) y Evangelio de san Lucas (Lc 24, 46-53), pensemos brevemente qué quiere decirnos y enseñarnos esta Fiesta.

No es que el Señor se haya ido a un lugar alejado de los hombres y del mundo. La Ascensión del Señor no es un viaje hacia el espacio, hacia los astros más remotos, porque en el fondo también los astros están hechos de elementos físicos como la tierra.

La Ascensión de Cristo significa: que Él ya no pertenece al mundo de la corrupción y de la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que él pertenece completamente a Dios. Él, como Hijo eterno de Dios, ha conducido para siempre nuestro ser humano a la presencia de Dios, ha llevado consigo su naturaleza humana, su carne y su sangre, de una forma transfigurada.

Gracias a Él, nuestra naturaleza humana, hombres y mujeres, encontramos espacio en Dios. Nuestro ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. y, puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar y su presencia ante Dios Padre, está cerca de nosotros, a nuestro lado para siempre. Cada uno podemos dirigirnos a Él con plena confianza, invocarle y presentarle nuestras súplicas e inquietudes. Él está siempre atento a nuestra voz. Nos considera hermanos. Podremos, desde nuestra libertad, e inclinaciones de nuestro ser humano, alejarnos de Él, podremos vivir hasta dándole la espalda, pero Él siempre nos espera, es imagen perfecta de Dios Padre, lleno de misericordia y amor por cada uno de nosotros.

Como conclusión de estas enseñanzas: Jesucristo en su ascensión al Cielo nos revela de modo inequívoco su divinidad, vuelve al seno de Dios Padre, cumplida su misión redentora en la tierra, pero además al subir al cielo con su humanidad, que es la nuestra, la diviniza y hace eterna. Por tanto, también esta Fiesta nos revela la grandeza y destino de nuestro ser humano. Estamos llamados a la vida eterna, gracias al triunfo y redención de Cristo, a su reino de amor, de luz y de paz (cf. Benedicto XVI, Alocución dominical, del 21 de mayo de 2006).

4. Voy a terminar. Podría alguien pensar que el educador católico quedara reducido únicamente al profesorado. Sabemos que no es así, ni mucho menos. Los primeros e imprescindibles educadores son los padres, abuelos y entorno familiar. No podemos olvidar tampoco a los sacerdotes, catequistas y asociaciones de la Iglesia, que cada vez con mayor interés y mejor organización y entrega son también colaboradores primeros, junto al profesorado, a favor de la evangelización y educación católica de las nuevas generaciones de cristianos.

Por ello en el marco religioso de esta Fiesta de la Ascensión, la Iglesia diocesana quiere destacar a una persona: D. Rafael López-Sidro Jiménez, padre de familia de cinco hijos, Director de Cáritas diocesana y ejemplo de entrega a favor de la educación cristiana, sobre todo en el campo de la caridad, del mayor distintivo que la Iglesia católica otorga a los laicos por su curriculum ejemplar, como es la Cruz “pro ecclesia et pontifice”. Se la vamos a entregar , como he dicho antes, al final de la Santa Misa, junto a su familia y amigos. Es distintivo otorgado por el Papa Francisco, que agradecemos como Iglesia diocesana. Enhorabuena, D. Rafael.

5.Terminamos invocando a la que es Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra… como rezamos en la Salve.

Que ella nos ayude como Madre a descubrir en su Hijo Jesucristo la misericordia de Dios Padre, que nos llega de forma especial a través de sus Palabras y de sus abrazos de amor, que son los sacramentos, como esta Eucaristía. Que así sea.

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