El Espíritu Santo infunde sus siete dones a casi 60 confirmandos, en la Catedral
25 mayo de 2026
Este domingo, solemnidad de Pentecostés, con la que culmina la Pascua, 58 cristianos han sido ungidos con el fuego del Espíritu Santo. Procedentes de distintas parroquias y colegios de la Diócesis, participaron en la celebración del Sacramento de la Confirmación, presidida por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez y concelebrada por el Obispo emérito, Don Ramón del Hoyo y el Provicario General, D. José Antonio Sánchez Ortiz y el canónigo emérito, D. Manuel Carmona.

Las voces del Coro diocesano, bajo la dirección de Fernando Camacho, solemnizaron la celebración.
Los confirmados, adultos y jóvenes de las parroquias de Santiago Apóstol, San Juan y San Pedro, San Ildefonso y de la Catedral, de la capital De los colegios Marcelo Spínola y Santa María de los Apóstoles. Así como de las parroquias de Ntra. Sra. de Gracia de Villardompardo, Santiago el mayor de Jimena, Santo Domingo de Guamán de Torres y La Asunción de Ntra. Sra. de Bedmar, que llegaron acompañados de sus padrinos, madrinas y familiares.

En recuerdo del bautismo, el Obispo asperjó agua bendita sobre los fieles, antes de la Liturgia de la Palabra. Las lecturas fueron participadas por familiares y amigos de los que iban a recibir la efusión del Espíritu Santo. Tras la Secuencia de Pentecostés, el Evangelio fue proclamado por el Provicario General, quien al término llamó a los confirmandos, que se pusieron de pie. Así, fueron presentados ante el Obispo aquellos que, tras un tiempo de catequesis adecuada a sus circunstancias, querían completar su iniciación cristiana, mediante la transmisión del don del Espíritu de Pentecostés.

En el inicio de su homilía, Monseñor Chico Martínez comenzó diciendo que “el sacramento del Espíritu Santo, mediante el cual los fieles son fortalecidos y enviados como testigos de Cristo”.
El prelado explicó que Pentecostés puede resumirse en tres palabras: “santificados, fortalecidos y enviados”, subrayando que “el Espíritu Santo transforma la vida de los creyentes y les ayuda a vivir una fe auténtica y comprometida”.
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, el obispo de Jaén expresó: “No tengáis miedo de ser cristianos. No tengáis miedo de rezar, de venir a la Eucaristía, de vivir de otra manera cuando el ambiente os empuje a lo fácil o superficial”. Asimismo, animó a los adultos a redescubrir la fe con renovada profundidad y confianza en Dios.
A lo largo de la homilía, insistió en que la Confirmación no supone el final de un proceso catequético, sino el comienzo de una vida cristiana más madura y responsable. “La Confirmación no es un punto final. Es más bien: ahora empiezo a vivir mi fe con más responsabilidad”, afirmó.

El pastor diocesano recordó también que “el Espíritu Santo impulsa a los cristianos a salir de sus miedos y a anunciar el Evangelio en la vida cotidiana, en la familia, el trabajo, la parroquia o el entorno social. En este sentido, destacó que “la Iglesia de Jesús no puede ser una Iglesia callada ni acobardada”.
Asimismo, invitó a los confirmandos a descubrir los dones recibidos y ponerlos al servicio de los demás: “El Espíritu Santo no busca perfectos; busca corazones disponibles”, señaló.
La homilía concluyó con una invocación al Espíritu Santo y una referencia especial a la Virgen María, bajo las advocaciones de la Virgen de la Capilla y la Virgen de la Cabeza, pidiendo su intercesión para que los nuevos confirmados vivan una fe viva, alegre y misionera.

Con la renovación de las promesas bautismales, que hicieron en el día de su bautismo por ellos sus padres y padrinos, el Obispo comenzó el rito del sacramento de la Confirmación, con la imposición de manos.
Después, los jóvenes y adultos se arrodillaron para ser ungidos con el santo crisma, recibiendo, así, los dones del Espíritu Santo.
Finalmente, Don Sebastián quiso felicitar a los confirmandos, sus familias y sus comunidades parroquiales. Y recordó la importancia del envío para que cada uno de ellos se sientan llamados a anunciar el Evangelio.

Con la bendición del Obispo con indulgencia plenaria y una foto de familia concluía la hermosa celebración.