El Domingo de Resurrección pone el punto final a las celebraciones litúrgicas de la Catedral
6 abril de 2026
Con la procesión de las palmas daban comienzo las celebraciones litúrgicas en el primer Templo de la Diócesis el Domingo de Ramos. Ayer, con la solemnidad de la Resurrección, el domingo de todos los domingos, se cerraba una Semana Santa cargada de gran fervor popular en las calles y unción en los cultos que la Iglesia diocesana de Jaén ha celebrado.
A las 11:30 de la mañana daba comienzo la Eucaristía presidida por el Obispo, Don Sebastián, después de una noche santa, la del sábado, en la que la Vigilia Pascual acabó pasadas las 2 de la mañana. Junto a él concelebró el canónigo, D. Antonio Aranda Calvo. De maestro de ceremonias, el liturgo, D. Antonio Lara. El Evangelio fue proclamado por el diácono, José Extremera. El acompañamiento musical estuvo a cargo de las voces blancas de la Escolanía de la Catedral, dirigidas por Cristina García de la Torre y al órgano, Alberto de las Heras. El grupo de acólitos de la Catedral atendieron el servicio de altar y la oración de los fieles.

Homilía
En el domingo de la resurrección del Señor, Don Sebastián quiso trasladar a todos los fieles presentes la alegría por la noticia que cambia la historia de la humanidad: la muerte no es el final, Cristo la venció y en su resurrección nos da vida eterna. “¡Cristo ha resucitado! Ésta es la gran noticia que hoy llena de luz a la Iglesia y al mundo entero. No celebramos sólo el recuerdo de un hecho pasado. Celebramos el acontecimiento que sostiene nuestra fe, reaviva nuestra esperanza y da sentido nuevo a nuestra vida”, expresó el Prelado jiennense, para añadir, “El sepulcro está vacío. La piedra ha sido removida. La muerte no ha podido retener al Señor. Y desde esta mañana santa todo cambia: cambia la suerte de Cristo, cambia el destino del hombre y cambia el horizonte de la historia”.

En este sentido, Monseñor Chico, insistió: “Jesús no vuelve simplemente a la vida de antes. Resucita entrando definitivamente en la vida gloriosa del Padre. Y al hacerlo, “abre para nosotros un camino nuevo”. La resurrección es la confirmación de que su cruz no fue derrota, sino victoria; de que su entrega no fue fracaso, sino amor llevado hasta el extremo”.
Además, recordó que la cruz y la resurrección no se pueden separar. “Son un único misterio de salvación. El mismo Señor que murió por nosotros es el que vive glorioso para siempre. Por eso canta la Iglesia con verdad: muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”.
Para finalizar expresó, “La resurrección de Cristo nos dice que el mal no tiene la última palabra, que el pecado no tiene la última palabra, que el dolor no tiene la última palabra y que la muerte no tiene la última palabra. La última palabra es de Dios. Y esa palabra es una palabra de vida”.

Con un “Aleluya, aleluya” y la bendición solemne concluyó la celebración.