La Iglesia de Jaén se moviliza por un trabajo digno en memoria de las víctimas laborales, en el marco del 1º de mayo

30 abril de 2026

En la tarde del martes 28 de abril, a las 19:30 horas, la Calle Virgen de la Cabeza de Jaén acogió una emotiva concentración en memoria de las víctimas de accidentes laborales, con un recuerdo especial a Carlos Do Santos, obrero portugués fallecido en la construcción del Corte Inglés en 2007 El acto reunió a miembros de distintas pastorales, movimientos eclesiales y fieles comprometidos con la defensa de la dignidad del trabajo.

Durante la concentración, se alzó una pancarta conmemorativa y se portó una gran cruz, acompañada de trece cruces pequeñas que simbolizaban a las víctimas fallecidas en accidente laboral en 2025. De manera especialmente significativa, se recordaron los nombres de los doce trabajadores fallecidos en la provincia de Jaén, así como a las víctimas de la Fábrica de Uranio de Andújar, crimen laboral aún sin resolver, formando con las cruces un círculo de memoria, respeto y compromiso.

El acto incluyó la lectura del comunicado del 28 de abril, proclamado por el Delegado de la Pastoral del Trabajo, D. Bartolomé Mateos, un sobrecogedor minuto de silencio y la proclamación de un mensaje del Papa Francisco a la asociación ANMIL, Asociación de Trabajadores mutilados e inválidos,  que recordó que “la seguridad en el trabajo es como el aire que respiramos: nos damos cuenta de su importancia solo cuando falta de forma trágica”. La oración final pidió consuelo para las familias y un compromiso firme para que el trabajo sea siempre espacio de vida y no de muerte.

La concentración concluyó con una procesión silenciosa hasta la Parroquia de El Salvador, donde tuvo lugar la eucaristía a las 20:30 horas, convocada con motivo del 1º de mayo, Día Internacional de las trabajadoras y los trabajadores, bajo el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”.

La celebración eucarística comenzó con una monición de entrada leída por una persona migrante, visibilizando así la especial vulnerabilidad de este colectivo en el ámbito laboral en una liturgia profundamente participativa y comprometida con la realidad social.

En la homilía, el párroco D. Francisco Rosales ofreció una reflexión intensa y cercana, llamando a los fieles a ser “testigos de Jesús en el mundo laboral”. Subrayó que la pluralidad de situaciones que atraviesa el trabajo hoy puede vivirse como carga, pero también como vocación, invitando a preguntarse: “¿qué me quiere decir Dios en estas circunstancias?”. Insistió en la necesidad de “acompañar a las víctimas, sostener la esperanza y ser una Iglesia en salida”, comprometida con un salario justo y con espacios laborales que sean “lugar de vida y no de muerte, de encuentro y no de enfrentamiento, de ternura y no de agresividad”.

El párroco destacó que en el trabajo “nos salvamos juntos”, apelando a la responsabilidad compartida de trabajadores, empresarios, políticos y técnicos, iluminados por la fe y los valores del Evangelio. Invitó a no dejarse “tapar por los ruidos del mundo”, a mantener la fe viva y una profunda sensibilidad social, recordando que en las víctimas “está el Señor”. Finalmente, animó a renovar el compromiso cristiano: “el Señor nos manda como obreros y testigos de su mies”.

En el ofertorio se presentaron diversos signos cargados de significado: el pan y el vino como fruto del trabajo humano; una cartulina con una cita de la exhortación apostólica “Dilexi te” del Papa León XIV sobre la dignidad del trabajo; una cruz, portada por su madre, Paqui Paulano, en memoria de su hijo Rubén Paulano Godino, fallecido en accidente laboral, y como recuerdo de todas las víctimas del trabajo; y una lámpara encendida como símbolo de esperanza y solidaridad concreta ante situaciones de precariedad y discapacidad.

La celebración concluyó con la lectura del manifiesto del 1º de mayo, que denunció con claridad que “nadie debería perder la vida por ganarse el pan”. El texto puso voz al sufrimiento de quienes viven en condiciones precarias, con salarios insuficientes o sin derechos, así como al clamor de las personas desempleadas y de quienes trabajan en la invisibilidad, especialmente muchas personas migrantes.

El manifiesto reafirmó que el trabajo debe cuidar la vida y no ponerla en riesgo, reclamando responsabilidad institucional y compromiso empresarial para garantizar condiciones dignas, seguras y justas. Frente a la exclusión, se propuso la fraternidad y una economía al servicio de la persona, renovando el compromiso colectivo con el trabajo decente y la dignidad de cada ser humano.

La jornada concluyó en un ambiente de recogimiento, esperanza y compromiso, sostenida también por las voces del coro parroquial, que contribuyeron a crear un clima de oración y comunidad.

Con este doble acto, la Iglesia de Jaén vuelve a alzar la voz en defensa de la vida, la dignidad y la justicia en el mundo del trabajo; quedando todos convocados para participar en la manifestación del viernes 1º de mayo y así testimonia una dimensión pública, sinodal y profética que supone caminar junto a otros, reclamando “pan”, trabajo digno, “y rosas”, vida plena, justicia y esperanza, como expresión de un compromiso que une fe y vida.

Iglesia por el Trabajo Decente – Jaén

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