La Diócesis de Jaén se une, este sábado, a la llamada del Papa para orar por la paz

La diócesis de Jaén se suma a la Jornada por la Paz convocada por el Papa León XIV, quien el pasado Domingo de Resurrección invitó a toda la Iglesia a elevar una súplica unánime por la paz en el mundo, este próximo sábado 11 de abril.

«La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón! Por eso, invito a todos a unirnos en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí, en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril», dijo el Santo Padre durante la bendición Urbi et Orbi del pasado domingo.

El obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, en comunión con el Papa León XIV, presidirá una Vigilia de Oración este sábado, 11 de abril a las 21:00 horas en la Santa Iglesia Catedral de Jaén, y hace extensiva al resto de las localidades de la Diócesis para que secunden esta intención, incorporando la oración por la paz en las celebraciones y con momentos de oración y súplicas, unidos al latido de la Iglesia extendida por todo el mundo. Asimismo, Don Sebastián anima a los fieles a participar en esta Vigilia de oración y pedir al Príncipe de la Paz para que interceda por el fin de los conflictos bélicos.

Desde el inicio de su pontificado, el papa León XIV ha insistido en la oración por la paz. Esta fue también la intención que propuso para el pasado mes de marzo de 2026, centrada en el desarme, la fraternidad y el fin de los conflictos.

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La Virgen de la Cabeza Peregrina en las parroquias de San Juan de la Cruz y Nuestra Señora de Belén y San Roque de Jaén

La visita de la Santísima Virgen de la Cabeza Peregrina ha supuesto un tiempo de gracia y renovación espiritual en las comunidades parroquiales de San Juan de la Cruz y Nuestra Señora de Belén y San Roque de Jaén, invitando a los fieles a vivir con mayor intensidad su fe y su devoción a la Virgen.

Parroquia de San Juan de la Cruz

La imagen de la Virgen Peregrina hizo su parada en la parroquia de San Juan de la Cruz, cuyo titular refleja el profundo amor mariano de la espiritualidad carmelita. Su presencia coincidió con la solemnidad de la Anunciación, recordando el “sí” de María que cambió la historia de la salvación.

Durante la mañana, los fieles se reunieron para el rezo de los Misterios Luminosos, contemplando la vida pública de Jesús. A las 11:00 h tuvo lugar un emotivo encuentro con los mayores y enfermos de la parroquia, quienes expresaron su devoción con cantos, oraciones y poesías, dando un testimonio vivo de fe y esperanza. A las 12:00 h, la comunidad se unió en el rezo del Ángelus.

Por la tarde, los niños y adolescentes de catequesis vivieron un momento especial mediante una sencilla catequesis sobre la Virgen de la Cabeza y el relato de su aparición. A través de la dinámica “El Camino del 800 aniversario”, reflexionaron sobre la importancia de dar gracias, pedir perdón, ayudar a los demás y llevar alegría, acogiendo la visita de María como una llamada a ser mejores cristianos.

La jornada continuó con la adoración al Santísimo Sacramento y concluyó con la celebración de la Eucaristía de despedida. La Virgen partía hacia otra comunidad parroquial, pero permanecía en el corazón de los fieles, que asumieron el compromiso de vivir su fe en la vida cotidiana.

Parroquia de Nuestra Señora de Belén y San Roque

Los días 26 y 27 de marzo, la Virgen de la Cabeza Peregrina fue acogida en la parroquia de Nuestra Señora de Belén y San Roque de Jaén en un ambiente de alegría, entre cantos, flores y aplausos. En esta visita se unieron las advocaciones de la Virgen de la Cabeza, Nuestra Señora de Belén y San Roque y Nuestra Señora de la Paz, lo que supuso un motivo de especial gozo para toda la comunidad.

La primera jornada culminó con la celebración de la Eucaristía. Al día siguiente, Viernes de Dolores, la imagen permaneció en el altar mayor recibiendo la visita de numerosos fieles. Fue especialmente significativo el encuentro entre los más mayores y los más pequeños: los niños ofrecieron sus cantos, mientras que los mayores rezaron y recitaron oraciones aprendidas desde su infancia, reflejo de una fe que perdura con el paso del tiempo.

A mediodía se rezó el Ángelus y, por la tarde, los niños de catequesis participaron en una oración ante la Virgen, cantando su himno junto al párroco.

La jornada concluyó con la exposición del Santísimo Sacramento, un tiempo de recogimiento y oración, seguido de la celebración de la Eucaristía y la despedida de la Virgen. Aunque su imagen partió, permanece en el corazón de los fieles como vínculo que une a la comunidad con su Hijo Jesucristo.

Parroquias de San Juan de la Cruz y de Nuestra Señora de Belén y San Roque

Galería fotográfica: “Virgen de la Cabeza Peregrina en San de la Cruz y Belén y San Roque”

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XV Cocido solidario a favor de Manos Unidas

Manos Unidas ha organizado, para el próximo sábado, 11 de abril, su tradicional Cocido Solidario, que este año llega a su edición número XV. Dará comienzo a las 14:30 horas en el Club de Campo. El donativo, que revertirá de forma directa a favor de los dos proyectos comprometidos este año por Manos Unidas es de 20 euros. También, desde esta ONG de la Iglesia ofrecen la posibilidad de colaborar con una fila cero a través de un número de Bizum 00658.

Proyectos Manos Unidas 2026

La Diócesis de Jaén respaldará durante 2026, cuatro proyectos que con un compromiso económico total de 341.130 euros, distribuidos en África, Asia y América Latina. Se trata de iniciativas centradas en ámbitos esenciales para el desarrollo integral de las personas, como la sanidad, la educación, el acceso al agua potable y la seguridad alimentaria, pilares básicos para garantizar una vida digna y romper el círculo de la pobreza.

Cada uno de estos proyectos, impulsados junto a socios locales, busca no solo cubrir necesidades urgentes, sino promover procesos sostenibles que fortalezcan la autonomía de las comunidades y generen oportunidades de futuro.

  • En Etiopía, en la región de Tigray, se llevará a cabo el restablecimiento y fortalecimiento de los servicios sanitarios, mediante la renovación integral de un centro de salud, su dotación con equipamiento médico básico y esencial y la formación específica del personal sanitario, con especial atención a la salud materno-infantil. Esta intervención permitirá ofrecer atención digna y continuada a más de 10.000 pacientes, reduciendo enfermedades prevenibles y mejorando la asistencia a madres y niños en una zona especialmente castigada por la pobreza y la inestabilidad.
  • En Filipinas, en Mindanao, se desarrollará un proyecto de promoción de la cultura de paz y educación inclusiva en comunidades que han sufrido durante años un conflicto bélico prolongado. La iniciativa fomentará el diálogo entre docentes de escuelas indígenas, alumnado de 11 y 12 años, líderes religiosos y asociaciones de paz, fortaleciendo la convivencia y garantizando el derecho a la educación de los pueblos originarios, especialmente de la infancia.
  • En Ecuador, en comunidades rurales de Loja, se impulsará el acceso al agua como derecho humano fundamental, mejorando los sistemas de captación, almacenamiento y distribución y capacitando a la población, con especial implicación de las mujeres, en la gestión responsable del recurso. Con ello se busca prevenir enfermedades de origen hídrico y reducir la desnutrición infantil asociada a la falta de agua potable.
  • Finalmente, en Bolivia, en San Borja, se pondrá en marcha un proyecto alimentario y productivo que reforzará la producción agroecológica y la seguridad alimentaria de 114 familias campesinas e indígenas, además de apoyar a productores de cacao ecológico. A través de la formación técnica, la mejora de cultivos y el impulso a la comercialización, se favorecerá la igualdad de género, la autosuficiencia y la mejora de la economía familiar.
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Los jóvenes de Mengíbar, protagonistas de una Semana Santa vivida desde la fe

La Semana Santa en Mengíbar ha estado marcada este año por una profunda vivencia de fe protagonizada por sus adolescentes y jóvenes, quienes han participado activamente en diversas iniciativas pastorales organizadas por los acompañantes del Kairós en colaboración con la Parroquia.

El inicio de estos días intensos, el Lunes Santo, tuvo lugar con un retiro en Espeluy, en el que participaron varios adolescentes del grupo Kairós. Esta experiencia les permitió detenerse, reflexionar y encontrarse con el Señor en un ambiente de silencio y oración. Tras el retiro, los jóvenes continuaron su testimonio cristiano visitando a algunas personas mayores del pueblo, acompañados por su párroco. Durante estos encuentros compartieron conversación, cercanía y momentos de oración, creando espacios de fraternidad que dejaron una huella significativa tanto en los jóvenes como en los mayores.

El Martes Santo por la noche tuvo lugar una emotiva oración juvenil ante las imágenes del Señor de las Lluvias y la Virgen de la Amargura. Fue un momento intenso de recogimiento, donde la oración, la fe y la reconciliación se hicieron presentes de manera especial a través del Sacramento de la Confesión.

El Miércoles Santo estuvo marcado por una jornada de “desierto”, en la que un grupo de jóvenes, junto a su párroco, subieron a Jabalcuz. Allí vivieron una jornada de convivencia, oración y celebración de la Eucaristía, en un entorno privilegiado que invitaba a descubrir a Dios en la belleza de la creación.

El culmen de esta vivencia de fe llegó con la gran participación de los jóvenes en la Vigilia Pascual, corazón de la Semana Santa, donde celebraron con alegría la Resurrección del Señor.

Sin duda, estos días han sido una muestra del compromiso y la vitalidad de los jóvenes de Mengíbar, que siguen caminando juntos, creciendo en la fe y siendo testigos vivos del Evangelio en su comunidad.

Comunidades parroquiales de Mengíbar

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Carta Pastoral de Pascua: “Renacidos a la vida”


«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10).

Queridos fieles diocesanos:
Cada año la Iglesia vuelve a la aurora del primer día de la semana. Las mujeres caminan hacia el sepulcro todavía con el corazón herido por la cruz, llevando aromas para un cuerpo que creen vencido por la muerte. Sin embargo, lo que encuentran no es un cadáver que venerar, sino una tumba abierta y una palabra que cambia el destino del mundo: «Ha resucitado. No está aquí». Jesucristo, el Crucificado, vive para siempre, y su Resurrección inaugura para el mundo una vida nueva; con Él ha nacido para la humanidad una paz que el mundo no puede dar ni arrebatar, la paz del sepulcro vacío, que nos abre a todos el horizonte como renacidos para la Vida.

En la Vigilia Pascual, la liturgia nos invita al más profundo gozo porque, por la resurrección de Jesucristo, «se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino». Cristo resucitado, «como lucero matinal, brilla sereno para el linaje humano, y vive glorioso por los siglos de los siglos». «Goce, pues, la tierra inundada de tanta claridad y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero» (Pregón Pascual de la Vigilia de Resurrección); así, todo queda transfigurado por la luz pascual, iluminados y recreados como hijos llamados a la Vida.

Como bien conocéis, Pascua significa «paso». Se trata del paso del Señor de la muerte a la vida; se trata, también, del paso del Señor entre nosotros rompiendo las ataduras del pecado y de la muerte: «Si por un hombre vino la muerte, Adán; por un hombre-Cristo Jesús ha venido la resurrección; si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida» (1Cor 15,22); se trata, en definitiva, de la vida de Cristo que se desborda sobre todos aquellos que se acercan con fe al Crucificado-Resucitado acogiéndolo en su vidas como su Señor y Maestro. Este tiempo es una invitación a vivir en plenitud; a sembrar vida en nuestro alrededor; a defender la vida como don precioso del Creador, llamados a ser sembradores de Vida.

Por todos lados se nos habla de bienestar, de progreso, de calidad de vida; sin embargo, al mismo tiempo, crece silenciosamente un fenómeno inquietante como es la soledad, la confusión o la falta de sentido. Son innumerables las personas que, aun teniéndolo casi todo, en lo material, experimentan un vacío profundo como si les faltara aquello que plenifica su vida. Porque, en el fondo, lo que escasea no son los bienes ni las oportunidades, sino una razón sólida y concreta para vivir, un fundamento que sostenga el alma en medio de las tormentas. Así, el hombre contemporáneo corre el riesgo de tenerlo todo al alcance de la mano y, sin embargo, caminar sin rumbo, como quien avanza sin saber hacia dónde, con el alma sedienta de algo que ni el consumo ni el éxito logran saciar. Queremos felicidad y progreso, pero la cultura de la muerte pone en cuestión el derecho fundamental a existir precisamente de quienes encarnan la esperanza del mañana. Reclamamos comprensión, respeto y tolerancia, pero, cuando descendemos al terreno concreto de la vida diaria, surge una contradicción dolorosa: el valor de la persona parece medirse por su utilidad. Aquellos que no encajan en nuestros planes, que no aportan según nuestros criterios o que simplemente incomodan, corren el riesgo de ser relegados, ignorados o descartados, como si no fueran dignos de la Vida.

Como nos ha recordado el papa León XIV, en el inicio de su pontificado: «en nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres» (Inicio del ministerio petrino, 18 de mayo de 2025). ¿Nos queda alguna esperanza que no nos defraude? La respuesta es sí, y se llama Jesús de Nazaret. Su resurrección nos enseña la verdadera dignidad del hombre: no somos pura materia, somos hijos de Dios que encierran la semilla de la eternidad en el alma, conseguida con su pasión y muerte. No hemos sido creados para yacer postrados, sino para hacer, hacer obras grandes y comprometidas, transidas por el amor, llamadas a engendrar Vida.
Esta vida nueva que anhelamos no es una ilusión ni un ideal reservado para unos pocos. Es una realidad viva, concreta, que ya ha comenzado a ser derramada sobre nosotros. No estamos condenados a esperar pasivamente; podemos participar de ella aquí y ahora, porque Dios mismo se nos comunica sin cesar a través de los sacramentos. En ellos, y de manera eminente en la Eucaristía, esa vida divina no solo se promete, sino que se nos entrega verdaderamente. «Aquesta eterna fonte que deseo, en este pan de vida yo la veo; aunque es de noche», como cantó San Juan de la Cruz. En este misterio aprendemos a beber de la fuente y a vivir como quienes se alimentan de la Vida.


Por nuestra parte, ante tanta grandeza y misericordia recibidas, no cabe una respuesta tibia ni superficial, sino una adhesión firme, visible y constante, coherente con la fe que profesamos y confesamos con los labios. La vida cristiana no puede quedar reducida a un puro sentimentalismo o a una intimidad sin fruto; está llamada, por su propia naturaleza, a irradiar luz. Como nos exhorta el Señor: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16). Esa luz no es otra cosa que el testimonio concreto de una fe encarnada en la vida diaria, hecha obras de caridad, justicia y verdad; que nos convierte en reflejos de la Vida.
Ser cristiano implica, por tanto, asumir con responsabilidad y determinación la promoción de una auténtica cultura de la vida. La dignidad de la persona «es un valor intrínseco que exige ser reconocido, protegido y promovido en toda circunstancia. Por ello, la respuesta verdaderamente humana ante el sufrimiento no puede ser provocar la muerte, sino ofrecer cercanía, acompañamiento, cuidados adecuados y apoyo integral» (Nota de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida, 26 de marzo de 2026). Se trata de un compromiso real y exigente: defender la vida humana en todas sus etapas, custodiar su dignidad en cada circunstancia, y alzar la voz —con caridad y claridad— allí donde esta se vea amenazada o despreciada, comprometiéndonos sin reservas como defensores y custodios de la Vida.
El apóstol nos lo recuerda con fuerza: «Arrimemos nuestro hombro a las cargas de los demás» (Gál 6,2). Este mandato adquiere hoy una urgencia particular ante el sufrimiento, la soledad, la pobreza y la incertidumbre que pesan sobre tantos de nuestros hermanos. No podemos permanecer indiferentes ni refugiarnos en una cómoda pasividad; el amor cristiano es siempre activo, creativo y sacrificado. No sería coherente llamarnos cristianos si, ante las heridas de nuestro tiempo, optáramos por cruzarnos de brazos o mirar hacia otro lado. La fe verdadera nos inquieta, nos saca de la comodidad y nos envía al encuentro del otro, especialmente del más frágil, haciéndonos cirineos de la Vida.


La Virgen María, nuestra Madre, es para el mundo entero «fuente de vida» porque nos dio a Jesús, el verdadero y único pan de vida con el que los fieles nos alimentamos. En nuestra geografía diocesana, casi todas las imágenes que la representan sostienen en su regazo la imagen del Niño Jesús ofreciéndonoslo como único «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6) Acojamos su don e imitemos su actitud de apertura a la vida de Dios y al deseo de felicidad de los demás (cf. Lc 1,39), aprendiendo de ella a ser centinelas de la Vida.

Que al contemplarla e imitarla en su coherencia con el evangelio, seamos testigos del Dios vivo, del Dios de la vida, para «decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡mirad a Cristo! ¡Acercaos a Él! ¡Acoged su Palabra que ilumina y consuela! Escuchad su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo nosotros somos uno» (León XIV, 18 de mayo de 2025), para que seáis «irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como antorchas en el mundo» (Flp 2,15), como testigos fieles de la Vida.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Jaén, 25 de marzo de 2026
Solemnidad de la Anunciación del Señor

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El Domingo de Resurrección pone el punto final a las celebraciones litúrgicas de la Catedral

Con la procesión de las palmas daban comienzo las celebraciones litúrgicas en el primer Templo de la Diócesis el Domingo de Ramos. Ayer, con la solemnidad de la Resurrección, el domingo de todos los domingos, se cerraba una Semana Santa cargada de gran fervor popular en las calles y unción en los cultos que la Iglesia diocesana de Jaén ha celebrado.

A las 11:30 de la mañana daba comienzo la Eucaristía presidida por el Obispo, Don Sebastián, después de una noche santa, la del sábado, en la que la Vigilia Pascual acabó pasadas las 2 de la mañana. Junto a él concelebró el canónigo, D. Antonio Aranda Calvo. De maestro de ceremonias, el liturgo, D. Antonio Lara. El Evangelio fue proclamado por el diácono, José Extremera. El acompañamiento musical estuvo a cargo de las voces blancas de la Escolanía de la Catedral, dirigidas por Cristina García de la Torre y al órgano, Alberto de las Heras. El grupo de acólitos de la Catedral atendieron el servicio de altar y la oración de los fieles.

Homilía

En el domingo de la resurrección del Señor, Don Sebastián quiso trasladar a todos los fieles presentes la alegría por la noticia que cambia la historia de la humanidad: la muerte no es el final, Cristo la venció y en su resurrección nos da vida eterna. “¡Cristo ha resucitado! Ésta es la gran noticia que hoy llena de luz a la Iglesia y al mundo entero. No celebramos sólo el recuerdo de un hecho pasado. Celebramos el acontecimiento que sostiene nuestra fe, reaviva nuestra esperanza y da sentido nuevo a nuestra vida”, expresó el Prelado jiennense, para añadir, “El sepulcro está vacío. La piedra ha sido removida. La muerte no ha podido retener al Señor. Y desde esta mañana santa todo cambia: cambia la suerte de Cristo, cambia el destino del hombre y cambia el horizonte de la historia”.

En este sentido, Monseñor Chico, insistió: “Jesús no vuelve simplemente a la vida de antes. Resucita entrando definitivamente en la vida gloriosa del Padre. Y al hacerlo, “abre para nosotros un camino nuevo”. La resurrección es la confirmación de que su cruz no fue derrota, sino victoria; de que su entrega no fue fracaso, sino amor llevado hasta el extremo”.

Además, recordó que la cruz y la resurrección no se pueden separar. “Son un único misterio de salvación. El mismo Señor que murió por nosotros es el que vive glorioso para siempre. Por eso canta la Iglesia con verdad: muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”.

Para finalizar expresó, “La resurrección de Cristo nos dice que el mal no tiene la última palabra, que el pecado no tiene la última palabra, que el dolor no tiene la última palabra y que la muerte no tiene la última palabra. La última palabra es de Dios. Y esa palabra es una palabra de vida”.

Con un “Aleluya, aleluya”  y la bendición solemne concluyó la celebración.

Galería fotográfica: Domingo de Resurrección 2026

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Salida de la Pastoral Penitenciaria a la Institución Teresiana de Linares

El pasado día 22 de marzo, la Institución Teresiana de Linares acogió, como cada año, a un grupo de internos de la Cárcel “Jaén II” y a voluntarios de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Jaén.

La mañana se inició con una visita por el rico patrimonio minero de esta ciudad, magistralmente expuesto por Isaac, miembro de la Institución Teresiana de Linares y que, por diferentes minas, nos hizo un recorrido alegórico de nuestro camino cuaresmal y así iniciamos con el símbolo del agua en la mina donde se lavaba el mineral extraído, el agua viva de la samaritana vino a nuestra mente. Continuamos adentrándonos con linternas en la intensa oscuridad de una galería de estas minas y dentro se apagaron las luces…nos hicimos conscientes en qué situación de oscuridad podían llegar a trabajar aquellos hombres mineros de inicios del siglo XX . Al salir, la luz que rompía nuestras miradas nos recordó al ciego de nacimiento curado por Cristo de su ceguera.

Finalizamos la mañana en la mina de S Vicente, donde tras un accidente, fallecieron 6 mineros que reposan en su profundidad de más de 1000 metros y que quedaron en ese fondo sin poder ser rescatados hace ya casi 60 años. Allí, la oración y el silencio nos trajo la muerte y resurrección de Lázaro, como signo de la salvación y vida de Jesús

Ya en el Centro Cultural Pedro Poveda de Linares, se degustaron unas magníficas migas con sus “avíos” que a todos y sobre todo a los internos le supieron a gloria.

El café compartido en el patio fue el momento para presentaciones, experiencias, situaciones vividas por cada uno y…la llegada de algunos familiares de los internos de la cárcel que cautivaron de emoción a todos los participantes

La pareja de uno de los chicos, antigua alumna del colegio de Teresianas “Pedro Poveda” de Jaén, nos relató emocionada cómo vivía la presencia de Poveda entre los gitanos de las cuevas de Guadix o acogiendo a los niños de la calle de Madrid y cómo sentía que ese tarde lo estaba experimentando en la acogida de la Institución Teresiana a los presos de la cárcel. La emoción de esta antigua alumna embargó a todo el grupo y a partir de ahí nos reconocimos todos como comunidad que acoge a Cristo en los últimos de nuestra sociedad y cómo la comunidad es la que mantiene la Esperanza a pesar de tantas noticias de guerra y desamparo como nos rodean

La Eucaristía celebrada por el sacerdote J González, salesiano capellán de la cárcel, puso el broche de oro y supuso la Acción de gracias por todo lo compartido en esta jornada. Una vez más desde la Pastoral Penitenciaria se hizo patente la presencia de Cristo servidor entre los muros de una cárcel acompañando a los hijos de Dios más estigmatizados de nuestra sociedad.

Su testimonio y el de los familiares que los acompañaban nos hicieron experimentar el rostro de Dios que late y brilla en el interior de cada persona. También en los presos de una cárcel.

Pastoral Penitenciaria

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Los jóvenes de Confirmación de Santisteban vivieron un intenso Lunes Santo en Jaén

El pasado Lunes Santo, un buen grupo de chavales de Confirmación de nuestra parroquia, acompañados por sus catequistas, su párroco, algunos padres y también otros jóvenes algo mayores, disfrutaron de una bonita jornada de convivencia en Jaén para vivir de cerca el ambiente de la Semana Santa.

Fue un día muy completo, de esos que mezclan perfectamente la fe, la convivencia, el descubrimiento, las risas y también el buen rato compartido entre todos.

La mañana comenzó con la visita al Camarín de Nuestro Padre Jesús, el popular “Abuelo”, uno de los lugares más emblemáticos y queridos de la ciudad. Allí pudimos detenernos un momento, rezar y acercarnos a una devoción tan arraigada en la fe del pueblo.

Después visitamos la Catedral de Jaén, donde tuvimos la oportunidad de ver ya preparados los pasos de la cofradía de la Buena Muerte, algo que impresionó bastante a los chavales y que nos ayudó también a hablar del sentido profundo de todo lo que celebramos estos días.

Uno de los momentos más especiales de la jornada fue, sin duda, la visita al convento de las Hermanas Clarisas. Allí pudimos hablar con ellas, hacerles preguntas y conocer un poco mejor cómo es su vida. Para muchos de los chavales era la primera vez que veían de cerca a unas monjas de clausura, así que fue una experiencia muy curiosa, cercana y enriquecedora.

Después de la comida, llegó el momento de meternos de lleno en el ambiente del Lunes Santo jiennense. Pudimos asistir a la salida de la procesión de Caridad y Salud, después a la del Despojado y la Virgen de la Amargura, y más tarde, dando un paseo por la ciudad, también nos encontramos con la procesión de La Sentencia, que además se estrenaba este año, y con la de Los Estudiantes, con la que prácticamente pusimos el broche final al día.

Más allá de todo lo que vimos, lo más importante fue poder compartir juntos una jornada distinta, bonita y muy propia de estos días santos. Para los chavales fue una oportunidad de vivir la Semana Santa no solo como espectadores, sino también como una experiencia de Iglesia, de amistad, de fe y de descubrimiento.

Sin duda, fue un día de esos que dejan buen recuerdo… y que también ayudan a seguir creciendo en el camino de la fe hacia la formación del grupo Kairós para nuestra parroquia y todos esos jóvenes que tienen ganas de más.

Comunidad parroquial de Santisteban del Puerto

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Un acontecimiento de gracia: volver al amor primero

Del 19 al 22 de marzo, se ha celebrado en la Casa de Espiritualidad de San Juan de Ávila, en La Yedra, un nuevo Cursillo de Cristiandad, el número 340 de nuestra diócesis.

Este Cursillo, que lo hemos llamado de “San José“ cariñosamente, ha sido coordinado por Cefe Toril Rayo junto a un equipo de diez responsables y cuatro personas más como equipo doméstico. Acompañados por los sacerdotes, D. Sebastián Guerrero Fernández,  D. Carlos Moreno Galiano y D. Antonio Blanca.

Vivir el Cursillo de Cristiandad 340 de Jaén como responsable ha sido, sin duda, un verdadero acontecimiento en mi vida. Y lo digo con todo el peso de esa palabra: acontecimiento. Porque cuando uno atraviesa un lugar del que sale transformado por dentro, ya no puede llamarlo simplemente experiencia. Aquí ha pasado algo. Algo que irrumpe, que sacude, que descoloca, que toca lo más hondo… y que deja una huella que ya no se puede borrar.

Llegaba a este cursillo desde un momento en el que pensaba, casi sin darme cuenta, que el Señor ya me había dicho todo. Que ya conocía su amor, que ya había escuchado ese “te quiero” que un día me sostuvo y me cambió la vida (en mi Cursillo 332). Y, sin embargo, Él (que hace nuevas todas las cosas) ha querido volver a sorprenderme. Ha salido a mi encuentro de una forma tan cercana y tan directa que ha atravesado todas mis corazas. Me ha hablado al corazón con una claridad que desarma… y me ha dado un verdadero “revolcón” interior. De esos que no eliges, pero que te despiertan, te rompen los esquemas y te recolocan la vida entera.

Nada de lo vivido ha sido casualidad. Todo han sido “diosidades”. Desde el primer momento he tenido la certeza de que el Señor tenía pensado hasta el último detalle. Incluso el tiempo en el que ha sucedido: vivir este cursillo en Cuaresma, con todo lo que significa para mí como persona cofrade, no ha sido algo al azar. Ha sido una llamada profunda a vivir ese tiempo con más verdad, a entrar más en el sentido de la entrega, de la conversión, de la mirada al corazón. Todo encajaba, todo hablaba, todo tenía un porqué.

Ser su instrumento en este Cursillo 340 ha sido como volver a mi propio cursillo, pero con más verdad, más conciencia, más profundidad. He vuelto a sentir ese abrazo del Señor… pero esta vez como si llegara más adentro, como si alcanzara rincones que aún estaban cerrados. Un abrazo que no sólo consuela, sino que ilumina, que confronta, que sana. Porque en ese encuentro, Él también me ha mostrado mis obstáculos, mis resistencias, mis miedos, esas partes de mí que aún necesitaban ser tocadas. Igual que el primer día, me ha hecho conocerme más. Me ha puesto delante de mí misma, pero siempre desde su amor. Un amor que no juzga, que no se cansa, que levanta y transforma desde dentro.

Durante la preparación del cursillo, en cada reunión con el equipo de responsables, ya se intuía que algo grande estaba pasando. No ha sido un camino fácil: había dificultades, cargas personales, momentos de fragilidad en cada uno… pero, precisamente ahí, ha brotado algo aún más fuerte: una respuesta de confianza. No eran simples reuniones organizativas. Había vida, había entrega, había una presencia real que lo sostenía todo. Muchas veces, al mirar a mis hermanos, al escucharles, sentía que el Señor me hablaba a través de ellos. Me sentía más cerca de Él precisamente al verles a ellos. Era una cercanía viva, concreta, que se experimenta sin necesidad de explicaciones.

Y en medio de mis propias luchas, he vivido de una forma muy real el sostén de la oración. Me he sentido sostenida por mis hermanos de cursillos como pocas veces. Como si el Señor me envolviera a través de ellos. En momentos concretos, especialmente cuando más lo necesitaba, era como si me regalara pequeñas “mariposas”: detalles, palabras, gestos, o incluso una paz inexplicable… que me levantaban cuando yo no podía más. Esa experiencia de saberse sostenida, de saberse parte de un cuerpo vivo, es algo que no se olvida.

Y llega el cursillo… y entonces sucede el milagro. Porque no hay otra palabra. Ver a los cursillistas llegar con sus historias, sus heridas, sus miedos… y contemplar cómo el Señor va entrando poco a poco en sus corazones es algo que sobrecoge. No es algo superficial ni inmediato: es un proceso real, profundo, delicado… pero cuando ocurre, se ve. Sus rostros cambian, sus miradas se iluminan, sus corazones se ensanchan. Algo nuevo nace en ellos.

Y en ellos, inevitablemente, me he vuelto a encontrar yo. He vuelto a ver mi historia, mi primer encuentro, aquel momento en el que Jesús salió a mi vida. Acompañar ese proceso en otros es un regalo inmenso… pero también una llamada fuerte: a no olvidar, a no acomodarme, a seguir dejándome transformar. A seguir diciéndole que SÍ cada día de mi vida, reconociendo en Él el verdadero ideal que conduce a la vida eterna.

Reencontrarme con mi comunidad de Cursillos de Cristiandad ha sido otro regalo inmenso. Sentirla viva, unida, fuerte. Y, sobre todo, verla crecer. Ver cómo los nuevos cursillistas se incorporan, cómo encuentran su lugar, cómo empiezan a caminar… es contemplar cómo el Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas, cómo sigue construyendo familia, cómo sigue llamando uno a uno.

Este Cursillo 340 de nuestra diócesis ha sido un salvavidas. Una sacudida de gracia. Una llamada urgente y amorosa a vivir con más intensidad, a dejarme tocar de verdad, a salir de la rutina y a “vivir más de colores”. Me ha recordado que la fe no es algo estático ni cerrado, sino un camino vivo, en el que Dios siempre tiene algo nuevo que decir, algo nuevo que sanar, algo nuevo que regalar… si uno se deja.

Me voy con el corazón lleno… y al mismo tiempo completamente removido. Con gratitud, con paz, pero también con una inquietud nueva, con un fuego que no quiero que se apague. Porque cuando uno vive algo así, ya no puede seguir igual. Ya no puede mirar su vida de la misma manera.

“Es Jesús a quién buscáis cuando soñáis la felicidad” S. Juan Pablo II

¡¡De Colores!!

Valeria Martos Lendínez
Equipo de   Responsables del MCC de Jaén

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La luz de la Resurrección ilumina la noche santa y llena de gozo el corazón de los jiennenses

La Vigilia Pascual ha reunido en la noche santa a numerosos fieles en el primer templo diocesano, para celebrar, con gozo y esperanza, que la luz ha vencido a las tinieblas, que Cristo ha resucitado.  

En el interior del templo de la Diócesis, junto a la Puerta del Perdón, se encontraba el brasero que contenía el fuego nuevo que bendecía el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez. Posteriormente, tras la incisión de la cruz, del alfa y el omega y de los otros signos en el Cirio, ha incrustado los cinco granos de incienso, en recuerdo de las llagas del Señor. El rito ha terminado encendiendo el Cirio Pascual, símbolo de la vida y la resurrección.

Ya con el Cirio encendido, el diácono permanente Francisco Javier López ha comenzado la procesión hasta el presbiterio, con el templo totalmente a oscuras.  Lo han seguido un seminarista con el báculo, el Obispo, algunos Canónigos de la Catedral, los seminaristas, los ministros y las dos niñas que iban a recibir las aguas del bautismo, junto con sus padres y padrinos. Ha cerrado la comitiva los fieles reunidos en esta solemne celebración.  

De camino hacia el altar mayor se ha entonado tres veces «Luz de Cristo», mientras se ha levantado el Cirio. En el primer canto, el Obispo ha encendido su candela. Tras entonar el segundo, uno a uno, todos los congregados han encendido las suyas. Una vez en el presbiterio, se ha pronunciado el tercer «Luz de Cristo», mientras se han encendido algunas luces del templo y el Cirio Pascual se ha instalado junto al ambón.

El seminarista Daniel Cano ha sido el encargado de cantar el pregón Pascual. Le han seguido siete lecturas, con sus salmos. A continuación, con el canto del Gloria, entonado por el grupo litúrgico musical EscuchArte, que ha participado con sus cantos en la celebración,  se han encendido todas las luces del templo y los seminaristas han vestido la mesa del altar. Después, las campanas han volteado anunciando que Cristo ha resucitado. Tras la lectura de la Epístola, se ha entonado el Aleluya. Y, finalmente, el diácono permanente ha proclamado el Evangelio de San Mateo.

Homilía

El Obispo ha comenzado su homilía subrayando el carácter central de esta celebración.  “Hemos llegado a la noche más santa de todo el año. La Iglesia, reunida en torno al fuego nuevo, a la luz del cirio pascual, a la Palabra que recorre toda la historia de la salvación y a la fuente bautismal, nos introduce en el corazón mismo de nuestra fe, en la que van a ser incorporados estos niños por el bautismo: ¡Jesucristo ha resucitado!”.

Asimismo, el Prelado jiennense ha subrayado el sentido de la Vigilia Pascual como culmen de la historia de la salvación. “Por eso esta Vigilia no puede parecernos larga. Esta noche la Iglesia nos hace recorrer las grandes obras de Dios: la creación, la alianza, la liberación del pueblo, la voz de los profetas, la promesa de un corazón nuevo, hasta llegar a la plenitud de los tiempos, cuando Dios nos entregó a su Hijo. Todo desemboca en esta noche. Todo queda iluminado por esta verdad: ¡el Crucificado ya no está en el sepulcro; ha resucitado!”.

En este sentido, Don Sebastián ha profundizado en el significado de la Resurrección para la vida del hombre, recordando que “la resurrección de Cristo significa que el mal no tiene la última palabra. Que el pecado no tiene la última palabra. Que el sufrimiento, la oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. La última palabra la tiene Dios. Y la palabra definitiva de Dios sobre el hombre no es la muerte, sino la Vida”.

Además, ha querido poner el acento en la dimensión bautismal propia de esta noche: “San Pablo nos lo ha recordado con fuerza: por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, para resucitar con Él a una vida nueva. Esta es nuestra identidad más profunda ¡Hemos sido incorporados a Cristo! Llevamos ya en nosotros la semilla de la vida eterna”. Y ha añadido: “Esta noche santa nos recuerda con fuerza que somos de verdad peregrinos de esperanza. No caminamos solos ni hacia una meta incierta ¡Caminamos con Cristo vivo!”

Finalmente, el Obispo ha exhortado a los fieles a anunciar la alegría pascual y a ser testigos de la Resurrección. “Queridos sacerdotes, seminaristas, personas consagradas, catequistas, agentes de pastoral, familias, jóvenes, mayores, cofrades y fieles de nuestras parroquias: id a comunicar a los hermanos esta noticia. Nuestro mundo necesita escucharla. Necesita testigos más que discursos, creyentes con rostro iluminado por la Pascua, cristianos que vivan con paz, con alegría serena, con caridad concreta y con esperanza firme”. Para terminar: “que Cristo resucitado nos conceda vivir ya desde ahora como hombres y mujeres nuevos, testigos humildes y valientes de su victoria”.

Sacramento del Bautismo

Al término de las palabras del Prelado, el diácono permanente ha portado el Cirio Pascual, mientras se entonaban las letanías, hasta la pila bautismal, donde Don Sebastián ha bendecido el agua. Allí se ha bautizado a las dos pequeñas: Julieta y Nazaret Mary.

A continuación, los fieles que estaban participando en la Vigilia Pascual han renovado las promesas bautismales. Y, con las candelas encendidas, al igual que el día de su Bautismo, el Obispo ha asperjado a todos los presentes.

Posteriormente, en la oración de los fieles se ha pedido, de manera especial, por Julieta y Nazaret Mary que acababan de recibir el Bautismo, y por sus padres y padrinos. Las ofrendas han sido presentadas ante el Obispo por las familias de los neófitos.

Tras la bendición final, el Obispo ha querido desear una feliz Pascua de Resurrección a los fieles y felicitar a las familias de las dos niñas, por el sacramento recibido.

La celebración ha culminado cantando el Regina Coeli y unas fotos de familia. Finalmente, y ya en la Sacristía, todos los fieles han podido compartir un chocolate caliente.

Galería fotográfica: “Vigilia Pascual”

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Los jiennenses se postran ante la Cruz, en un día “para dejarnos alcanzar por el amor de Cristo”

El Viernes Santo ha comenzado en la Catedral de Jaén con el rezo solemne de Laudes a primera hora de la mañana. Ya por la tarde, a las 17 horas, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de la Pasión del Señor en el primer templo de la Diócesis.

Una ceremonia marcada por la sobriedad, con el altar desnudo, el presbiterio sin ornamentación y el templo en penumbra, invitando al recogimiento y a la contemplación del misterio de la Cruz.

El Obispo, revestido con casulla roja y mitra, pero sin anillo ni báculo, ha iniciado la celebración en silencio junto a los concelebrantes. Sin cruz procesional, ciriales, incienso ni Evangeliario, han avanzado hasta el presbiterio. Allí, el Obispo ha dejado la mitra y se ha postrado ante el altar durante unos instantes, gesto que han acompañado los ministros asistentes, mientras el resto de los fieles permanecía de rodillas.

Don Sebastián ha estado acompañado por el Provicario General de la Diócesis, D. José Antonio Sánchez; el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz; y otros miembros del Cabildo catedralicio como D. Juan García, D. Juan Herrera, D. Antonio Aranda, D. Manuel Carmona, D. Antonio Lara. También han participado el diácono permanente Manolo Rico;los seminaristas, que han acompañado con sus cantos, y el canónigo y organista, D. Alfonso Medina.

A continuación, las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista Guillermo Pérez. El relato de la Pasión, según san Juan, ha sido cantado por D. Juan Francisco Ortiz y los seminaristas Faustine Frolianus y Salvador Ruiz.

Homilía

El Obispo ha comenzado su predicación recordando que “la Iglesia en este día no celebra la Eucaristía. Hoy calla, escucha, ora y contempla; nos pone ante la Cruz del Señor. Y ante ella sobran las palabras vacías. Ante ‘el estupor’ del gran amor contemplado en la Cruz, entramos en un verdadero abismo de adoración y de gratitud”.

Asimismo, ha subrayado que la Pasión según san Juan deja en el alma dolor, pero también una profunda paz. “Porque en medio de la injusticia, de la violencia y del odio, Jesucristo no aparece simplemente como una víctima arrastrada por los acontecimientos, sino como el Hijo que se entrega libremente por la salvación del mundo. Por eso, hoy no recordamos sólo un hecho pasado. Hoy adoramos el amor más grande que ha entrado en la historia: el amor de Cristo, Siervo sufriente, Sumo Sacerdote compasivo y Cordero que quita el pecado del mundo”.

En este sentido, Don Sebastián ha recordado que la Pasión “deja al descubierto la verdad del corazón humano. En torno a Jesús aparecen la cobardía de Pilato, la dureza de los sumos sacerdotes, la violencia de la multitud, la debilidad de los discípulos. Todos fallan. Todos, de un modo u otro, se apartan de la verdad. Y ahí estamos también nosotros. El Viernes Santo no es sólo el relato del pecado de otros. También nosotros cedemos al miedo, al interés, a la comodidad, al respeto humano. También nosotros, muchas veces, no somos fieles”. Para añadir: “Al mirar al Crucificado, cada uno puede decir: soy amado. A pesar de mis caídas, de mis incoherencias y de mi pobreza, soy amado. En Cristo con los brazos abiertos, Dios nos sigue acogiendo, perdonando y llamando”.

El Prelado jiennense, además, ha apelado a la conversión y a la esperanza cristiana, afirmando que la cruz nos obliga a reconocer esta verdad: “nuestro mundo no es inocente, y nosotros tampoco. Somos pecadores necesitados de salvación. Pero el pecado no tiene la última palabra. La última palabra la tiene el amor de Dios. El profeta Isaías nos ha presentado al Siervo sufriente que carga con nuestros dolores y pecados. Cristo es el Siervo sufriente, el que se entrega por nosotros. Toma sobre sí nuestra culpa para abrirnos un camino nuevo”.

Finalmente, ha invitado a los fieles a la adoración y a la contemplación del misterio de la Cruz, destacando que “dentro de unos momentos vamos a adorar la Cruz. No adoramos un madero, sino a Cristo que nos ha amado hasta el extremo. La cruz es el lugar donde ‘se revela la gloria de Dios’: una gloria que no aplasta, sino que salva; que no humilla, sino que levanta. Y pidamos al Señor que este Viernes Santo no pase superficialmente por nuestra vida. Que la cruz no sea sólo un gesto externo, sino el lugar donde renace nuestra fe y se renueva nuestra manera de vivir”.

Tras la homilía, y durante la oración de los fieles, se ha pedido por la Santa Iglesia; por el Papa; por todos los ministros y por los fieles; por los catecúmenos; por la unidad de los cristianos; por el pueblo judío, el primero a quien habló Dios; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes; y por los atribulados.

Adoración de la Cruz

Uno de los momentos de mayor recogimiento ha sido la adoración de la Cruz. El Cristo de las Misericordias, una talla de Gutierre Gierero, ha sido llevado por el diácono permanente, acompañado por dos seminaristas, desde el coro hasta el presbiterio, proclamándose en tres ocasiones: «Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo».

A continuación, el Obispo, despojado de la casulla y descalzo, ha venerado la Cruz, seguido por los presbíteros, seminaristas y fieles.

Posteriormente, se ha distribuido la Sagrada Comunión con las formas consagradas en la celebración del Jueves Santo, reservadas desde el día anterior.

Bendición con el Santo Rostro

Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones exteriores de la Catedral para bendecir, con el Santo Rostro, la ciudad de Jaén, sus habitantes y sus campos, desde los cuatro puntos cardinales.

La celebración del Sábado Santo comenzará a las 9 de la mañana con el rezo de los Laudes y culminará con la Solemne Vigilia Pascual, que tendrá lugar a las 22:30 horas en la Catedral, presidida, también, por nuestro Obispo.

Galería fotográfica: “Viernes Santo”

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