Nuestros mayores: Una apuesta de presente tan necesaria

Mensajeros de la Paz Vivimos en una sociedad que ha hecho grandes conquistas y ha avanzado en grandes logros, aunque ha ido dejando en la cuneta otros muchos valores que un buen número de ciudadanos añoran. Una sociedad  que valora sobre todo la eficiencia, la productividad, la rentabilidad, el despido anticipado…la belleza, la estética, la juventud. Se enfatizan continuamente esos valores hasta el punto que joven equivale a hermoso, guapo, bueno, independiente, productivo…y anciano equivale a inútil, carente de fuerza, de sexo, enfermo, sólo, nada que ofrecer, chinchoso o impertinente, -que decimos por aquí-. Nuestra sociedad se mueve muchas veces desde esos parámetros, y de hecho hay muchos hogares en los que los abuelos son un estorbo y una carga y pronto se les olvida a los hijos, lo que fueron sus padres, y lo que es peor se les olvida a muchos hijos que ellos también serán mayores.

 Pero seriamos injustos si nos quedáramos solo con esta apreciación, y además de injustos, desagradecidos, porque hay muchas personas mayores que además de tener un grado positivo de autonomía, son a la vez tremendamente útiles a la familia y a la sociedad.
 Yo he titulado este escrito, diciendo que los mayores son una apuesta de presente muy necesaria. Y lo afirmo así porque estoy convencido de que los necesitamos ahora más que nunca: los necesitamos porque gracias a ellos permanecen muchos de los valores que nuestra sociedad va enterrando y además se los trasmiten a los nietos; son necesarios y útiles porque llegan a donde muchos padres, por sus tareas laborales, no pueden llegar; son necesarios porque son historia viva, recuerdo permanente, experiencia vital…son necesarios mas allá de la mera productividad y del mero rendimiento.

 Es verdad que algunos de ellos llegada una edad sienten cercano un “destino inevitable” que les lleva a ser cada vez más dependientes y que incluso para  algunos de ellos eso les lleva a una especie de “vacío existencial” y que ello les aboca en algunos casos a una perdida de sentido, de perspectiva y de esperanza. Por ello en gran medida tendremos que saber acompañar a vivir con dignidad esta etapa de la vida haciéndoles sentir su necesaria presencia como un don y una tarea, y no como un estorbo o “aparcamiento residencial”.

 Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad del bienestar es “la soledad de  nuestros mayores”. Quienes viven este problema saben que es una experiencia desagradable y que va acompañada de otros sentimientos como la tristeza, el mal humor, o la creencia de sentirse rechazados y estorbando. Situación esta que no viene sola, sino que va acompañada de una sucesión de experiencias en muchos casos, como la pérdida del trabajo, el status social, el cónyuge, la habilidad física…lógicamente esto ayuda a una mayor experiencia de soledad.

 Quién no ha oído decir alguna vez de algún familiar cercano: “estoy muy a gusto, no me falta de nada, no me duele nada…pero estoy muy sola”. Todos lo hemos oído, y es que sentirse solo o sola es algo más complejo que el hecho de estar acompañado.Por ello es tan necesaria la actitud de reconocimiento y agradecimiento hacia ellos, por lo que fueron, por lo que sembraron, por lo que se entregaron, y ante ellos no queda otra actitud que el respeto y hasta la veneración, y aún así, siempre estaremos en deuda con ellos.

 Hay otra experiencia de soledad de los mayores, que yo quiero subrayar en este artículo, como responsable de una Asociación que trabaja tanto con menores como con mayores: EDAD DORADA, MENSAJEROS DE LA PAZ.

 En las Residencias de mayores, la  experiencia de soledad depende gran medida del tipo de asistencia prestada, de la importancia que se le da la dimensión social y emocional de las personas residentes. Lo que sí tenemos claro es que hoy las Residencias no pueden ser “un aparcamiento de mayores”. Hay Residencias que son auténticos “hoteles de cinco estrellas” y sin embargo no llenan el vacío o la soledad; lo cual quiere decir que si en algo nos hemos de esforzar es en dar un servicio no sólo de atención, sino sobre todo de ternura y de cariño, que sea de verdad de “cinco estrellas”. Tal vez los mayores le han perdido el gusto a muchas cosas, pero el gusto por la mirada, por el abrazo, por la caricia, por el beso, no lo han perdido. En esto tienen que jugar también un papel importante la familia.

 No olvidemos a nuestros mayores. Ellos siguen aportando grandes valores de humanización a nuestra sociedad y a nuestra cultura; ellos siguen aportando la memoria y el sentido de la historia, la experiencia de la vida, la sabiduría popular, la importancia del ser por encima del hacer. Mañana, tú y yo también seremos mayores, lo que no se, es si estamos sembrando en consonancia con lo que nos gustaría recoger o tal vez estamos hechos a la idea de que también acabaremos en una Residencia. De cualquier manera, “da lo mejor de ti, a ellos que con toda seguridad también dieron lo mejor de sí”. Ahora que no podemos invertir en bolsa con esta crisis, al menos invirtamos en valores, que algo quedará.

 Ahora a la puerta de la Navidad te invito a que hagas tuyo este lema, que es el lema de nuestra Campaña navideña: ¡LOS MAYORES TAMBIEN CREEN EN LOS REYES MAGOS!. No permitas que algún mayor se quede sin reyes, sin el detalle de cariño, sin la expresión de ternura…a ellos también les hace ilusión. No lo olvides, estas fechas son muy  señaladas y ellos también “lo sienten”, más aún se “resienten” por la cantidad de recuerdos que les vienen a la cabeza y al corazón.
      
Julio Millán Medina, Sacerdote, Presidente de EDAD DORADA, Mensajeros de la Paz- Andalucía

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