Más de 150 miembros de Vida Ascendente celebran el Día del Mayor

     El pasado martes, 4 de febrero, el Movimiento de Vida Ascendente celebraba el Día del Mayor.  
     La jornada, celebrada en el Seminario Diocesano, comenzaba a las 10.30 de la mañana con la acogida. A continuación, Dª Dolores Nuñez, presidenta del movimiento quiso comenzar dando las gracias a todos los asistentes. “Os agradezco el esfuerzo que habéis hecho por estar aquí hoy celebrando nuestros patronos y disfrutando de la amistad y la compañía, unos de otros. Este agradecimiento es generalizado. Todos los que estáis aquí tenéis mucho mérito porque el tiempo no nos acompaña; la edad hace que aparezca alguna que otra gotera que nos impide, sobre todo en invierno, el esfuerzo de madrugar… Pero a pesar de todo eso tenéis una fuerza, un entusiasmo y una alegría que quisieran muchos jóvenes”. 

     “Quiero dar las gracias, además, de manera especial a los coordinadores de Andalucía Oriental y Murcia que hoy nos acompañan, porque con su presencia están demostrando el cariño que tienen al movimiento de Jaén y la importancia que dan a estos encuentros multitudinarios donde celebramos esa amistad profunda que nos une y aprovechamos para cultivar nuestra espiritualidad”. 
     Por su parte, D. Facundo López, consiliario de Vida Ascendente, hizo una breve presentación del ponente, D. Luis María Salazar, Delegado de Apostolado Seglar. 
     Durante su conferencia «El primer anuncio del Evangelio a los alejados», Salazar asegura que “el Papa en su carta ‘La Alegría del Evangelio’ prefiere hablar más que de alejados, de ámbitos de la Evangelización.  Entonces, él habla de tres grandes ámbitos, tres campos de la Evangelización. Uno es lo que él llama la pastoral ordinaria, que son personas que en su corazón se sienten vinculadas a la Iglesia. Esa pastoral ordinaria abarca desde los que van a misa todos los domingos y están en el grupo, hasta los que vienen de vez en cuando. Otro ámbito sería el de las personas que estando bautizadas no viven las exigencias del Evangelio, que han decido libremente que no tienen nada que ver con la Iglesia. Son hijos de la Iglesia. La Iglesia no renuncia nunca a ellos, pero ellos si han renunciado a esa vivencia cristiana. Y, por último, sería el ámbito de aquellas personas que no conocen a Jesucristo o que lo han rechazado siempre. Lo que está claro es que el segundo grupo que no viven como cristianos y que no quieren vivir como cristianos es un grupo amplio y no muy lejos de nosotros, están en nuestro mismo entorno. ”
     “El Papa dice que hasta ahora se podía tocar la campana y que venga quien quiera. Pues no. Somos nosotros los obligados a salir. Somos nosotros los obligados a buscar. Somos nosotros los obligados a tomar una actitud que les haga más cercana la vida de la Iglesia a todas estas personas. Es decir, no vale decir yo pongo el cartel y que venga el que quiera. Si no que somos nosotros el que uno por uno tenemos que llamarnos a disfrutar del amor de Dios, al que te lo pregunta y al que no te lo pregunta. Toque o no toque estamos llamados a convocarlos. Y él empieza a hablar de cómo es esa Iglesia que está a la búsqueda, que sale a las periferias, las periferias de nuestra sociedad, unas periferias de nuestro mundo. Una Iglesia que no se conforma con que las cosas que hacemos salgan bien, no se conforma con hacer las cosas como siempre se han hecho, si no que tiene presente, como una madre, al hijo que no ha venido. Y para eso tiene que ser una Iglesia acogedora”, continúa. 
     A las 13 horas comenzaba c la Eucaristía, presidida por el Sr. Obispo, D. Ramón del Hoyo,  y concelebrada por Facundo López y otros sacerdotes de la diócesis. 
     “La razón de unir la Fiesta de la Presentación a esta jornada anual de Vida Ascendente, obedece a la presencia de aquellos dos ancianos: Simeón y Ana, junto a María Virgen y a San José, en la ofrenda del Niño Dios en el Templo de Jerusalén”, aseguraba D. Ramón del Hoyo durante su homilía. 
     Igualmente, el Sr. Obispo quiso destacar la figura de los mayores en las familias, la comunidad cristiana y la sociedad. “La Iglesia ha tenido siempre un gran respeto y aprecio por las personas mayores. Que son una bendición para las familias, para las comunidades cristianas y para la sociedad, pues cada generación aprende de la sabiduría y experiencia de la generación que nos precede.  Los largos años ofrecen la oportunidad de apreciar tanto la belleza del don de la vida, como también la fragilidad del espíritu humano. A medida que el curso normal de la vida crece en años, es cierto que también disminuye la capacidad física, pero crece la capacidad espiritual. A pesar, sin embargo, de estas limitaciones, siempre la vida es bella y nunca la persona mayor debe dejarse invadir por la tristeza. Un rostro alegre y sereno, a pesar de todos los pesares que lleve sobre sus hombros, es la mejor imagen de la persona mayor en años”. 
     La jornada finalizaba con una comida fraternal, entre los más de 150 miembros del movimiento procedentes de toda la diócesis. 
 
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