Carta Pastoral en el Año Jubilar Tuccitano

 

Queridos diocesanos, queridos marteños:

En esta carta dirigida a todos los cristianos de la Diócesis de Jaén, de un modo muy especial a los de la ciudad de Martos, os anuncio que la Santa Sede ha concedido la celebración de un Año Jubilar al templo parroquial de Santa Marta, con motivo de la celebración del VIII Centenario del patronazgo de esta entrañable amiga del Señor.

Cuando el Santo Rey, Fernando III de Castilla, conquistó la ciudad de Martos, que tuvo lugar el día 29 de Julio de 1219, convirtió la mezquita mayor en un lugar de culto cristiano, que dedicó a la Santa de Betania, hermana de Lázaro y María, amigos entrañables de Jesús, al que acogían en su hogar familiar. Desde entonces, los marteños reconocen con especial devoción a Santa Marta como abogada e intercesora.

Al cumplirse 800 años de aquel acontecimiento, la sociedad de la industriosa y trabajadora ciudad de Martos, no ha querido dejar pasar tal ocasión para recordar esa parte importante de su historia y ha preparado con un especial esmero múltiples actividades, con las que recordar y celebrar esta fecha tan singular. Naturalmente, la parroquia, con sus instituciones, desde hace tiempo tomó la iniciativa de aunar a todos y de preparar un extenso y rico programa.

Habiendo llegado a mis oídos, por parte de los sacerdotes, la celebración de tan significativa fecha, y dado el interés pastoral que desde mi llegada a la Diócesis de Jaén siento por Martos, pensé que sería una gran ocasión solicitar a la Santa Sede la concesión de un Año Jubilar con tal motivo. Tras consultar con el párroco, acompañado por la Comisión Organizadora, así como con todos los párrocos de la ciudad, hice la gestión necesaria y, puedo decir con gratitud que, de inmediato nos fue concedida y se nos autorizó para que pudiéramos comunicarlo a los fieles

Un Año Jubilar es, sobre todo, una gracia extraordinaria del Señor, que hay que vivirla con profunda fe y con deseo de vivir en santidad. Un Jubileo se vive con alegría en el corazón en torno al mensaje y al testimonio que nos transmite el hecho celebrado. Pero, sobre todo, un Jubileo se celebra de un modo especial con la PEREGRINACIÓN al lugar santo que tiene el privilegio concedido, el templo parroquial de Santa Marta. Ese será el lugar al que hemos de ir como peregrinos de la fe para encontrar en él las gracias que el Señor nos concede, con las condiciones que la Iglesia nos propone para ganar el Jubileo.

El templo parroquial de Santa Marta, en Martos, será una cita espiritual y eclesial para marteños, para todos los cristianos de la Diócesis de Jaén, para los emigrantes marteños repartidos por la geografía española y por el mundo, y para cuantos de cualquier lugar quieran encontrar gracia y paz de Dios en esta buena tierra del Santo Reino, que está en el mar de olivos. De un modo especial es una invitación amiga para todos los andaluces y, entre ellos, para los granadinos, malagueños y cordobeses.

Es evidente que el objetivo de todos, al peregrinar a Martos, no será otro que el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo de la mano atenta y servidora de Marta, de la amistad entrañable con el Maestro de Lázaro y con la actitud de escucha contemplativa de María. ¡No podemos estar mejor acompañados que por estos tres amigos, tan especialmente cercanos en la amistad a Jesús! Con los tres, y especialmente con Marta, confesaremos en cada paso jubilar lo que ella le confesó a Jesús: “Tú eres el Cristo, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11,27). Esta confesión nos fortalecerá en el encuentro con Cristo cada vez que individualmente o en grupo vivamos la experiencia jubilar como peregrinos; nos sentiremos más discípulos del Señor. Pero también saldremos, de lo que será el corazón espiritual de Martos, más misioneros. Considero, en efecto, una gracia del Señor que este acontecimiento coincida con la Misión Diocesana. Estoy convencido de que este Año Jubilar tuccitano será una oportunidad de volver a descubrir a la Iglesia, de la mano de Santa Marta, como un hogar en el que su mayor gracia y tesoro es sentir la amistad con el Señor.

Peregrinar supone, además, un gran favor, que agradeceremos especialmente al recordar nuestra condición de pecadores. Al peregrinar hay que llevar en el corazón un fuerte sentido de que no hay nada mejor para nosotros que la amistad con el Señor, esa de la que el pecado nos priva. Por eso, un Jubileo concede a cuantos peregrinan la indulgencia del Señor, que afecta muy directamente al perdón de nuestros pecados y a la liberación de las penas que nos acarrea el cometerlos. A través del sacrificio salvador de Jesucristo, al pedir la intercesión de Santa Marta, la Santa Madre Iglesia nos ofrece las indulgencias jubilares. Esto supone para nosotros varias cosas fundamentales: que aspiramos a la salvación, que nos arrepentimos de nuestros pecados por el Sacramento de la Reconciliación y que buscamos la indulgencia divina para la pena temporal que merecen nuestros pecados. A quienes peregrinan a un santuario jubilar se les concede la gracia de borrar las consecuencias del mal, en su vida o en la de otros; es decir, las penas que merecen los pecados.

Y algo muy especial en un Año de Gracia será nuestra mirada con especial predilección a los pobres. Con Santa Marta todos diremos lo que ella aprendió de Jesús: “Los pobres son evangelizados”. Por eso no va a faltar en el Año Jubilar Tuccitano un proyecto social que sintonice con la casa de Betania, en la que Cristo, en los pobres se sienta acogido siempre.

Os invito a todos a peregrinar al templo parroquial de Santa Marta en Martos, que siempre estará abierto espiritual y materialmente como lugar de encuentro con la gracia del Señor. Santa Marta nos acogerá y le dará a nuestra fe un estilo confesante que nos animará a participar activamente en la Misión Diocesana. Os invito a todos cuantos podáis a participar en el acto de apertura del Año Jubilar Tuccitano y de la Puerta Santa, que tendrá lugar el día 20 de enero, a las siete de la tarde (19,00 horas). Será una oportunidad preciosa para encontrarnos con Jesús y decirle: “Tú eres el Cristo, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11,27).

Por cierto, cuando estéis en Martos, además de otros muchos atractivos, no os olvidéis de San Amador y, sobre todo, no dejéis de visitar el precioso Santuario de la Virgen de la Villa, Madre de todos los marteños. Con Ella conoceremos mejor a Marta y a sus hermanos.

Con mi afecto y bendición.

 

Jaén, 10 de enero de 2019

 + Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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