Razones de la fe XII. Conclusión: ¿Por qué si eres secularista no reconsideras tus premisas?

1 septiembre de 2020

A lo largo de esta  serie de artículos hemos ofrecido una serie de argumentos a favor de la existencia de Dios. No hemos tratado de demostrar su existencia, algo que está más allá de la capacidad intelectual del hombre. Lo que se ha pretendido es presentar una serie de razones que tomadas en su conjunto  bastan para generar una gran certeza racional. En este proceso hemos  comparado las dos grandes tesis metafísicas que se destacan en la actualidad: el teísmo (Dios es como fundamento de todo lo real) y el naturalismo ateo. Los indicios racionales que hemos analizado parecen dar mayor verosimilitud a tesis teísta que a la naturalista.

En el sano ejercicio de nuestra razón  hemos detectado huecos a través de los cuales el mundo clama silenciosamente por su Hacedor[1] :

El hueco ontológico: ¿Por qué existe algo en vez de nada? El problema en juego es la propia existencia. Obviamente Dios daría respuesta a ese ¿por qué?

El hueco epistemológico: ¿Por qué es comprensible el mundo? La ciencia presupone, pero no  explica,  la inteligibilidad de la realidad. Lo que existe se nos presenta como inteligible, razonable. La fuente de la existencia debe ser la fuente de dicha racionalidad. Omnipotencia y origen de la racionalidad se aúnan en lo que llamamos Dios.

El hueco cosmológico, biológico y antropológico: Las probabilidades convergentes  nos han ido mostrando  como la evolución cósmica presenta un universo en el que se van desarrollando estructuras de complejidad creciente que el simple azar no puede explicar. El dios azar que nos presenta en naturalismo parece demasiado inteligente. Esas fuerzas cósmicas que de la materia llevan a  la vida, la racionalidad y la libertad, tomadas conjuntamente  reafirman la tesis de que toda la realidad apunta a un fundamento  al que llamamos Dios.

– El hueco axiológico: Es el que nos conecta con el bien y el valor de lo existente. El universo se encuentra impregnado de sentido y de valor, dimensiones opacas al naturalismo. Vislumbramos que la fuente de la existencia, la racionalidad y el valor coinciden. Obviamente  un ser en el que la omnipotencia, el sentido y la bondad se aunaran daría respuesta a todo esto, y ese ser es el que llamamos Dios.

No obstante, no todo queda circunscrito a la fría lógica, existen como hemos visto otras razones que podríamos llamar existenciales. Teístas (creyentes) y naturalistas (increyentes)  van caminando por la historia, les acompañan días de sol y días de tormenta, días de dicha y días de lágrimas, solo al final del  camino habrá una verificación escatológica. O sea,  tras el último recodo, allende las puertas de la muerte, uno de los dos (creyente o ateo) tendrá razón[2].  Sin embargo hay una diferencia esencial para ambos caminantes. Como señala Tetens[3]  la tesis que considera que los seres humanos no somos sino un trozo de materia complejamente organizada en un mundo puramente material,  siendo audaz, no es demostrable y resulta absurda desde un punto de vista existencial,  dificultándonos en extremo el entendernos como personas racionales. Su mensaje es absolutamente desconsolador. Por el contrario la  tesis que afirma que nosotros y el mundo material somos criaturas de Dios misericordioso que  quiere  nuestra salvación, es igualmente atrevida y tampoco es demostrable, aunque existen muchos indicios que apuntan a ella.  Pero además tiene un gran valor existencial y a su luz podemos entendernos como seres  racionales y morales.

La opción teísta está plenamente justificada desde el punto de vista puramente racional. Pero además  está también motivada por el deseo de defender una vida que merezca de verdad la pena, de un universo que tenga un sentido, esto nos parece muy  importante. Si el naturalista tiene razón nunca podrá celebrar su triunfo tardío, pues la nada marcará el fin del trayecto. En el caso que el teísmo esté en lo cierto la cuestión será totalmente distinta, Dios estará ahí.

Pensamos que  a los creyentes estos artículos les habrán podido hacer reflexionar sobre la racionalidad de la  fe,  aspecto fundamental para poder dar razones de su esperanza. Pero pueden ser igualmente importantes para el secularista. La cuestión que les planteo es esta: ¿Si, como hemos mostrado, la tesis que afirma que Dios existe nos lleva a esperar justamente lo que encontramos en nuestra experiencia, mientras que la creencia de que Dios no existe no lo hace, por qué no avanzar, al menos tentativamente, y replantearse la posibilidad de su existencia? ¿Por qué no cuestionar los presupuestos en los que se asienta su increencia?  Los secularistas debieran darle una oportunidad  a estas reflexiones  para que, sin descartarlas de principio, puedan repensarlas con algún grado de profundidad[4] .

Quizás  algunas de las ideas y de las intuiciones que hemos ido exponiendo en estos artículos permitan  que nuestros oídos escuchen el mensaje que nos transmite el propio universo, esa ha sido nuestra intención. Entonces, si esto acontece, podremos escuchar esa Palabra que rompe su silencio e irrumpe en el tiempo y el espacio humano. Una Palabra, que como el cristiano sabe, se ha revelado plenamente en Cristo  desvelando el Misterio abisal de la realidad.

Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

[1] A. Llano habla de tres huecos , ontológico, epistemológico y axiológico; yo prefiero hablar de seis añadiendo el cosmológico, biológico y antropológico; vease En busca de la trascendencia. Encontrar a Dios en el mundo actual, Ariel, Barcelona 2007.

[2] J. Hick, Faith and Knowledge, Cornell, Nueva York 1957.

[3] H. Tetens, Pensar a Dios. Un ensayo de teología racional, Sígueme, Salamanca 2017.

[4] T. Keller, Una fe lógica. Argumentos racionales para creer en Dios, B&P, Nashville 2017.

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