Joseph Conrad, en las raíces del “mundo global”

27 noviembre de 2024

La tiranía del tiempo de toda publicación periódica me ha obligado a retrasar mi tributo personal y mi homenaje debido a uno de los cinco primeros novelistas de mi canon literario personal. Hablo de Joseph Conrad, escritor nacido en 1857 en las ya entonces inciertas tierras polaco-ucranianas del Imperio ruso; y que falleció, con 67 años, el día 3 de agosto de 1924, hace ahora poco más de cien años, en las cercanías de la emblemática y señera ciudad inglesa de Canterbury.  Allí, en corazón mismo de la Iglesia de Inglaterra, en el único y apartado cementerio católico de la ciudad, en la lluviosa mañana del día siguiente a su muerte, su cuerpo fue depositado en una tumba sobre la que, pocos días después, se puso una lápida que llevaba tres errores en su nombre y con unos versos de Spencer. En las tres veces que he visitado la tumba de Conrad me he sentido embargado por su áurea humana y literaria. La última vez que la visité fue justo después de leerle “La locura de Almayer” (1895), un relato verdaderamente sublime y sobrecogedor.

No entro aquí en la poliédrica trayectoria humana y literaria Conrad, si bien me permito recomendar la lectura de la iluminadora, erudita, apasionada e inteligente biografía escrita en 2017 por la catedrática de Historia de la Universidad de Harvard, Maya Jasanoff con el título “La guardia del alba. Joseph Conrad en el nacimiento de un mundo global” y publicada en español el pasado mes de julio por Editorial Debate. Va en descrita en esta obra una lúcida exploración de su vida y época; y de la turbulenta globalización que él vivió y también de la nuestra hoy.  Las migraciones, el terrorismo, las tensiones entre capitalismo, los nacionalismos y la revolución de las comunicaciones de principios del siglo XX propulsaron el destino de Conrad. Fue un verdadero profeta de lo global. Su vida, y también su obra literaria es también la historia de la globalización y un reflejo veraz de las aspiraciones y retos del mundo actual. “Él era uno de los nuestros” escribe en el capítulo con el que comienza “Lord Jim”. Y es una frase que, como un mantra, se irá repitiendo en la novela y que logra que el lector se sienta cercano y contemporáneo al personaje, ya sea el lector de entonces como el de ahora. De ella y de la que titulo “El corazón de las tinieblas” hablaré aquí. Son muchas más, pero he preferido destacar solo estas dos novelas, de las más señeras escritas por Conrad.

“Lord Jim”, la primera novela inglesa del siglo XX
Es la primera novela inglesa del siglo XX. Publicada en 1900 es una novela sobre los entresijos de la persona, un perfil del Hombre en los albores del nuevo siglo y un alegato de la libertad personal en un mundo globalizado. Jim es un personaje tan complejo que escapa de la búsqueda para encontrarlo. No encaja en el campo de la terminología moderna, no determinado ni por la paranoia ni por la esquizofrenia, por la simple razón de que no fue concebido a lo largo de este eje del pensamiento. De la misma manera, incluso si transmite actitudes infantiles inconscientemente en su vida adulta, Conrad nunca menciona este aspecto de la conciencia y está satisfecho con la palabra “misterio”. Del mismo modo, ver en él un análisis de la diversificación de un personaje, varios esquemas coherentes que probablemente se actualizaron, Jim héroe por vocación, Jim víctima por elección personal, Jim hombre de acción, Jim poeta, en fin una alegoría de las diferentes edades del hombre, la adolescencia, la primera madurez, la segunda madurez, permanece impotente para desentrañar al personaje. Para Conrad, el hombre se parece primero a su cuerpo, su apariencia física profetiza su futuro, para tomar partido a favor o en contra de él, del mismo modo que los pícaros firman su vileza con su aspecto innoble, grotesco o sospechoso. Jim es descrito como amigable y de mente abierta; se le atribuye su apariencia y, hasta cierto punto, no está mal, el error que lleva en sí mismo no reflejado en su físico. Después, el hombre se parece a su profesión, porque al formarse, adquiere su personalidad, su estilo, su realidad e incluso su valor. Como tal, es significativo que fue esta faceta de su personalidad es la que primero presenta Conrad, quien, obviamente, piensa que el hombre es consistente con lo que hace, que su acción es real como en el oficio o imaginaria como en el sueño.

“El corazón de las tinieblas”, una radiografía del horror
Relato escrito en 1899, un año antes de la anterior novela, habla de un descenso a los infiernos del colonialismo. Es una de las novelas más estremecedoras de todos los tiempos, además de una de las obras maestras del siglo XIX. El libro cuenta el viaje que el protagonista, Marlow, hace por un río del Congo en busca de Kurtz, un agente comercial que al parecer se ha vuelto loco, ya que cruza la débil línea de sombra que separa el bien del mal y se entrega con placer a las más terribles atrocidades. La obra de Conrad es una crítica feroz al imperialismo y al colonialismo europeo en África. A través de la búsqueda de Kurtz, Conrad presenta una imagen desgarradora de la humanidad y la civilización, mostrando cómo las personas son capaces de sumergirse en la oscuridad más profunda cuando se encuentran en un ambiente hostil y sin ley. Conrad también utiliza su prosa impresionista para crear una atmósfera claustrofóbica y amenazante, utilizando la naturaleza como un reflejo del estado mental de los personajes. Los personajes son retratados como seres angustiados y confundidos, luchando por mantener su cordura en un lugar donde el caos y la muerte son inevitables.

Dos grandes novelas en las que invito al lector a sumergirse. Y hacerlo después de leer la carta que sobre la importancia de la literatura ha escrito el Papa Francisco recientemente y a la que, más en una entrega posterior, me habré de referir para presentar las claves de un escrito pontificio del que, lo primero que hay que decir es que no es un canon literario personal de Bergoglio, sino unas ideas generales de Francisco sobre la importancia de la literatura en los procesos de crecimiento de todo creyente.

Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista

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