Escritores de la “Literatura del Yo”
22 diciembre de 2025
La Historia de la Literatura Universal, desde Plutarco a Stefan Zweig y de san Agustín a Chesterton, está plagada de libros de memorias, biografías, autobiografías o diarios. Los hay de experiencias religiosas, revolucionarias, ortodoxas o heterodoxas. También abundan quienes escriben sobre vidas ajenas, y en ellas llegan a adentrarse en las grandezas y miserias de la condición humana. Han sido los escritores británicos los que en el pasado siglo han apadrinado el nacimiento de un nuevo subgénero literario de la Biografía, el “Life writing”, término anglosajón que define la “Literatura del Yo”, abriendo así las puertas a muchas obras de la literatura universal. En la entrada de este nuevo habitáculo literario, bien pudiera aparecer escrita la frase orteguiana que mejor define el subgénero: “Yo soy yo y mis circunstancias”.
AGUSTÍN DE HIPONA Y TERESA DE ÁVILA, DOS VIDAS CONTADAS DESDE SU EXPERIENCIA DE DIOS. En el actual universo literario, tanto escritores como críticos e historiadores consideran las “Confesiones” de San Agustín como la primera biográfica escrita de Occidente. Los 13 libros agrupados en ellas fueron escritos por Agustín de Hipona entre los años 397 y 398. Redactados a modo de oraciones, son la autobiografía del Obispo de Hipona, escrita desde la experiencia religiosa de su conversión. El comienzo de las “Confesiones” está considerado como uno de los más sublimes e impactantes comienzos de la narrativa literaria: “Porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Hablando desde su profunda y luminosa experiencia de Dios, San Agustín en las “Confesiones” invita, propone y anima a la conversión.
No es ese el propósito de Teresa de Ávila cuando escribe “El Libro de la Vida” en los años de 1562 a 1565, influida por la lectura de San Agustín. Escrito por obediencia, en él habla de su experiencia de Dios, de su viaje espiritual interior y de los trabajos en la Reforma del Carmelo. Escribir un “discurso de mi vida” era entonces empresa insólita y problemática, no solo por ser mujer, también por la sombra de la Inquisición. Hacía falta no solo tener motivos y razones de obediencia, también una decisión y una audacia singulares. Dar forma escrita a una experiencia mística, ya de por si íntima e inefable, y hacerlo con decisión, no era cosa fácil. Aparte el auxilio divino, solo el talento propio permite salir adelante en la lucha por la expresión. De este libro y de la santa carmelita dijo el novelista español tan brillante como agnóstico, Javier Marías: “El éxito de Teresa está en habérsenos puesto ante los ojos tan verdadera que hasta su mismo fracaso literario es parte para leerla y admirarla”.
ILYA EHRENBURG Y FEDOR DOVSTOIESKY, MEMORIAS DE SUMISIÓN Y PERSECUCIÓN. Dos escritores rusos, uno del siglo XX y otro del XIX; dos vidas opuestas y dos libros brillantes en su propósito, forma y estilo. Hablo del periodista soviético Ilya Ehrenburg (1891-1967), autor de “Gente, años, vida. Memorias”; y del novelista ruso Fiodor Dostoyevski (1821-1881), autor de “Memorias de la casa muerta”. Ehrenburg, escritor y novelista, puso su pluma al servicio de Stalin, como ferviente discípulo del comunismo soviético. Como periodista brillante que era, desde las páginas de “Izvestia”, voz de la “verdad comunista”, escribió crónicas y reportajes, cargados de ideologización, de la Europa de los años treinta y cuarenta del pasado siglo. Corresponsal de guerra y asesor soviético en la España de los años 1936-1939, vivió de cerca y escribió de sangrientos episodios bélicos, entre ellos, varios vividos de cerca en nuestra provincia de Jaén. La honestidad que toda obra autobiográfica ha de tener, Ehrenburg se la guardó hasta después de su muerte cuando apareció el libro aquí referenciado. En él confiesa no solo su fracaso personal y la pérdida de su fe comunista, sino también el peligro en el que estaría Europa y el mundo, si no lograra deshacerse del yugo soviético. Por su parte, y víctima de otro yugo, el yugo de la Rusia zarista, Dostoyevski, condenado ocho años a trabajos forzados en Siberia, habla de esos años en su obra autobiográfica “Memorias de la casa muerta”. El libro, tan personal como crudo, fue fruto de su sentimiento de desubicación, de convivencia forzosa, del progresivo conocimiento de su condición humana y de cuánto le une y distancia de los demás. El novelista ruso, con este libro descarnado, inauguró un género literario, el de las “Memorias de presidio”, que el siglo XX hará tristemente famoso.
CHATEAUBRIAND, CANSINOS ANSSENS Y TRAPIELLO Y LA MEMORIA DEL TIEMPO. De estos tres escritores, francés el primero y españoles los otros dos, solo diré, y a beneficio de inventario del género que nos ocupa, el título de sus grandes obras en las que recogen la vida y el pulso de una época. Chateaubriand lo hace de la Francia del Diecinueve en sus “Memorias de Ultratumba”, un relato desengañado que define como “un templo de la muerte, erigido a la luz de los recuerdos”. El escritor sevillano Cansinos-Anssens, relata la España periodística, cultural y literaria en los años 1900-1936, en los tres volúmenes de su “Novela de un literato”. Y Andrés Trapiello hace lo propio de la España de los años 1987-2010 en los 24 volúmenes de su “Salón de los pasos perdidos”, publicados entre 1990 y 2023. “Busco en estas memorias un sentido que la realidad no tiene; solo pretendo ordenar la realidad”, dice de su obra el escritor leonés.
Y GOETHE, UNA CODA OBLIGADA. En el subgénero literario de la biografía destaca el filósofo, pensador y escritor alemán Goethe. Todo un universo de nombres, acontecimientos, ideas, visto desde su personalidad fáustica, es el que recoge en la brillante autobiografía de su juventud a la que dio por título “Poesía y verdad”, obra que fue escribiendo durante veinte años. Es ésta una de las mejores muestras de esa “Literatura del Yo” de lo que he venido hablando hoy.
Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista
