Efemérides o el lujo de recuperar el tiempo
31 enero de 2026
Arranco el año tableteando el titulo de la gran novela de Marcel Proust, “En Busca del tiempo perdido”. En este mundo nuevo en el que vivimos tan convulso como espasmódico la prisa se ha convertido en regla importante. Y de ahí que haya tomado carta de naturaleza que “El tiempo es oro” y no puede perderse y bagatelas. Ya, y no hace mucho que este pensamiento comenzó a extenderse, muchos de quienes lo tuvieron como principio axiomático de su vida, han acabado perdiendo el tiempo y sin oro. Y es que era la nueva manera que los plutócratas y mandarines de la nueva era tienen para seguir su vieja y larga carrera de explotación de los trabajadores. Y ya metidos en esa vorágine explotadoras de tiempo y oro, es mucha la gente que piensa y dice que “leer novelas es perder el tiempo.”. No saben lo que se pierden pues no se pueden permitir lo que yo llamo “el lujo de recuperar el tiempo”. Porque quien no lee no sabe lo que es vivir en en el mundo de la ficción que es el mundo de la verdad de las mentiras, el que os lleva conocer mundos nunca vistos, gentes sorprendes de quienes tanto aprendemos, y sobre todo a no poder darse el lujo de habitar en mundos en los que los sueños pueden hacer reales quienes leen.
Las efemérides literarias nos permiten ese lujo, l lujo de la relectura o de hacer que las novelas viejas sean nuevas y nos siga abriendo mundos nuevos con nuevos sueños. De las efemérides de nacimientos, novelas y muertes de este año 2026, traigo aquí cinco obras literarias con las que leyéndolas podemos darnos el lujo de recuperar el tiempo. Son El Buscón, de Francisco de Quevedo, La Regenta, de Leopoldo Alas, “Clarín”, El castillo, de Kafka, Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa y El libro de las Horas, de Rilke.
“EL BUSCÓN”, DE FRANCISCO DE QUEVEDO CUMPLE CUATRO SIGLOS. La clásica novela y maestra de novelistas. Es la indiscutible cima del arte literario español, Obra amena y difícil, destaca por su caricaturesca descripción de una sociedad desintegrada y por su espléndida creación verbal, modelo de ingenio y de experimentación lingüística.
HARÁ CIEN AÑOS QUE MURIÓ RILKE. «El Libro de Horas» presenta una serie de poemas agrupados en ciclos encadenados. Estos poemas exploran temas como la religiosidad, la belleza, la naturaleza y la existencia humana. Comienza con una difusa religiosidad panteística o estética y se adentra en la belleza de las cosas y la vida en la gran ciudad. Sin embargo, a medida que avanza, el libro aborda la pobreza, personificada tanto por San Francisco de Asís como por el mítico Orfeo.es una lectura enriquecedora y desafiante. Rilke logra capturar la esencia de la experiencia humana y explorar profundamente temas universales. Su poesía es hermosa y evocadora, y su enfoque en la espiritualidad y la conexión con la naturaleza invita a la reflexión.
TAMBIÉN MURIO HACE CIEN AÑOS LEOPOLDO ALAS, “CLARÍN”. “La Regenta “es, en definitiva, un fresco narrativo de la sociedad burguesa y urbana de la época, dominada por la nobleza decadente, el clero egoísta y la política caciquil. La obra explora temas como la soledad, la represión, el deseo, la hipocresía y la búsqueda de identidad, ofreciendo una crítica feroz de la moral y las costumbres de la sociedad española del siglo XIX.
CIEN AÑOS CUMPLIRÍA JOSEFINA ALDECOA. Su novela “Historia de una maestra” es la narración, hecha desde la memoria, de la vida de Gabriela durante los años veinte y hasta el comienzo de la guerra civil. Con el trasfondo de la República, la revolución de octubre y la guerra, esta novela rememora aquella época de pobreza, ignorancia y opresión, y muestra el importante papel de la enseñanza y de aquellos que lucharon por educar un país. Contada desde la verdad del recuerdo, con sentimientos que apenas nos atrevemos a reconocer y desde una progresiva toma de conciencia, Josefina Aldecoa nos abre un camino a la esperanza y al idealismo
Y CIEN AÑOS HARÁN QUE KAFKA ESCRIBIÓ SU GRAN E INFLUTENTE NOVELA “EL CASTILLO”. El Se trata una de las obras más perfectas de su autor, la culminación de la poética kafkiana. El punto de partida que dispara toda la acción es sencillo: Joseph K. ha llegado a un pueblo para ejercer de agrimensor. Ha sido llamado para prestar sus servicios. No obstante, antes de ponerse manos a la obra, necesita aclarar algunas cuestiones con las autoridades de un castillo que señorea los dominios del pueblo y obtener su beneplácito. Lo que sigue es un peregrinaje infinito de Joseph K. por las calles de este pueblo con el objetivo de acceder a las autoridades del castillo y poder cumplir así con su cometido.
Acabo con un consejo de Año Nuevo: Dense el lujo, leyendo estas novelas, de recuperar el tiempo.
Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista