Carta Pastoral: Campaña de personas sin hogar ‘Tengo dignidad. Hazme visible’

24 noviembre de 2016

Queridos diocesanos:

Los valores humanos “intrínsecos” son los que se poseen por el hecho mismo de ser persona. La “dignidad” es uno de ellos. Ser dignos es la primera y más esencial carta de presentación de los seres humanos. Por el sólo hecho de ser persona todos somos dignos. Los cristianos, además, tenemos la suerte y la responsabilidad de conocer la fuente de la dignidad humana; sabemos cómo quiso el Creador que fuéramos todos los seres humanos: imagen y semejanza suya; y por eso alguien capaz de conocerse y de entrar en relación con Dios y con las otras personas.

Esto, que es un verdad incuestionable, muchas personas no lo tienen reconocido. En una sociedad que clasifica no por lo que se es, se ha ido poco a poco haciendo invisible la dignidad de muchos seres humanos; especialmente la de los más de 40.000 que deambulan por España en la más absoluta indigencia. Si digo, además, que deambulan es porque les falta un derecho inherente a su dignidad: un techo que les cobije. Por eso justamente, celebramos en esta semana de noviembre una campaña que lleva por lema Nadie sin Hogar.

Algunos nos dirán que esta pretensión es una utopía; nosotros, sin embargo, decimos que lo que pretendemos es imprescindible y posible. Lo es si el punto de partida es el reconocimiento de la dignidad de esa multitud de seres humanos a los que le falta el derecho al cobijo digno. En la Iglesia decimos, además, que es posible, porque humildemente podemos mostrar que esta posibilidad no sólo  es un deseo, sino una realidad. No sólo ahora, sino a lo largo de todos los tiempos, los cristianos han creado instituciones y promovido proyectos para darle cobijo a los sin techo.

También hoy queremos decir alto y claro a la sociedad en general que tenemos que hacer visibles, una a una, a todas esas personas que andan solas y desamparadas por el mundo, mendigando dignidad, sin que casi nunca la encuentren. Nuestro encuentro con los sin techos, aunque sea generoso es, en la mayoría de las ocasiones, con alguien anónimo. Casi nunca nos ha interesado saber a quién hemos ayudado.

Por eso, hacerlos visibles no consiste sólo en decir “ahí están”. Hay que acercarse a cada persona, hay que conocerla, hay que ofrecerles el calor de la fraternidad, hay que ayudarles a encontrarse consigo mismo y hay que ofrecerles espacios de encuentro con una sociedad que sabe decirles: tu dignidad es la mía, tu dignidad me dignifica también a mí. Un ejemplo precioso lo acabamos de recibir del Papa Francisco en el Jubileo de los sin techo. Ha hecho especialmente visible y cercana la preocupación por ellos desde que comenzó su ministerio como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro.

Se aproxima la campaña de la recogida la aceituna, nuestro tesoro material más preciado, que tiene lugar en el más crudo invierno. Como cada año, hemos de poner en juego nuestra capacidad de acogida, reconociendo a la multitud de cuantos van a venir a nuestra diócesis en su dignidad personal y ofreciéndoles el techo y el calor de hogar que necesitan. Hagamos de la solidaridad cristiana nuestro tesoro espiritual más preciado. Hagamos visibles a cuantos sin techo tengamos entre nosotros, reconociéndonos en ellos, y pongamos en valor de ese modo la dignidad humana.

Para todos, mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

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