Carta Pastoral: Beatificación de Pablo VI

17 octubre de 2014
     Queridos fieles diocesanos:
     1. El próximo domingo, día 19 de octubre, coincidiendo con la jornada del DOMUND, tendrá lugar en la Plaza de San Pedro en Roma, la beatificación del Siervo de Dios, Pablo VI, en la Misa de clausura del Sínodo extraordinario sobre la familia.
     Un nuevo testigo de la fe en la larga cadena de la historia de nuestra Madre, la Iglesia. Nos alegra y damos gracias a Dios. Su proceso de beatificación había comenzado el 11 de mayo de 1993 y, hasta el 7 de mayo de 2014, no se aprobó el milagro necesario para su beatificación “por la vía de virtudes”.

     Había sucedido a San Juan XXIII en un momento histórico marcado por muchos desafíos y problemas en la Iglesia de aquellos años. Fue el Papa que asumió la gran tarea iniciada por el “Papa bueno”, su predecesor: reabrir el Concilio Vaticano II y dirigir su continuidad hasta su finalización. De él escribió Benedicto XVI que “cuanto más conocido es… tanto más es apreciado y amado”.
     2. Son innumerables los rasgos que podríamos destacar del nuevo Beato: Aparte del desarrollo y finalización del concilio, ya señalado, abrió el diálogo tan necesario de la Iglesia con el mundo contemporáneo, logró una mejor comprensión de la naturaleza de la Iglesia y del Colegio Episcopal, fomentó las relaciones ecuménicas con las iglesias ortodoxas, anglicana y protestantes, impulsó importantes reformas en la Curia romana, y la liturgia, inició la fecunda celebración de los Sínodos de Obispos.
     Nunca agradeceremos bastante su fecundo magisterio que, con el paso de los años, cada vez aprecia mejor su importancia.   Recordemos sólo sus Encíclicas más sobresalientes: Ecclesiam suam, del año 1964; Mysterium fidei, del año siguiente; Sacerdotalis caelibatus, del año 1967. En este mismo año Populorum Progressio, sobre el desarrollo de los pueblos y, en el siguiente, sobre el amor conyugal, Humanae vitae.
     Pero podríamos destacar dos aspectos de su pontificado sobre todos los demás:
     3. Su amor a Cristo y a la Iglesia.
     Recordamos sus palabras que con íntima emoción pronunció al inaugurar la segunda sesión del Concilio Vaticano II: “Cristo es nuestro principio, dijo, Cristo es nuestro camino y nuestro guía. Cristo es nuestra esperanza y nuestro término… Que no se cierna sobre esta reunión otra luz si no es Cristo, luz del mundo. Que ninguna otra verdad atraiga nuestros ánimos fuera de las palabras del Señor, nuestro divino Maestro. Que ninguna otra aspiración nos anime si no es el deseo de serle absolutamente fieles” [1]
     En todas las etapas de su vida, desde los primeros años de su sacerdocio hasta su Pontificado fue siempre fiel a este amor apasionado por Cristo unido a su entrega y servicio incondicional a la Iglesia. Así lo confesó personalmente en una Meditación ante la muerte: “Puedo decir que siempre la he amado… y que para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido” [2]. Quiso y defendió una Iglesia “pobre y libre”.
     4. Su celo misionero.
     Destaquemos también esta faceta en el nuevo Beato, en el mes de las misiones que estamos celebrando.
Como el Apóstol Pablo, del que tomó su nombre, su amor a Cristo y a la Iglesia le impulsó a emprender viajes apostólicos nada fáciles y a realizar gestos proféticos de muy importante alcance eclesial y misionero.
     Fue el primer Papa en viajar a la tierra donde Cristo vivió y de la que partió el Apóstol Pedro para la Sede de Roma veinte siglos antes. Estaba celebrándose entonces el Concilio y apenas hacía seis meses del inicio de su pontificado. Aquel viaje revistió para todos un especial significado, indicando a la Iglesia que el camino de su misión no es otro que seguir las huellas de Cristo.
     Su Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi nos habla de la particular sensibilidad misionera del Siervo de Dios Pablo VI. Su anhelo decidido a favor de la evangelización del mundo contemporáneo impregna, puede decirse, todos los Documentos del Concilio Vaticano II, que culminaría con el Decreto Ad Gentes del 7 de diciembre de 1965.
     5. Invito a los Sacerdotes y Encargados de Iglesias abiertas al culto que, en la fecha indicada del 19 de este mes, se eleven al Señor preces especiales en acción de gracias por el nuevo Beato, Pablo VI, así como por los trabajos del Sínodo extraordinario sobre la familia, informándose a los fieles sobre ambos acontecimientos eclesiales.
     Con mi saludo agradecido al Señor.
+ Ramón del Hoyo López
 Obispo de Jaén
 
[1] PABLO VI, Discurso del 29 de septiembre de 1963, en Concilio Vaticano II; Constituciones, Decretos, Declaraciones. Madrid 1968, p. 1045.
[2] PABLO VI, Meditación ante la muerte, L’Osservatore Romano, sección en lengua española, 12 de agosto de 1979, p. 12.
 
 

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