A las Cofradías de Gloria diocesanas

12 abril de 2012

Escudo     Mis queridos hermanos y hermanas cofrades:
     1. Es para mí una gran alegría dirigiros unas sencillas palabras a las Cofradías de gloria en la Diócesis cuando estamos celebrando el mundo nuevo de la resurrección de Jesucristo en este año de 2012.
     Los cristianos celebramos con toda solemnidad la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo durante la Semana Santa, que preparamos durante cuarenta días, pero no nos detenemos en el Viernes Santo, sino que terminamos nuestras celebraciones en el Domingo de Resurrección.
     “Todos los hombres admiten la muerte, pero sólo los cristianos creemos en la resurrección de los muertos”. Estas palabras de San Agustín no han pasado de moda. Porque hoy, como entonces, sólo los que creemos en Jesucristo, profesamos que él resucitó de entre los muertos y que nosotros, miembros de su Cuerpo Místico por el Bautismo, resucitaremos al final del mundo.
     2. Nosotros los cristianos iniciamos la celebración pascual en la Vigilia del Sábado Santo con los ojos puestos en la mañana de Pascua: En ella, el sepulcro en el que fue colocado el cuerpo de Jesús apareció vacío y un ángel comunicó a unas buenas mujeres, que habían ido a embalsamarlo, la gran noticia: “Ha resucitado, no está aquí”.
Los apóstoles y otras muchas personas vieron vivo al que habían visto antes colgado en el madreo de la cruz. Es el caso de la Magdalena, de Pedro de los Once en la tarde del domingo de resurrección y de los dos caminantes a la villa de Emaús. San Pablo dice que, en una ocasión, le vieron “más de quinientos, muchos de los cuales viven todavía”.

     Eso explica que los Apóstoles, que comenzaron a predicar de inmediato la Resurrección de Jesús por las calles y plazas de Jerusalén, no fueron desmentidos por nadie y que cuando llegó la hora de desdecirse del hecho o morir, prefirieron la muerte antes que negar su fe en la resurrección.
     3. La fe en la Resurrección arraigó tan pronto en las comunidades cristianas que San Pablo la transmitió, veinte años más tarde de los hechos, como algo que pertenecía ya a la tradición. “Pues os transmití – les dice a los fieles de Corinto – en primer lugar lo que a mí me habían transmitido, a saber: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras“ (1 Cor 15, 3-4)
     El dogma de la Resurrección es el objeto central de nuestra fe y, la fiesta de esta Pascua, la extendemos cada año siete semanas, cincuenta días, porque Jesucristo no sólo hace dos mil años que resucitó, sino que continua viviendo y estando presente entre nosotros en todo momento. Las siete semanas son como un sólo día continuado. Es la Pascua.
     4. A pesar de nuestras debilidades, precisamente por ellas, el Resucitado quiere renovarnos a cada uno, llenándonos de los dones del Espíritu Santo. Por ello durante este tiempo, en que permanece encendido el cirio pascual, seguirá ardiendo hasta el domingo de Pentecostés. Son cincuenta días en que el    Espíritu del Resucitado penetra en nuestro interior, si nos abrimos de par en par a él, llenándonos del día de su alegría, su libertad y su energía pascual renovadora.
     Pensemos hermanos y hermanas cofrades que la fe en el Resucitado es fe en un acontecimiento realmente ocurrido. También hoy sigue en pie para nosotros que el cristianismo no es leyenda y poesía, consuelo vano o infundido: nuestra fe se apoya en el basamento firme de realidades ocurridas: en las palabras de la Escritura podemos tocar casi todavía hoy las llagas transfiguradas del Señor y decir con gratitud y alegría como Tomás:  “Señor  mío y Dios mío” (Jn 20,28)
     5. Un detalle, antes de terminar mis palabras: Tal como aparece de forma nítida en las apariciones a los discípulos de Emaús y a María Magdalena, Jesús se manifiesta “yendo de camino”. Está diciéndonos, de esta forma, que nos llama a caminar con Él.
     La Resurrección del Señor no es una respuesta a la curiosidad sino un envío: quiere transformar el mundo y cuenta con nosotros, con vosotros los laicos bautizados y asociados, en Cofradías y Hermandades. Quiere una alegría activa, la alegría de quien recorre también el camino de una resurrección personal con el Resucitado. Sólo caminando con Él se manifiesta el Señor. La primera frase del ángel a las mujeres en la mañana de Pascua, fue la siguiente: “no está aquí, El os precede, allí lo veréis”(Mc 16,6ss) Con ello se nos indica la forma de encontrar y seguir a Jesús resucitado: está siempre presente y nos precede. Será en su seguimiento cuando podremos verlo. Nuestras vidas no están en manos del azar sino en las manos del Señor.
     ¡Ojalá le sigan y se encuentren muchos cofrades y sus familias! Pedimos a nuestra Madre del Cielo para que interceda en su favor.
     Con mi saludo y bendición. Feliz Pascua.

     +RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ, OBISPO DE JAÉN 

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