Teilhard de Chardín III. Una breve biografía

6 diciembre de 2023

Pierre Teilhard de Chardin nació el 1 de mayo de 1881 en Sarcenat (Francia). En 1899, a los 18 años, entró en el noviciado de los jesuitas en Aix-Provence. Se ordenó sacerdote en agosto de 1911. Entre 1914 y 1919, permaneció movilizado en el frente como camillero recibiendo la Medalla al Mérito Militar. Entre 1916 y 1919, publica sus primeros trabajos: La vida cósmica y El potencial espiritual de la materia. En ellos ya se transluce lo que será el núcleo de su pensamiento.  Para el otoño de 1920, Teilhard había obtenido un puesto como profesor de geología en el Instituto Católico de Paris. De 1922 a 1926, obtiene en La Sorbona tres licenciaturas de ciencias naturales: Geología, Botánica y Zoología, y alcanza el doctorado con su tesis Mamíferos del Eoceno inferior francés y sus yacimientos. En 1923 realiza su primer viaje a China por encargo del Museo de París. Al regresar a Francia continuó con sus clases en el Instituto Católico de Paris. Teilhard había mandado a unos amigos unas reflexiones sobre el pecado original, alguien las envió a Roma lo que  motivó que el Superior General Jesuita le conminara a firmar una declaración en la que repudiaba sus controvertidas teorías y que volviese a China.

En el segundo período en China se incorporó a los trabajos paleontológicos que se realizaban en Chou-kou-tien. En agosto de 1927 se le permitió regresar a Francia. Antes de que llegara a Marsella, recibió un nuevo ataque a su pensamiento debido a una serie de sus conferencias que se publicaron en un periódico de París. El asistente del Superior General de los jesuitas llegó a París para decirle a Teilhard que todo su trabajo teológico debía terminar y que debía limitarse al trabajo científico. En esta atmósfera opresiva, Teilhard se vio obligado a regresar a China en noviembre de 1928. Durante los siguientes once años, Teilhard continuó este exilio autoimpuesto en China, regresando a Francia solo para cinco breves visitas. Desde mayo de 1931 hasta febrero de 1932 viajó a Asia Central con la famosa Expedición Amarilla patrocinada por la compañía de automóviles Citroën. En 1937 recibió la medalla Gregor Mendel  por sus logros científicos.  Como resultado de este extenso trabajo de campo, Teilhard fue reconocido como uno de los geólogos y paleontólogos más destacados de su tiempo.

 En 1940 finaliza la redacción de “El Fenómeno humano”, su principal obra. En ella establece la secuencia del proceso evolutivo (la evolución galáctica, la evolución de la tierra, la evolución de la vida, la evolución de la conciencia hasta el punto Omega, final y culmen del proceso evolutivo) estableciendo lo que casi podría considerarse un nuevo género literario antecedente de la Big History actual.

Con el final de la guerra, Teilhard recibió permiso para regresar a Francia, reelaboró  “El Fenómeno Humano” y envió una copia del mismo a Roma solicitando permiso para su publicación. También se le invitó a que se presentara como candidato para la cátedra de prehistoria del célebre Collège de France de la Sorbona. Teilhard fue honrado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia por sus logros científicos e intelectuales y fue ascendido al rango de oficial de la Legión de Honor.

En octubre de 1948, Teilhard viajó a los Estados Unidos.  De repente, en julio de este mismo año, Teilhard recibió una invitación para ir a Roma a discutir las controversias que rodeaban su pensamiento.  Después de varias reuniones con el general jesuita, el P. Janssens, Teilhard se dio cuenta de que nunca le permitirían publicar su trabajo (solo tras su muerte fue publicada su obra no científica); además, que no se le concedería permiso para aceptar el puesto en el Collège de France.   En diciembre de 1951 aceptó un puesto de investigador en la fundación Wenner-Gren de Nueva York.

Pierre Teilhard de Chardin murió el domingo de Pascua, 10 de abril de 1955 a las seis de la tarde. A su funeral el lunes de Pascua asistieron unos pocos amigos. En St. Andrews-Hudson descansan los restos de este Hijo del de tierra e Hijo del Cielo aguardando a unirse a Cristo en que todo será reparado, reintegrado, recapitulado.

 Terminemos con estas palabras de Teilhard que siguen siendo fuente de inspiración: “Lo que paraliza la vida es no creer y no osar. Pronto o tarde, a través de nuestra incredulidad, el Mundo dará un paso… Algún día, del éter, los vientos, las mareas y la gravitación, nosotros captaremos para Dios, las energías del amor. Y entonces, por segunda vez en la Historia del Mundo, el Hombre habrá encontrado el Fuego”.

 Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

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