La Virgen de la Cabeza congrega a miles de fieles en el Cerro del Cabezo en la Romería más antigua de España
26 abril de 2026
La Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis, se encontró este domingo, último de abril, con miles de personas que se acercaron al Cerro del Cabezo para venerar a “La Morenita”, en la Romería más antigua de España.
Un sol espléndido acompañó el repique de las campanas que anunciaban la salida de la Virgen de su Camarín para ser colocada en el altar exterior, donde presidió la celebración de la Eucaristía pontifical. Fuera, la esperaban los representantes de 65 cofradías filiales y otras procofradías de la advocación de la Cabeza, llegadas desde toda la provincia de Jaén y también desde distintos puntos de España.
En el domingo del Buen Pastor, y Jornada Mundial de oración por las Vocaciones y Vocaciones nativas, el Provincial de los Trinitarios, el Vicario General y el Provicario de la Diócesis de Jaén, además de una treintena de sacerdotes, tanto diocesanos, como trinitarios, concelebraron junto al Prelado jiennense, Don Sebastián Chico Martínez. Acompañaron, de igual modo, los seminaristas y diáconos permanentes. El acompañamiento musical de la celebración corrió a cargo del Coro de La Borriquita de Montoro (Córdoba).
Asimismo, estuvieron presentes, junto al alcalde de Andújar y la corporación municipal, el presidente de la Junta de Andalucía, la Consejera de Medioambiente, el delegado del Gobierno andaluz, el subdelegado del Gobierno y otras autoridades civiles y militares.
La Virgen lucía el manto de la alegría donación del Hermano Mayor de este año, José María Alcántara Soriano.

Homilía
El Obispo de Jaén destacó que la Romería de la Virgen de la Cabeza trasciende lo meramente cultural o tradicional para convertirse en un verdadero encuentro de fe: “No hemos venido solo a cumplir una costumbre hermosa o a revivir una tradición entrañable, sino a encontrarnos con el Señor Resucitado, a escuchar su Palabra y a dejarnos tocar por su gracia, poniendo nuestra vida bajo la mirada de María, la Madre de Dios”.
Enmarcando la celebración en la cercanía del Jubileo del octavo centenario de la Aparición, subrayó la importancia de vivir este tiempo con profundidad espiritual: “Esta Romería no puede quedarse en una celebración más, sino que ha de ser una llamada a preguntarnos qué quiere hoy la Virgen de nosotros y cómo quiere el Señor preparar a esta Iglesia diocesana para ese gran tiempo de gracia”.
A la luz de la Palabra de Dios proclamada, el obispo recordó que Cristo es el centro y la guía de la vida cristiana: “En medio de tantas voces que prometen felicidad, pero no siempre llevan a la verdad, necesitamos escuchar de nuevo que solo Cristo es la Puerta, el único que conduce a la vida verdadera, a la libertad, a la paz y a la salvación”, invitando a los fieles a un discernimiento sincero.
Asimismo, hizo una llamada clara a la conversión personal y comunitaria: “No basta con venir, emocionarse o conservar una tradición; la fe siempre pide un paso más, una decisión interior, una vuelta sincera al Señor, porque todos necesitamos volver un poco más a Cristo”, recordando que el Buen Pastor sigue esperando y llamando a cada persona.
Sobre la devoción a la Virgen, subrayó su dimensión auténticamente cristocéntrica: “No venimos a María para quedarnos en María, sino porque ella siempre nos lleva a su Hijo; la verdadera devoción mariana no sustituye a Cristo, sino que nos enseña a escuchar su voz y a vivir el Evangelio”, evocando además su invitación permanente: “Haced lo que Él os diga”.
El obispo insistió en que esta celebración debe traducirse en una fe viva y coherente: “La Romería no puede reducirse a costumbre, emoción o estética; la Virgen quiere una fe viva, con raíces, que llegue al corazón y se note en la vida”, subrayando que el verdadero fruto del centenario será la transformación interior de la Iglesia.
En este sentido, afirmó que el mejor homenaje a la Virgen no será externo, sino espiritual: “El mejor homenaje no será solo una gran celebración exterior, sino una diócesis, una parroquia y una cofradía renovadas interiormente, un pueblo que vuelve al Buen Pastor y una Iglesia más unida, más evangelizadora y más santa”.
Finalmente, animó a vivir una fe en salida, comprometida con la realidad del mundo: “La Virgen no nos deja instalados, sino que nos levanta, nos abre caminos y nos pone en salida para ir al encuentro de los alejados, de los pobres, de los jóvenes que buscan sentido y de quienes necesitan esperanza”, recordando que una auténtica devoción mariana impulsa siempre a la caridad y a la misión.
Al término de la celebración, La Morenita, en andas, recorrió la Calzada y el poblado, guiada por los anderos y arropada por el fervor de miles de personas. Dos religiosos acercaron al manto de la Virgen de la Cabeza a los niños, así como prendas y otros objetos entregados por los romeros para ser bendecidos.