Llamada a la fraternidad y a la cercanía con los más débiles en el Jubileo extraordinario de las Personas sin Hogar

27 octubre de 2025

La Diócesis de Jaén se sumó, este domingo, al Día de las Personas sin Hogar con la celebración del Jubileo extraordinario en el Real Monasterio de Santa Clara. Supuso la clausura de los actos programados, bajo el lema «Sin hogar, pero con sueños», con los que la Iglesia llama a la sociedad a sensibilizarse sobre esta realidad de la exclusión social. Presidido por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, el Centro de Día Santa Clara de Cáritas acogió el acto de envío previo a la peregrinación hasta la iglesia conventual, en el que posteriormente tuvo lugar la Eucaristía jubilar. Acompañaron al pastor diocesano el vicario de Caridad y delegado de Cáritas, D. Juan Raya; el delegado de la Pastoral Penitenciaria, D. Domingo Pérez, y el subdelegado de Cáritas y diácono, D. José Bellido. 

Las personas sin hogar y participantes del centro de día, voluntarios y miembros del equipo técnico participaron de la peregrinación y de la posterior celebración de la Eucaristía. Las lecturas estuvieron participadas por miembros de Cáritas, el Evangelio proclamado por el Diácono permanente, D. José Bellido. Las voces angelicales de las Clarisas acompañaron con sus cantos la celebración.

El Obispo comenzó su homilía destacando que el Real Monasterio de Santa Clara se convertía «en templo jubilar, en templo de misericordia». «Aquí, junto a la Casa Hogar y Centro de Día Santa Clara, late cada día el Evangelio hecho vida», aseguró. Se dirigió a las hermanas clarisas y agradeció su generosidad: «Habéis abierto no sólo las puertas de vuestro monasterio, sino también las puertas de vuestro corazón para que este espacio de clausura se haya convertido en lugar de acogida y vida nueva en este día». Al inicio, también dedicó unas afectuosas palabras a los agentes de Cáritas por hacer posible los diferentes proyectos enfocados «a dar solución o aliviar esta realidad» con su «entrega, paciencia y servicio». De manera especial, colocó en el centro de la celebración a las personas sin hogar. «Quizás algunos de vosotros estéis aquí acompañándonos aunque no profeséis la fe cristiana, la fe católica, pero sí profesamos que estamos bajo un mismo techo, que es el techo de la creación, el techo de un mismo Dios, el techo de nuestro Padre que a todos nos aúna. Sois vosotros el centro de la fiesta, los verdaderos protagonistas de este día jubilar». Finalmente, concluyó los saludos iniciales agradeciendo a la Cofradía del Cristo de las Misericordias, cuyo titular recibe culto en Santa Clara, «su disponibilidad y su participación». 

Apoyándose en el Evangelio del día, Don Sebastián Chico comparó las actitudes del fariseo y del publicano de la parábola e invitó a reflexionar sobre cómo debe ser la oración de un cristiano ante el Señor. «El fariseo, seguro de sus méritos, ora de pie. Exhibiendo sus buenas obras. El publicano, consciente de su pecado, se queda al fondo, sin atreverse a levantar los ojos y sólo acierta a pedir compasión, por ser un pecador. Esta breve oración, nacida de la humildad, abre de par en par el corazón de Dios», señaló. «Como el fariseo, algunas veces nosotros podemos caer en el error de ir sobrados por la vida y no necesitar no solamente que se abra el corazón de Dios, sino también no necesitar que se abra el corazón de nuestros hermanos. Porque para eso, para vibrar ante la necesidad de un hermano, hay que ser humilde», añadió y subrayó: «Dios no se deja impresionar por las apariencias. Dios mira el corazón. Y en el corazón humilde y pobre es donde encuentra un espacio donde habitar». Don Sebastián Chico insistió que «Dios escucha, Dios se inclina, Dios se acerca. Tanto se inclinó que se arrodilló delante del hombre y se puso a la lavarle los pies, incluso a aquel que lo iba a traicionar». 

Vinculó el Evangelio con la celebración jubilar. «Este Monasterio de Santa Clara de las hermanas pobres es un signo vivo de ese Dios que se acerca. Aquí la oración de las monjas se une al clamor silencioso de los pobres. Aquí la fe se hace banco, se hace techo, se hace ternura concreta. Cada gesto de acogida en esta casa hogar y los otros proyectos es una página del Evangelio escrita con manos humanas», recalcó. El Obispo se apoyó en el reciente discurso del Papa León XIV en la FAO en el que recordaba que «no podemos resignarnos a que existan personas sin pan o sin techo». «No son problemas de beneficencia, sino de justicia. La mesa de creación está servida para todos y nadie debe quedar fuera», añadió. «Estas palabras resuenan hoy con especial fuerza aquí, donde la pobreza se convierte en lugar de encuentro y la fragilidad es escuela de esperanza. La Casa Hogar Santa Clara, como la Casa de Acogida Nuestra Buena Madre, no son sólo albergue. Son un hogar de dignidad donde cada persona vuelve a sentirse alguien, a sentirse hijo e hija de Dios», aseveró. «La humidad no es despreciarse, sino reconocer la verdad de lo que somos. Criaturas amadas, necesitadas de Dios y de los hermanos. Por eso los pobres nos evangelizan, porque nos enseñan a depender y a agradecer», apostilló el Prelado. 

Tiempo para sanar heridas y curar

El Obispo también se dirigió expresamente en la homilía a las personas sin hogar: «Vosotros sois los publicanos del Evangelio, lo que se atreven a decir: ‘Señor, necesito de ti’. Y el Señor os mira con ternura. Vuestras heridas, vuestras historias de dolor y de lucha no son motivo de vergüenza, sino lugar donde Dios hace brotar la esperanza. Vuestro corazón, que ha conocido el abandono, es ahora tierra es ahora tierra buena donde el amor de Dios puede florecer». A los agentes de Cáritas, voluntarios y trabajadores, les dijo que con sus vidas proclaman que «el amor puede reconstruir lo que el egoísmo destruye». También ensalzó la labor de las hermanas clarisas: «Vuestra vida silenciosa y escondida es la raíz espiritual de esta obra. Santa Clara os enseñó a abrazar la pobreza de Cristo y vosotras lo hacéis cada día al compartir este espacio, al rezar por los que el mundo descarta. Vuestra oración invisible sostiene este milagro visible de caridad. Gracias por tanta generosidad. Este Año Jubilar de la Esperanza nos invita precisamente a eso, a volver a casa, a la casa interior donde Dios nos espera para perdonarnos y levantarnos a la casa humana donde todos los hijos de Dios tengan un techo, un lugar y una mesa, un motivo para seguir viviendo. Celebrar este Jubileo aquí, en la Casa Hogar Santa Clara, es recordar que el hogar de Dios tiene muchas habitaciones y que todos caben en su misericordia. El Jubileo es tiempo de reconciliación, tiempo de restitución y tiempo de alegría. Es tiempo para abrir puertas, no para cerrarlas, para sanar heridas, para curar. Por eso, que este día jubilar sea un rito de esperanza para toda la Diócesis de Jaén. Que nadie quede sin hogar, que nadie viva en soledad», deseó el Obispo de Jaén. 

Parafraseando al Papa León XIV, hizo hincapié en que «una sociedad que no acoge a los más débiles se empobrece en humanidad». «La fraternidad no es un lujo, es una necesidad para sobrevivir. Que esta celebración nos renueve a todos en ese compromiso, hacer de la esperanza una casa donde todos tengan cabida. Que el Señor nos conceda el corazón humilde del publicano que sabe reconocer su necesidad de Dios y también las manos generosas del buen samaritano que no pasa de lado ante el que sufre. Que Santa Clara y San Francisco de Asís nos enseñen la alegría de vivir desprendidos, confiados y agradecidos. Y que la Virgen de la Esperanza, Madre de los pobres, nos acompañe siempre para que esta casa hogar siga siendo en el corazón de Jaén un faro de fe, de ternura y una profecía que llama a la justicia, a nuestra sociedad, a nuestra tierra, a los poderes, aquellos poderes que están llamados a servirnos a todos, empezando por nosotros, la Iglesia», concluyó el prelado su homilía.

Preocupación por la situación de los temporeros

Al término de la celebración jubilar, Don Sebastián Chico mostró su preocupación por la situación de los temporeros que ya están llegando a la provincia ante la próxima campaña de recolección de la aceituna. «Desde aquí hasta mitad de noviembre es una intranquilidad que como Iglesia tenemos. ¿Dónde van a dormir? ¿Dónde van a pernoctar esta noche? Es algo que me preocupa. Desde aquí quiero que sea un grito profético. El profeta denunciaba las distintas situaciones que no hacían justicia al ser humano. Yo también lanzo este grito ante una realidad que nos preocupa», subrayó. 

Cáritas diocesana de Jaén

Galería fotográfica: “Jornada de las Personas Sin Hogar 2025”

Alborada de RNE

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