El amor fraterno y la institución de la Eucaristía marcan en la Catedral el inicio del Triduo Pascual

2 abril de 2026

El Jueves Santo, día del amor fraterno, abre solemnemente el Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico para los cristianos. Durante estos días, el Obispo preside en la Catedral las celebraciones en las que, junto a los fieles, se hace memoria viva del misterio de la redención.

El Obispo de Jaén, Mons. Chico Martínez, tras celebrar por la mañana el lavatorio de los pies en la Prisión Provincial, presidía por la tarde la Misa de la Cena del Señor en el primer Templo de la Diócesis.

La celebración daba comienzo a las siete de la tarde con la llegada del Prelado a la Puerta del Perdón. Allí, los seminaristas, que comparten como comunidad estos días santos, le presentaban el Lignum Crucis para su veneración antes de acceder al interior de la Catedral.

Las lecturas fueron proclamadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte, mientras que el salmo responsorial fue interpretado por el seminarista Antonio Pradas. El Evangelio lo proclamó el diácono permanente Francisco Esteban Hernández El acompañamiento musical estuvo a cargo del coro que dirige el organista, D. Alfonso Medina.

La homilía

En su intervención, el Obispo profundizó en las lecturas proclamadas, deteniéndose especialmente en el don de la Eucaristía y del sacerdocio, nacidos en la Última Cena como expresión máxima del amor de Cristo hacia los suyos.

Don Sebastián ha querido abrir su homilía con el recordatorio del misterio que se celebraba: “No comenzamos solo unas celebraciones intensas; entramos en “la hora de Jesús”. La hora del amor llevado hasta el extremo, en que el Señor se entrega por nosotros y nos deja para siempre el memorial vivo de su Pascua”.

En este sentido ha animado al asombro ante la Eucaristía: “No acostumbrarnos nunca a este misterio. Esta tarde la Iglesia nos invita a contemplar, agradecer y adorar. En cada altar se hace presente el amor de Cristo que sostiene al mundo. En cada sagrario permanece Aquel que no quiso dejarnos solos”.  Para añadir, “La esperanza cristiana no nace del optimismo humano, sino de Cristo entregado y presente. Nace de una mesa donde el Señor sigue partiéndose y repartiéndose por nosotros”.

De igual manera, el Prelado ha querido insistir en el servicio como forma de vida, y de manera particular lo ha subrayado para los sacerdotes presentes y para los futuros, los seminaristas: “Y en esta misma noche santa, en la que Jesús se abaja para servir a los suyos, contemplamos también la institución del sacerdocio ministerial. No es algo separado de cuanto acabamos de escuchar, sino profundamente unido a ello. El Señor, al mandar a los Apóstoles: “Haced esto en memoria mía”, quiso que el don de la Eucaristía permaneciera vivo en su Iglesia por medio del ministerio sacerdotal. Pero, ese sacerdocio queda marcado para siempre por el gesto del lavatorio de los pies: no nace para el honor ni para la distancia, sino para “el servicio humilde, cercano y entregado”.

Monseñor Chico Martínez ha querido concluir su predicación del Jueves Santo recordando el día del amor fraterno como columna vertebral del cristiano: “Hoy es también el día del amor fraterno. Amar al prójimo quiere decir vivir con verdad y justicia, compartir con los necesitados, acompañar al enfermo, consolar al afligido, abrir espacio al que está solo, acercarse a quien sufre. En una sociedad que tantas veces vive pendiente del bienestar, sigue habiendo mucho dolor escondido, mucha soledad callada y mucha necesidad que reclama cercanía. El Jueves Santo nos invita a no pasar de largo. La Eucaristía nos enseña precisamente ese estilo de amor: humilde, silencioso, perseverante, concreto. No un amor de palabras, sino un amor que se vuelve servicio”.

También ha querido tener presente en sus palabras a D. Juan García Carrillo, que concelebraba la Eucaristía y que en este Jueves Santo cumplía 60 años de ministerio sacerdotal, una vida de entrega total, servicio y amor a Dios y a su Iglesia.

El lavatorio de los pies

Uno de los momentos centrales de la celebración ha sido el lavatorio de los pies, signo visible del servicio y la entrega. Rememorando el gesto de Jesús narrado en el Evangelio de san Juan, el Obispo, despojado de sus símbolos episcopales: mitra, pectoral, casulla y anillo, se ha ceñido una toalla y procedido a lavar, besar y secar los pies de doce personas, como representación de los doce apóstoles, entre ellas seminaristas, sacerdotes y fieles.

La reserva eucarística

Tras la comunión, se desarrolló la procesión para la reserva del Santísimo Sacramento. Los seminaristas abrían el cortejo con la cruz y los ciriales, seguidos por los concelebrantes con velas encendidas. El Obispo, bajo palio, portaba la Eucaristía.

Desde el Altar Mayor, la procesión se dirigió hasta el Sagrario, donde se encontraba preparado el monumento. Allí se realizó la reserva y, posteriormente, el Obispo permaneció en adoración junto a los fieles en un clima de silencio orante que culminó con el canto del Tantum Ergo.

Finalizada la adoración, regresaron en procesión al templo, concluyendo así la celebración de la Cena del Señor.

El Sagrario permanecerá abierto para todos aquellos que deseen acompañar al Señor en la oración hasta la medianoche.

Viernes Santo 

Los oficios del Viernes Santo, dedicados a la Pasión y Muerte del Señor, se celebrarán a las cinco de la tarde en la Catedral. Al término, tendrá lugar la tradicional bendición con el Santo Rostro desde los balcones, extendiéndose sobre la ciudad, sus habitantes y sus campos.

Galería fotográfica: “Jueves Santo 2026- Cena del Señor”

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