La Delegación de Misiones colabora con el Obispo en su deber de suscitar, promover y dirigir la obra misionera universal de la Diócesis, de modo que el anuncio del evangelio llegue a todos los lugares, ámbitos sociales y culturas
El Delegado de Misiones es el Director Diocesano de Obras Misionales Pontificias, a no ser que el Obispo determine otra cosa.
Las tareas principales de la Delegación son:
Soy Josefa Ruiz, tengo 85 años soy de El Centenillo y pertenezco a la congregación de Esclavas del Divino Corazón de Jesús. Es una fundación andaluza, nuestro fundador fue el beato Marcelo Espínola, que era arzobispo de Sevilla. Creó la congregación ayudada por la venerable Celia Méndez.
Ahora yo estoy en Tokio, llevo ya en Japón 63 años. Antes iba a distintos sitios de misión, pero ahora por mis circunstancias de salud estoy en la comunidad de personas mayores. Lo primero quiero agradeceros todas las oraciones que desde la Delegación de misiones rezáis por los misioneros, es lo que más necesitamos. Yo ahora baso mi apostolado en rezar por todas las personas que lo necesitan. También cuando voy a los centros de rehabilitación procuro dar a las personas un poquito de esperanza y de alegría.
Antes las misiones eran unos cuantos sitios nada más, ahora todo el planeta es de misión y por eso lo que hace falta es que cada cual encuentre su sitio en este planeta y pueda llevar la buena nueva del evangelio y la esperanza que el mundo tanto necesita.
Yo os tendré en mis oraciones, nosotros también tenedme a mí en las vuestras. Un abrazo con todo cariño.
Pepa
Soy Manuel Pliego, Hno. Manolo, hermano misionero claretiano por la gracia de Dios.
Cuando descubrí que Dios existía comprendí que no podía hacer otra cosa más que vivir para Él. Desde entonces he ido naciendo muchas veces.
Nací cuando abrí por primera vez los Evangelios siendo joven adolescente
en los caminos de España cuando era camionero. Me entusiasmé en seguir a Jesús y me dije: Yo quiero vivir así.
Nací de nuevo en Argentina, en la Prelatura de Humahuaca, al descubrir a Dios escondido en la sencillez de los pueblos andinos.
Volví a nacer en Cuba, donde la austeridad, la escasez y el silencio compartido
enseñan a amar sin poseer y a acompañar por amor. Sufriendo a veces desde la sensación de estar en una cárcel, pero por amor te haces esclavo.
Hoy estoy naciendo otra vez en Haití, en la pequeña comunidad de Roké, un lugar escondido, abandonado, donde el agua es escasa y la vida es frágil y donde falta de todo, pero la alegría desde la resistencia se percibe cada instante.
Aquí busco tu rostro, Señor, en los niños que cargan bidones de agua y en los ancianos que me reciben siempre con una sonrisa.
Jesús tenía razón: hay que nacer de nuevo.
Gracias, Señor, por la vocación que me regalaste sin merecerla, por estas tierras de América y por la gente que me confías. Por la justicia y la paz para todos los bienaventurados.
Sigue moldeando mi vida como el alfarero al barro. En tus manos quiero estar.
Que se haga tu voluntad, porque Tú eres mi Padre.
Hno. Manolo
Misionero Claretiano
Roké. Haití