Carta Pastoral ante la visita a España del Papa León XIV: «¡Alzad la mirada!»

12 mayo de 2026

Queridos hermanos sacerdotes, consagrados y fieles laicos diocesanos:
Con gozo y gratitud al Señor, me dirijo a todos vosotros ante la inminente llegada de Su Santidad el papa León XIV a nuestro país, acogiendo, así, la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia española. El Vicario de Cristo (LG 22) permanecerá entre nosotros del 6 al 12 de junio, con etapas en Madrid, Barcelona y Canarias, en la que será la primera visita del papa León XIV a España y la novena de un Romano Pontífice a nuestro país.

La noticia constituye en sí misma un motivo de inmensa esperanza para la Iglesia que peregrina en nuestra tierra. El encuentro con el Sucesor de Pedro es una llamada providencial, una hora de Dios para su pueblo. Cuando el Papa se encuentra con una nación, viene como padre y pastor, como principio visible de unidad, como testigo de la fe apostólica, como hermano que confirma en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32).

Visita apostólica
Jesucristo, a lo largo de su vida pública, fue poniendo los fundamentos de su Iglesia, enseñándonos el camino, proclamando la verdad y entregándonos su propia vida para nuestra salvación. De entre sus muchos discípulos, eligió a Doce para que fueran testigos de su enseñanza, de sus milagros, de su modo de vivir y, de manera singular, de su pasión, muerte y resurrección. A ellos los constituyó apóstoles y los envió a bautizar, perdonar los pecados, celebrar la Eucaristía y anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.

Este ministerio apostólico permanece vivo en la sucesión de los Obispos, por medio de quienes la Iglesia continúa edificándose, sostenida por la incesante acción del Espíritu Santo, en un continuo Pentecostés, que vivifica y renueva al Pueblo de Dios. Así se manifiesta la Iglesia que profesamos en el Credo como una, santa, católica y apostólica.

Pero, el Señor quiso además que, entre los Doce, uno fuese constituido como roca visible y principio de unidad, sobre la que se asentara la comunión eclesial. Ese elegido fue Pedro, a quien Cristo confirió singularmente el encargo de confirmar a sus hermanos en la fe, de apacentar el rebaño del Señor y de ejercer, con autoridad propia, el ministerio de enseñar, santificar y regir a la Iglesia naciente (cf. Mt 16,18).
Tal misión no concluyó con la muerte del Apóstol, sino que perdura en los Obispos de la Sede de Roma, en una cadena ininterrumpida a través de los siglos. Por ello, la fidelidad al Papa, la obediencia a su magisterio y la comunión filial con su persona han constituido, siempre, una nota característica del auténtico sentir católico. Acoger entre nosotros a Su Santidad León XIV significa, por tanto, acoger al Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia universal, «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles» (LG 23).

Una llamada a renovar la fe y la esperanza
La presencia del Santo Padre en España se inscribe en una larga y fecunda tradición de visitas pontificias que han dejado una huella imborrable en la vida de nuestra Iglesia. San Juan Pablo II visitó España en cinco ocasiones, sembrando la semilla de la nueva evangelización e invitándonos a abrir las puertas a Cristo, a no tener miedo y a ser santos. También, el papa Benedicto XVI estuvo entre nosotros en tres ocasiones, y nos invitó a vivir firmes en la fe y presentó a la familia como la esperanza de la sociedad. Más recientemente, el papa Francisco no llegó a visitar España, aunque sí manifestó su deseo de viajar a Canarias para hacerse cercano al drama de la inmigración y mostrar la cercanía de la Iglesia a quienes sufren el desgarro del exilio y la pobreza. Ahora es León XIV quien viene a nosotros. Y lo hace siguiendo la estela pastoral de sus predecesores, cuyos viajes apostólicos siempre han supuesto un renovado impulso para la vida de la Iglesia en España. Cada visita apostólica ha sido una siembra abundante de gracia, un despertar de la conciencia cristiana, una ocasión para mirar con renovada esperanza al futuro.
La visita del papa acontece en un momento particularmente significativo para la vida de la Iglesia y de nuestra sociedad. Vivimos tiempos de incertidumbre, de cansancio espiritual, de fragmentación cultural y de no pocas heridas personales y sociales. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo parecen caminar con la mirada baja: abatidos por la secularización, confundidos por el relativismo, fatigados por una vida cada vez más acelerada y, sin embargo, más vacía.

Por eso, este acontecimiento tan deseado se presenta como una providencial llamada a renovar la fe y la esperanza. El Sucesor de Pedro viene a recordarnos que Cristo sigue siendo la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano; que el Evangelio no pertenece al pasado, sino que es siempre joven; que la Iglesia no es una reliquia de otros tiempos, sino el sacramento vivo de la presencia de Cristo en medio del mundo.

Para preparar este encuentro, hay muchos y buenos materiales catequéticos en la página web: https://conelpapa.es/, que os recomiendo vivamente. Asimismo, desde la organización se nos invita a vivir la Solemnidad de Pentecostés como un tiempo especial de preparación. Por ello, celebraremos una Vigilia de Oración el día 23 de mayo, en la Catedral, para pedir al Señor que el encuentro con León XIV sea verdaderamente un acontecimiento de fe y produzca frutos abundantes en la vida de la Iglesia y de nuestra sociedad.

A todos os invito a intensificar la oración personal y comunitaria por el Santo Padre; a pedir por los frutos de su visita; a promover espacios de oración y catequesis en parroquias, comunidades religiosas, movimientos, cofradías y asociaciones.

¡Alzad la mirada!
El lema elegido—«Alzad la mirada» (Jn 4,35)—es una llamada urgente, un programa de vida cristiana. Significa salir de la estrechez de nuestras preocupaciones inmediatas para contemplar la amplitud de los horizontes de Dios; dejar de mirar únicamente la tierra para volver a mirar al cielo; recuperar la perspectiva sobrenatural que tantas veces se pierde entre las prisas, las decepciones y el ruido del mundo.

El Señor nos invita a alzar la mirada para contemplar con ojos nuevos la realidad de nuestra Iglesia, no desde el derrotismo ni desde la nostalgia del pasado, sino desde la confianza de quien sabe que el Espíritu Santo sigue actuando. San Carlo Acutis decía que «La tristeza es mirarse a uno mismo; la felicidad es mirar a Dios. La conversión no es más que desplazar la mirada de abajo hacia arriba; basta un simple movimiento de los ojos».

Mientras esperamos con alegría la llegada del Santo Padre, dispongámonos a vivir con la mirada elevada hacia Dios y hacia nuestros hermanos. Que su visita fortalezca nuestra comunión eclesial, avive nuestro ardor evangelizador y renueve en todos nosotros la certeza de que Cristo camina siempre con su Iglesia.

Encomendamos los frutos de esta visita apostólica a la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de la Cabeza. Que Ella nos enseñe a recibir al Vicario de su Hijo con un corazón alegre, disponible y agradecido.

+ Sebastián Chico Martínez Obispo de Jaén
Jaén, 8 de mayo de 2026

Oración por la visita del Papa Léon XIV a España

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