Cambio de Párroco en San Juan de la Cruz

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Despedida de Don Tomás Colmenero

Hace aproximadamente treinta y cinco años en una simple cochera, impregnada de altruismo y de ternura, se plantaba una semilla que germinaría con el tiempo hasta hacerse frondosa y transformarse en la actual Parroquia de San Juan de la Cruz, preciosa, coqueta y acogedora.
(Se me representa en la memoria una escena de hace más de dos milenios: una cueva angosta y húmeda; unos padres primero angustiados y pronto felices; un niño pequeñito envuelto en pañales y recostado en un pesebre; luego el mundo supo que había nacido el Salvador.)

Desde sus comienzos allí fue destinado un joven y gran párroco, Don Tomás. Llegó con un buen bagaje de experiencia a sus espaldas, con una vocación sacerdotal inquebrantable por la firmeza de su fe.

Ese buen pastor se puso de inmediato al frente de su entonces aún pequeño rebaño. Las ovejas caminaban alegres y seguras porque se sabían guardadas de las tarascadas del lobo.

El tiempo pasó. El rebaño creció y creció. Pero el devenir de los años fue dejando su huella en nuestro entrañable cura. Se nos hizo mayor físicamente, que no su espíritu, juvenil, dispuesto a nuevos retos, iluminado siempre por el Espíritu Santo. ¡Cuántas alegrías compartidas con los matrimonios celebrados! ¡Cuántas tristezas, en unión a los familiares de los difuntos! ¡Cuánta ilusión al celebrar bautizos y con ellos la nueva entrada de fieles en el rebaño! ¡Cuántos catecúmenos! ¡Cuántos catequistas! ¡Cuántos enfermos visitados! La luz es nítida en el cerebro, los recuerdos se amontonan: ¡Cuántos, cuántos, cuántos…!

Llegó su jubilación, y aunque nos entristece la separación nos enorgullece saber que seguirá siendo sacerdote mientras viva, que seguiremos unidos por el vínculo de la fe y que ahora podrá, en su júbilo, dedicarse más a él como hombre sin pensar tanto en los demás.

Podrá, ya sin prisas, ver los partidos televisados de su Real Madrid; nos encontraremos más a menudo en el Estadio de la Victoria aplaudiendo a su Real Jaén, y seguramente jugando una partida de dominó (su hobby preferido), escuchando su voz fuerte, varonil: "El seis pito y cierro, he ahorcado el seis doble".

Llegada de Don Francisco de la TorreEl Señor nos dijo: donde hay amor, allí estoy yo; si amas al prójimo el vínculo nunca se pierde. Por ello, Don Tomás, le decimos que seguimos juntos, que seguimos vibrando con una sola alma y un sólo corazón.

En este mes de septiembre de dos mil ocho se ha producido el relevo. Don Francisco inicia un nuevo capítulo del libro de la historia de la Iglesia de La Luna (como la conoce mucha gente). Seguimos adelante. Creemos que Jesús es el único Camino, la Verdad y la Vida, y nos queda mucho por recorrer. Son pues nuevos tiempos, pero una misma meta. La nave seguirá su rumbo por los mares de la vida, sorteando con firmeza los embates de las olas, porque somos los mismos remeros, sólo cambia el timonel. Y Don Francisco, estamos seguros, aferrará con fuerza el timón para seguir surcando el firmamento en pos de la FELICIDAD.

Don Tomás: el amor no se engríe; el amor es servicial; el amor no pasa nunca. Don Francisco, nuevo impulsor de nuestros anhelos: ¡BIENVENIDO!

Juntos, con la intercesión de nuestro San Juan de la Cruz, conseguiremos nuestra meta.

Bernardo Galiano de Lara

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