Testimonios de los peregrinos a Santiago de Compostela

Durante siete días, 81 peregrinos de la Diócesis han participado en el Camino de Santiago en Familia, organizado por el Secretariado de Familia y Vida, bajo el lema “Camino en familia, Camino en Misión”.

Una semana en la que los pasos los han llevado hasta la tumba del Apóstol, pero que ha sido mucho más que una peregrinación. Encuentro profundo con Cristo. Comunión y convivencia. Fortalecimiento de lazos familiares. Todo ello se recoge en estos testimonios de algunos de esos peregrinos: niños, jóvenes, adultos, abuelos. Un mismo sentir, el de saberse amados por Dios.

 

María del Mar Molina
Faltan las palabras para expresar todo lo q ha quedado en el corazón. Sencillamente hermoso todo lo que estos días hemos compartido es un regalo De Dios. Todo agradecimiento es poco. Entre todos hemos hecho posible lo que se ha vivido

Elena Muñoz

Ha sido maravilloso  conocer a este grupo  maravilloso,  que siempre os recordaré y estaréis  en mi corazón. Espero  compartir  muchos  caminos con todos vosotros des de córdoba un beso para todo ese grupo y perdonarme si os he causado algunas molestia  con mi rodilla.

Familia Rubio Rusillo
Quería deciros que ha sido una semana inolvidable, que si hacer el Camino es una maravilla, a vuestro lado ha sido impresionante, mil gracias a todos, aparte de gratos recuerdos, nos hemos traído grandes amigos, Dios quiera nos veamos pronto y aquí tenéis vuestra casa.

Familia Criado Utrera
Nosotros en Andújar. Muchas gracias a todos y nuestra enhorabuena a los organizadores. Sin duda, habéis dejado huella en nuestra familia.

Placido Cabrera
Después de participar en la peregrinación a Santiago de Compostela, organizada por el Secretariado de Familia y Vida de la Diócesis de Jaén, deseo colaborar y ofrecer mis impresiones:

Ambiente espiritual:
Quiero agradecer que hemos podido asistir a la celebración eucarística todos los días a excepción de los días del viaje de ida y vuelta. Ha resultado admirable contemplar la asistencia de casi todos los componentes de la peregrinación, o como muchos de ellos, a diario, se acercaban con recogimiento a recibir la Sagrada Comunión. También ha sido admirable ver la participación de casi todos los peregrinos en los momentos de la oración de la mañana y de la tarde. Pienso que probablemente para muchos de los asistentes haya sido la mayor experiencia espiritual que hayan tenido en su vida.

Ambiente en el camino:
En pequeños o medianos grupos, todos hemos podido realizar el recorrido de las etapas sumando un total de 112 km. En el trayecto hemos podido efectuar  pequeñas paradas, que hemos aprovechado para descansar, sellar la credencial o tomar un pequeño refrigerio. Durante el recorrido en los peregrinos se palpaba el ambiente alegre y servicial. También era frecuente entablar pequeñas conversaciones con otros peregrinos procedentes de diversos puntos de España, de Europa de Hispanoamérica.

Ambiente de convivencia:
Han sido muchas las horas que hemos tenido que convivir muy cerca unos de otros en los diversos polideportivos. Esto ha supuesto un mayor trato entre todos que ha favorecido el ejercicio de numerosas virtudes que los peregrinos han demostrado con su vida y ejemplo, entre ellas podemos resaltar: la reciedumbre, el buen humor, la alegría, la amistad, la fraternidad, el olvido de sí, el servicio a los demás.

 Ambiente de misión o apostólico:
Todos éramos conocedores de que esta peregrinación debería contribuir a mejorar nuestros deseos de misión en nuestra vida personal, especialmente con aquellos que tenemos más cerca: familiares, amigos, vecinos y compañeros. Siendo conscientes que para poder transmitir el mensaje cristiano, antes es necesario esforzarnos por procurar incorporarlo a nuestra vida personal con la ayuda del buen pastor: sacerdote, catequista, o de un buen amigo.  Como ejemplo de esta misión, podemos recordar la generosidad de aquella señora que se desprende de unas preciosas flores de su casa para que sirvan de adorno en el altar dónde se iba a celebrar la Santa Misa; o la de aquellas señoras, que había recibido unas flores y no dudaron en ofrecérselas al Señor en el altar; o la de aquellos jóvenes peregrinos de Valencia, que decidieron dejar de jugar para asistir a la Santa Misa que celebraríamos en el mismo pabellón.

Organización:
Para que todo salga bien es preciso contar con la ayuda de todos, sin embargo, no es menos cierto que esta peregrinación ha supuesto un gran trabajo antes, durante y después de realizarla. Por esto, es preciso agradecerles a ellos y a todos los que han colaborado en los aspectos organizativos, sanitarios, musicales y entretenimiento. Aprovecho para saludarles y desearles éxito en sus distintas tareas en esos ámbitos tan importantes para las personas y la sociedad como son la Familia y la Vida.

Familia Funes Jiménez
¡8 días inolvidables! Del 18 al 25 de agosto.

Desde hace unos años que tanto Jose como yo queríamos hacer el Camino de Santiago, pero lo difícil era cómo. ¿Cómo organizarlo? ¿Cómo animar a los niños? ¿Cuándo sería la mejor época?  ¡Teníamos tantos miedos! Nunca imaginé que fuera a ser así de fácil.

Un 18 de marzo, alguien que tiene mucho que ver en que todo esto haya sucedido, me compartió un enlace de la delegación de familia y vida que explicaba con detalle las bases de “un CAMINO DE SANTIAGO EN FAMILIA”, solicitándome además que por favor le diera máxima difusión. No dudé un instante y el 28 de marzo ya teníamos hecha la reserva.

Hoy, en nombre de mi familia y en el mío propio quiero dar GRACIAS a DIOS por haberme tropezado con todos vosotros. Desde el más pequeño, hasta el mayor, todos me habéis aportado algo. Gracias por las risas y por vuestra alegría, por vuestra amabilidad, humanidad, compañerismo, y por estar siempre dispuestos a ayudar. Gracias por la inocencia de unos y la experiencia de otros. Gracias por lo bien organizado que ha estado todo.  Nosotros no teníamos que preocuparnos nada más que de caminar. Gracias por la música y las canciones. Gracias por la comida y por nuestras suites. Pepiño, te vamos a echar de menos. Gracias por terminar cada día en acción de gracias y con ese encuentro con el Señor Eucaristía. Estoy segura que ha sido ese encuentro con el Señor, a través de todos vosotros, por medio de la oración, y de esa similitud del camino con la vida, lo que lo ha hecho diferente.

Seguramente que si lo hubiéramos hecho solos no habría sido tan bonito y gratificante.  Gracias por haber dibujado una sonrisa especial en la cara de mis hijos. Esa sonrisa me hace confiar en que también con ellos, se haya producido ese encuentro tan necesario en muestras vidas. ¡La entrada a la plaza del Obradoiro y la visita a la tumba del apóstol súper emocionante! Muchas gracias por todo.  La experiencia del camino en familia no se nos olvidará nunca.

Eduardo Criado Utrera (adolescente)
Quiero compartir mi experiencia en la peregrinación a Santiago con el Secretariado de Familia de la Diócesis de Jaén desde un punto de vista joven.

Durante el camino he descubierto el interior de pequeños y adolescentes  maravillosos, que se han abierto conmigo y que a pesar de dormir poco y el dolor de pies, se han hecho los días amenos, además de compartir una  fe en Dios que en la vida rutinaria no se encuentra.

Personas que tras haber convivido conmigo ocho días han agrandado mi familia.

También agradecer a el cocinero estupendo, un genial coche escoba, y un sacerdote muy familiar que nos ha acompañado en las celebraciones. Doy gracias a Dios por esta experiencia.

Familia González García
Nuestra experiencia de esta Peregrinación, comenzó unas semanas antes, cuando nuestro padre nos hizo la propuesta: ¿Queréis que hagamos el Camino de Santiago?. La respuesta fue inmediata pero poco meditada. Fue durante los días siguientes, cuando comenzamos a asimilar la decisión que habíamos tomado. Íbamos a emprender una experiencia de vida en familia distinta a la que veníamos haciendo habitualmente.

Comenzó la Peregrinación con mucho entusiasmo; incluso los preparativos anteriores y las pequeñas marchas para prepararnos físicamente, nos unieron como familia: iba a ser todo un reto.

Reto familiar que se convirtió en realidad compartida con otras familias con las mismas inquietudes y con la misma fe. La relación, la convivencia y la apertura a los otros ha hecho de este camino, un símil con la vida ordinaria donde el recorrido, a veces en soledad, otras veces acompañado, se asemeja a las vicisitudes de cada cual, donde los problemas y dificultades, en ocasiones se ven contrapuestas a la relación, el apoyo, el acompañamiento, la fortaleza y el ánimo de unos hacia otros. Nuestro apoyo humano y sobre todo el sabernos acompañados por el Señor en cada instante, ha hecho que la carga, el agobio y el cansancio, sean fortaleza en el Camino de la vida.

Cómo jóvenes, hemos descubierto el verdadero sentido de la fe y lo hemos compartido con otros como nosotros; con las mismas inquietudes, los mismos deseos, sueños, miedos, dificultades y esperanzas. Entre nosotros nos hemos ayudado, hemos aprendido de los atajos del camino, de las dificultades del día a día y hemos crecido como personas y como cristianos. Nos llevamos muchas vivencias en nuestras mochilas, amistades que se forjarán en el tiempo y a partir de ahora, continuaremos el Camino, más fuertes y más unidos como familia y con el Padre. Gracias a todos los que con algún gesto o alguna palabra habéis hecho más fácil esta andadura.

Familia González García (Manolo, Encarni, Rubén, David y Miriam)

Familia Sánchez Gómez
Pablete empieza este curso primero de secundaria, ha sido un peregrino que el primer día de peregrinación nos plantea una adivinanza: “van dos y se cae el de en medio, ¿quién es?”, después de unos breves segundos, pues Pablete es bastante inquieto dice: “el Señor, porque siempre está entre nosotros”. Eso es lo que ha pasado en “este camino de Santiago”, el Señor ha estado caminando en medio de todos nosotros, era palpable que Dios estaba presente en nuestro peregrinar, las muestras de cariño, los ánimos, la predisposición y las oraciones, así lo han dejado patente.

La hermana Eva, nuestra única monja del grupo de los 80, nos hacía caer en la cuenta en que el “soplo divino” nos hacía caminar más a gusto, Eva parecía flotar y era la primera en llegar al destino, nos preguntábamos ¿qué era lo que la impulsaba a ser tan rápida?, una y otra vez caíamos que era el soplo divino que nos acompañaba a todos.

Nos hemos dado cuenta que todos somos llamados a ser santos, que el esfuerzo y el empeño personal, ayudado de una comunidad que camina junta con alegría y con buen sentido del humor, en oración, así María, que siempre nos tenía preocupados, por sus años, que a pesar de estar cercana a la jubilación y fue a “probar” a caminar, terminó dando lecciones de vida y esfuerzo personal, porque con Dios todo es posible.

Las celebraciones, participativas, cuidadas por todos hasta el último detalle. Plácido, un hombre de fe, que después de un día caminando, con ampollas en los pies, se paseaba por los alrededores para coger unas flores para ofrecerlas al Señor en el altar, sublime.

Y qué decir de nuestros jóvenes, la crem de la crem de la sociedad, nos tenemos que quitar el sombrero delante de ellos. Nos han demostrado que el mundo queda en mejores manos de las que está, el futuro de nuestra sociedad y nuestra Iglesia está garantizado, gente sana, alegre y viva que ayuda, colabora y reza con y por los demás. Chapó por los jóvenes. Y no unos jóvenes conformistas, también protestan, sino, no sería jóvenes, nos acordamos que después de pedir colaboradores para la liturgia: “necesitamos una persona mayor y un niño para las lecturas”, se nos acercan unos jóvenes y nos preguntan: “¿y nosotros?”. Hemos aprendido a que cada persona tiene su espacio para poder crecer y hacernos crecer al resto.

Y Pepiño, que nos daba nuestro alimento y un alimento exquisito y abundante, hemos venido llenos, literalmente, también del Espíritu cuando nuestro sacerdote peregrino, Manuel Ángel, los primeros días nos explicaba la Palabra y luego era más bien un compartirla.

No nos han faltado ni siquiera nuestros ángeles particulares, Floren y Rafa, preocupados y ocupados en hacernos disfrutar de nuestro camino mientras ellos se ocupaban de lo humano. Para que al final de la jornada, los que estábamos cansado y agobiados pudiésemos acercarnos a Él.

“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” Lc 24,32. Todavía recordar la entrada en la Plaza del Obradoiro me pone la carne de gallina, ochenta peregrinos, cantando alegres “somos una familia” o “Jesusito de mi vida” mientras nos abrían paso y toda una marea verde entrando en la plaza, hace que mi corazón arda de alegría porque eso es Evangelio, buena noticia en su esencia. Por eso creo a pie juntillas que el Señor a peregrinado con nosotros en todo momento, aunque Dios, como nos interrogó Pablete, no se cayó, sí que ha estado con nosotros, en el bastón que nos apoyábamos, en la mochila que servía para llevar las cosas importantes de la que hemos sacado lo que es un peso innecesario, en el hermano que camina a nuestro lado con llagas en los pies y el corazón alegre.

Marta Lechuga Escobar (joven)
Todas las historias tienen tres partes, un principio un nudo y un desenlace, y esta no iba a ser menos.

“Caminando en familia” es el título de nuestra historia. El principio y el desenlace todo el mundo puede imaginárselo. Todo empezó cuando nos hemos visto las caras, y nos han recordado las 12 horas que nos quedaban por delante, y el final fue la llegada al seminario cargados con la mochila llena de recuerdos vividos durante estos ocho días. El nudo de la historia lo habéis creado cada uno de vosotros, sin excepción alguna. Cada camino es diferente, cada persona vive distintas emociones, cada historia es un mundo. Y ese mundo es incomprensible, a menos que lo hayas vivido.

Sin duda, está el miedo a fracasar, se vive durante muchos momentos del viaje, no puedo negarlo. Pero sin duda la mayor fortuna que me podía tocar es llegar a la meta, o por lo menos llegar a mi meta. Es allí donde puedes darte cuenta de lo feliz que has sido con tan poco aparentemente. La felicidad es el camino que tienes que recorrer para llegar a lo más alto, la felicidad está en las pequeñas cosas, el vivir plenamente el momento y olvidarte de todo lo demás. Olvidarte de las ampollas que adornan tus pies, y darle más importancia a las carcajadas de todas las tardes jugando a las cartas. Olvidarte de todos los dolores que apenas te dejaban moverte, y quedarte con el momento en el que esa persona fundida en un abrazo te haya hecho olvidar todo por lo que tú sola no hubieses podido pasar. Esta experiencia ha sido como una tormenta de verano, pasan rápido pero calan hasta los huesos. Gracias a cada uno de vosotros por compartir tanto en estos días, cada sonrisa, cada juego, cada comida, cada conversación. Y gracias especialmente a todos los jóvenes, por recordarme quien soy, por compartir la fe que muchas veces se nos hace cuesta arriba, gracias por confiar en mí, gracias por tantos recuerdos que me hacen ser quien soy ahora. Doy gracias a Dios por esta experiencia.

Lucía García Sánchez (adolescente)
¿Cómo se podrían definir estos 8 días? La verdad es que yo al principio no quería ir al camino porque no sabía cómo me lo iba a pasar y la idea de andar todos los días 20 km o más no ayudaba. Pero ya que tenía que ir quería disfrutar al máximo de esta increíble experiencia. Han sido unos días maravillosos en los que he conocido a muchas personas de las que estoy muy agradecida de que el Señor las haya puesto en mi camino así que gracias a todos los que habéis compartido esta semana conmigo porque la habéis hecho inolvidable.

Gracias a los que me habéis acompañado en este camino y habéis hecho más fácil llegar a Santiago. Gracias por esas tardes en las que tirados en el suelo jugamos a las cartas y nos reíamos tanto.

Entonces, ¿cómo definir estos 8 días? Han sido unos días maravillosos llenos de personas tan especiales, de amigos, de estar con la familia, de risas, de emociones, sentimientos, de trayectos que recorrer y de muchas cosas más que recordaré siempre. Tengo que decir que al final me he alegrado muchísimo de poder compartir esta peregrinación junto a vosotros.

Laura Quirós (adolescente)
Camino de Santiago: Os quiero hablar de lo que he vivido a lo largo del camino. El camino es como si fuera un libro lleno de experiencias inolvidables. Los primeros días a pesar de las agujetas he conocido a mucha gente  por el camino, y también muchos valores como a respetar, a valorar lo que tenemos, ayudar a las personas que lo necesitan, animar a las personas cansadas, desearles buen camino a personas desconocidas que iban caminando. A lo largo del camino he conocido a un montón de niños y niñas que cuando llegábamos al pabellón lo primero que hacíamos era jugar a las cartas y así pasar todas las tardes. Los últimos días antes de llegar a Santiago había hecho un montón de amigos donde han estado en los momentos buenos y difíciles del camino. La última etapa fue la más preciosa al llegar a Santiago de Compostela, había sido un logro, todo el esfuerzo que hicimos para llegar ante algunas dificultades. Y antes de cerrar este libro… Gracias a la Delegación de familias de Jaén por haber organizado todo esto y a todos mis amigos por haberme acompañado en este capítulo de mi vida.

Jaime López-Sidro Vela (adolescente)
La mayoría de los jóvenes no teníamos nada de ganas de hacer el camino. Probablemente por el simple hecho de andar, por tener que alejarnos de la comodidad de nuestra casa unos días o porque pensábamos que íbamos a estar solos y no conoceríamos a nadie. Sin embargo, apenas el segundo día, estábamos ya pasándolo bomba y, aunque todos queríamos llegar a Santiago, no queríamos que esta experiencia acabase.

Yo lo he escrito desde la perspectiva joven, porque es la mía pero lo más probable es que los no tan jóvenes lo hayan vivido de una manera similar.

Para terminar, conmigo me llevo no solo los amigos que he hecho, sino también momentos como las misas de la tarde donde cada uno decía sus experiencias espirituales vividas aquel día, la adrenalina y satisfacción de los últimos metros ya en Santiago y, claro está, las ocasiones de fuerte fe en Dios dándonos fuerza subiendo cualquier cuesta larga o en los últimos kilómetros de la etapa larga.

María López-Sidro Vela (Adolescente)
Yo tengo que admitir que al principio no tenía nada de ganas de hacer el camino, pero al final agradezco a Dios está experiencia, por todo el esfuerzo y el mérito que hemos tenido todos de levantarnos a las cinco de la mañana, y después de un rato de autobús andar 20 km o más, pero todo esto lo hemos podido superar en familia, y aparte de llegar a Santiago y de la alegría que nos entró al llegar a la plaza del Obradoiro y al tener en la mano la Compostela, que es el signo de que nosotros podemos conseguir lo que nos propongamos. Pero todo eso aparte, porque lo que más agradezco de esta experiencia son las personas y la convivencia que hemos tenido todos juntos, como jugando a las cartas, hablando, durmiendo o incluso compartiendo en la misa. Por todo esto y mucho más doy las gracias por esta experiencia.

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