Monseñor Chico Martínez preside la solemnidad de la Inmaculada en la Catedral de Jaén

La Santa Iglesia Catedral de Jaén acogió ayer, 8 de diciembre, la solemnidad de La Inmaculada Concepción de María, Patrona de España.

Con una procesión claustral de la imagen de la Inmaculada de Pedro Duque del siglo XVIII, portada por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte, dio inicio la Eucaristía, que estuvo presidida por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez. Concelebraron varios miembros del Cabildo Catedral, el Rector del Seminario y canónigo, D. Juan Francisco Ortiz; y otros formadores y sacerdotes de la ciudad, todos ellos vestidos con casullas de color azul, como marca la liturgia.

También, quisieron participar en la celebración eucarística, los seminaristas, en el día de la Patrona del Seminario, y un gran número de fieles.

Miembros de la Cofradía de la Buena Muerte fueron los encargados de las lecturas. Y el Evangelio lo proclamó el Rector del Seminario.

Homilía
Monseñor Chico Martínez quiso comenzar su homilía recordando que La Inmaculada es la Patrona del Seminario diocesano y por ello quiso pedir, de una forma especial, por el Rector y los formadores. “Pido por vosotros, querido Rector, D. Juan Francisco, y formadores, para que el Señor os conceda Sabiduría y Fortaleza para este servicio, que desempeñáis a nuestra Iglesia Diocesana, de hermosa “filigrana”. ¡Gracias por vuestra entrega diaria! Y, también, por vosotros, queridos seminaristas. Pienso en vuestra valentía y en las fuerzas que tenéis para estar aquí entregando ya vuestra vida a Dios y a los hermanos desde vuestra formación en el estudio, en la convivencia diaria, en vuestro crecimiento humano, pastoral y de vuestra vida espiritual. ¡Qué grandes sois! Os animo a seguir perseverando en el empeño de responder cada día a la voluntad de Dios”.

El Obispo de Jaén manifestó, además, que la Virgen Inmaculada es el mejor modelo y el más seguro amparo de nuestra fe y de nuestro amor a Jesús. En este sentido, subrayó tres actitudes de la Virgen María. Mirándola a Ella, contemplo tres actitudes que quiero compartir con vosotros, de una manera especial con vosotros seminaristas y con aquellos jóvenes que puedan estar llamados por el Señor a una especial entrega, y que son tres hitos a cuidar en el camino de nuestra vida”.

La primera que destacó Don Sebastián fue la Valentía. “La Virgen María fue valiente en su confianza en el Señor, en su fe… Sabía muy bien de las dificultades que le acarrearía el compromiso que adquiría al asumir ser Madre de Dios, con José, con sus coetáneos… Nosotros, sus hijos, también tenemos que ser valientes a la hora de responder a nuestro “ser hijos de Dios” y aceptar sus proyectos”, explicó.

La segunda actitud que enfatizó el Obispo fue la docilidad. “María es la mujer atenta y despierta que escucha la palabra de Dios y la acoge y le da cuerpo y le abre la puerta del mundo. Ella se dispone totalmente al Plan de Dios. Nosotros, buscamos seguridades, cosas que nos aseguren la felicidad. Sin embargo, la felicidad está en Dios, y Ella nos enseña a estar disponibles a Él. No tengamos miedo a ser dóciles, a ser una “carta en blanco” para que Dios escriba en ella, como lo fue la Virgen María”.

Y la tercera actitud fue la generosidad. “María ofrece a Dios toda su persona, no se reserva nada. En su carne se engendrará y le dará a luz al mundo, durante treinta años lo cuidará, alimentará, le enseñará… se unirá a Él en su redención, hasta la muerte en la Cruz, convirtiéndose en la Madre de toda la Humanidad y desde el cielo intercede por todos sus hijos. Se entrega por entero a Dios y a su proyecto redentor. No tengamos miedo de ofrecer al Señor nuestra vida, esto es, poner nuestro corazón en Dios y vivir nuestra vida desde Él. De esta manera, nuestra vida encontrará su sentido, su razón de ser, viviremos en libertad, en justicia y paz”.

Don Sebastián no quiso terminar su homilía sin hacer referencia a la clausura el Año de San José. “Hoy se clausura el Año de San José.  Año convocado por el Papa Francisco para conmemorar el 150 aniversario de la declaración, por el Beato Pío IX, de San José como Patrono de la Iglesia universal, donde se nos ha regalado la Carta Apostólica Patris Corde (Amor de Padre) y, especialmente, se nos ha ofrecido el regalo admirable de la indulgencia plenaria que es perdón y misericordia, gozo y esperanza que nos asegura el don de Dios que nos ama y nos perdona. Que él proteja nuestra Iglesia Diocesana de Jaén y nos guie en el camino a la casa del Padre”, concluyó.

Tras la bendición apostólica con indulgencia plenaria y el canto de la antífona Alma Redemptoris Mater, a la Santísima Virgen, culminó la celebración eucarística en el primer templo diocesano.

Galería fotográfica: «Solemnidad de La Inmaculada Concepción de María en la Catedral de Jaén»

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