Pascua del Enfermo. «El buen samaritano. “Anda y haz tu lo mismo” (Lc 10,37)».

     El próximo día 5 de mayo, VI Domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Pascua del Enfermo. La campaña de este año, que comenzó el 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, se presentó con el lema «El buen samaritano. “Anda y haz tu lo mismo” (Lc 10,37)». La Pascua del Enfermo constituye una oportunidad para evocar algunas claves de referencia cristiana ante el sufrimiento, vivido en términos de acompañamiento o de experiencia propia del mismo. Jesús constituye siempre nuestro referente ético y pastoral para hacer bien al que sufre y hacer bien con el propio sufrimiento. El corazón del ser humano se mide por su capacidad para aliviar el sufrimiento, propio y ajeno.

     “Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37) es una invitación al encuentro compasivo con la característica de una eficaz proximidad en comportamientos de tocar, ver, acercarse, dejarse afectar, comprometer la propia energía liberadora ante el sufrimiento.
     Desde la tradición bíblica y a lo largo de la historia del cristianismo la compasión es misericordia y amor al prójimo, que viene del amor a Dios. Se expresa como un estremecimiento de las entrañas que comporta la misericordia y tiene diferentes momentos: ver, entrar en contacto con alguna realidad de sufrimiento mediante los sentidos; estremecerse, impulso interior o movimiento íntimo de las entrañas; y actuar, es decir, que mueve a la acción. Se trata, pues de una voluntad de “volver del revés el cuenco del corazón” y derramarse compasivamente sobre el sufrimiento ajeno sentido en uno mismo. Agustín de Hipona a la misericordia la llamó “el lustre del alma” que la enriquece y la hace aparecer buena y hermosa.
     “Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” (Spe Salvi 38). Se subraya así el potencial humanizador de la compasión ante el sufrimiento humano que se encarna, entre otras formas en la empatía que ha de caracterizar todo acompañamiento en el sufrir, con la ternura a la que nos ha invitado el Papa Francisco en sus primeras intervenciones.
     Oración

 
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