Notas sobre el libro de Juan Arana Teología para Incrédulos

Olegario González de Cardedal  dice en el prólogo del libro de Juan Arana Teología para Incrédulos[1]  que el Dios  del que hablan los filósofos,  como filósofos, es un principio racional reclamado como condición de inteligibilidad del universo;Mientras que el Dios del que hablael creyente es un ser personal, libre y creador del mundo y amigo del hombre, que se ha revelado en la historia, en quien puedo creer, a quien en vida uno puede orar y al que en la muerte uno puede confiarse. Pues en este libro nos habla un filósofo-creyente, o  sea que a lo largo de sus páginas son indistinguibles el filósofo del creyente. La razón es obvia, se trata de un texto que tiene mucho de testimonio personal y cuando se trata de dar testimonio lo que se expone es la propia vida, y la vida es la de un filósofo que nos dice que a lo largo de su historia fue buscando a Dios, y que el camino de la razón le llevó a la fe. Y es que en el fondo razón y fe se interpenetran, parafraseando a san Agustín creemos para entender y entendemos para creer.

El libro se compone de una veintena de escritos de muy diversa índole que se fueron redactando a lo largo de dos décadas. En ellos no encontraremos la biografía de una conversión, tampoco una teología explicita  ni una apologética en la que se desarrollen con precisión  los argumentos que demostraran la racionalidad de la fe. Juan Arananos ofrece lo que él denomina teología de vía estrecha, o sea algo muy personal, donde se mezclan la razón y la confesión de un hombre que pensando cree y creyendo piensa.

Al publicar este libro Juan Arana se dirige  especialmente a esos  creyentes que no tienen suficientemente afianzada su  fe, a los que han puesto en duda sus creencias, y  a esos incrédulos  que no han hecho de la incredulidad una cuestión de estado incuestionable – de fe podríamos decir- sino  de situación, es decir que siguen buscando.El autor se dirige  a los que habitan en esa tierra de nadie, que en algún momento es tierra de todos, que es la duda, y lo hace por medio de unos textos que han surgido de la reflexión motivada por las circunstancias más dispares: las preguntas que surgen normalmente  respecto a la fe y que pueden ser objeto de cualquier conversación o debate,un acontecimiento determinado, un libro leído, una película vista, una comunicación epistolar con un amigo que ha perdido la fe, la mirada propia de aquel que contempla su existencia desde el atardecer de la vida, etc. Textos agiles como la existencia misma donde la teología está implícita  y que muestran, como él mismo dice en un momento determinado, que pocas cosas importantes en la vida, acaso ninguna, se pueden arreglar mediante teoremas de razón pura. De hecho  las mejores lecciones de teología  no suelen estar en los libros sino en tantos y tantos  creyentes  que van escribiendo con  sus vidas páginas completas del Evangelio.

 JuanArana afirma que en su búsqueda la razón le llevó de nuevo a la fe,¿pero cuál es el credo filosófico básico que le permitió dar estepaso? El credo es muy simpley  consta de tres artículos[2]:

  • Tras, sobre y debajo del mundo está Dios.
  • A Dios lo necesitamos.
  • Somos lo mínimo que se despacha a la hora de poder entrar en relación con Él, o sea el ser humano tiene las facultades necesarias para relacionarse  con Dios.

Como fundamento de estos artículos de fe estaría su reflexión sobre el cosmos y el hombre[3]. En lo referente al cosmos éste se nos muestra, por un lado, demasiado grande y demasiado bien hecho para que pueda haber aparecido sin más o  resultase de procesos por completo azarosos y,  por otro lado, demasiado precario y limitado para considerarse divino. En lo que se refiere a nuestra propia condición, sus estudios le llevaron a la firme convicción de que en la conciencia[4] hay una chispa de espiritualidad y libertad que brilla inextinguiblemente en la materia de la que estamos constituidos y que no pude reducirse a ésta. Esto nos manifiesta que detrás de toda la realidad está Dios y que dado que ese Dios tiene que sobrepasarnos no puede ser algo impersonal sino personal.

Una vez   asumido este credo básico no  encontró ninguna restricción mental para abrirse a la fe. De hecho parece lógico pensar que ese Dios ha debido enviar algunas señales directamente dirigidas a nosotros. Aquí nos encontraríamos las distintas religiones. En este sentido Arana considera que, para él, la opción cristiana fue clarapues no encontró comparación entre Jesucristo y el resto de los fundadores de otras religiones.

El libro  aborda temas como los argumentos sobre la existencia de Dios,  la libertad, la salvación y el infierno, el relativismo, el mal o la esperanza entre otros.  Sin embargo Arana es consciente de que en muchos casos  la incredulidad no viene tanto del rechazo de Dios cuanto del rechazo a la Iglesia, de modo irónico citando a Gómez Dávila[5] dirá que abundan los que se creen enemigos de Dios y solo alcanzan a ser enemigos del sacristán. En este sentido conviene   recoger algunas de sus palabras  que dan fe de una eclesiología  que manifiestaun profundo sentido común[6]. La Iglesia la conformamos pecadores ni mejores ni peores que el resto.La Iglesia es Santa en el Espíritu que la guía, y en aquellos que viven la santidad pero es igualmente una iglesia de  pecadores. Nada más y nada menos. La conforman los  que creen en Dios, ellos   saben perfectamente de qué material están hechos  y no se fían un pelo de sí mismos. Al cristiano (aunque él particulariza en el católico)no se le pide que deje suspecados a la entrada del templo, sino que entre con ellos, que procure caer lo menos posible y que no se desaliente. Para el cristiano la humildad no debe degenerar en desprecio, o sea nunca debe perder la autoestima, ni el odio al pecado debe llevar al odio al pecador. Además  en  la carrera a la santidad ni papas ni obispos ni curas  parten con ventaja ni corren más aprisa que los creyentes de apie. Más aún,en muchos casos, les acechan más peligros. Por ello conviene rezar por ellos antes que convertirse en los fiscales del Reino. En esta misma línea  considera  que más peligrosos que los adversarios que quieren hundir  la Iglesia desde fuera son aquellos correligionarios que se proponen salvarla desde dentro y a tal fin pretenden monopolizar o suplantar la divina providencia[7].

El libro se cierra con un capítulo que titula Cuesta abajo[8], mirar la vida desde las postrimerías permite descubrir que en muchas ocasiones no hemos dejado de correr tras espejismos, y que deberíamos pararnos para distinguir entre lo que son fines y medios, para anteponer aquéllos a éstos, lo que ocurre es que casi nadie tiene tiempo o ganas para discernir qué es realmente lo importante. ¡Qué bueno sería poder sentir que estás en las manos de Dios![9], había escrito antes, simplemente para sentirlo cerca, velando, haciendo que las cosas permanezcan en su ser.La condición de la finitud del ser humano cada día se va haciendo más patente y el bienestar tecnológico tampoco te da para mucho al abordar el abismo de la nada. En este sentido, de la mano de Teilhard de Chardin[10], lo que él ha descubierto, y puede descubrir todo creyente, es  que tanto en la fase ascendente de la vida como en la descendente  se tiene, gracias a Cristo, la oportunidad de trascender la finitud y sentirse con plena justicia colaborador  tanto de la creación divina como de su obra de salvación.

 Quiero finalizar el artículo como hice al comienzo con unas palabras del prólogo escritopor Olegario González de Cardedal: Quienes, escuchando la voz de su conciencia, ilustrada y limpia, yendo más allá de sus propios ruidos internos y de los exteriores del mundo, oigan la voz de Dios presente en su interior y consientan en su llamada, percibirán por sí misma la convergencia del hombre y la del creyente.En el libro de Arana podemos ver esa convergencia del hombre y del creyente que puede ayudar  a que otros escuchen esa voz que se nos dirige desde el centro de nuestro ser.

 Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

 

[1] Juan Arana, Teología para Incrédulos. B.A.C., Madrid 2020.

[2]Ib, Cap. 2: Cartas de un profesor que recobró la fe a un antiguo alumno que la ha perdido.

[3] Sobre este tema puede verse leerse el libro de Juan Arana, Los sótanos del universo. La determinación natural y sus mecanismos ocultos, Biblioteca Nueva, Madrid 2012.

[4] Sobre la conciencia el libro Arana,La conciencia inexplicada, Biblioteca Nueva, Madrid 2015.

[5] Nicolás Gómez Dávila, Breviario de escolios, Ediciones Atalanta, Girona 2018.

[6] Juan Arana, Teología para incrédulos, Cap. 14, Crímenes de la Iglesia.

[7]Ib, Cap. 13, La antipatía de los creyentes.

[8]Ib, Cap. 20, Cuesta abajo.

[9]Ib,Cap.8, Terrores Nocturnos.

[10]Teilhard de Chardin, El Medio Divino, Trotta, Madrid 2008.

Compartir: