Las parroquias de Villargordo y Torrequebradilla peregrinan a Santiago de Compostela

Del 2 al 8 de julio, 32 fieles de las parroquias de Villargordo y Torrequebradilla peregrinaron a Santiago de Compostela a través del conocido como “Camino Francés”. Iniciaron la peregrinación en Sarria y continuaron el camino por Portomarín, Palas de Reis, Arzúa y Pedrouzo, hasta llegar a la  Plaza del Obradoiro.

Durante esos días, los peregrinos pudieron disfrutar de la convivencia comunitaria y participar en la Eucaristía en cada uno de los puntos geográficos visitados. Asimismo, han tenido momentos para la reflexión y la oración personal.

El matrimonio formado por Antonio López y Juani Rodriguez nos cuentan su experiencia personal:

En los días del 2 al 8 de julio hemos tenido la oportunidad de peregrinar en familia de comunidad cristiana a la tumba del Apóstol Santiago…

Cuando alguien piensa en iniciar una “aventura” siente miedo, es lógico sentirlo ante lo desconocido. Y se prepara a conciencia para afrontarlo porque no sabe a qué se va a enfrentar.

Cuando se nos propuso “hacer el Camino” lo primero que te viene a la cabeza es eso, ¡miedo!, luego piensas en prepararte para poder afrontarlo. No quieres hacer el ridículo ante los demás y entrenas y fortaleces el cuerpo, siempre piensas en ti y en los tuyos.

Luego piensas ¿que “voy” a necesitar? Y metes en la mochila todo aquello que piensas que te puede hacer falta, medicinas, ropa, crema de protección, apósitos para los pies… y la maleta, ¿qué decir de la maleta?: ropa para el camino, para cuando lleguemos, para 7 días, para el viaje… sigues pensando “solo en ti” y en “tus necesidades físicas”.

Cuando llegas a destino y ves el hospedaje: una pensión humilde, sin lujos, con carencias de comodidades, piensas ¿Dónde me he metido yo?

Y llega el momento de iniciar el camino, preparado todo: tus zapatillas de marca, tu camiseta especial que no pegue calor, tus cremas en la mochila, tu chubasquero por si llueve, tu gorra por si hace sol… todo pensando en ti, solo en ti…  Y te llega el miedo a no ser capaz y el miedo al qué van a decir, y te preguntas ¿se reirán de mí? ¿Qué va a pensar mi mujer o mi marido o mi amigo?

Y empiezas a andar y cuando pasas al lado de un desconocido y oyes “buen camino”. Lo miras extrañado y te dices por dentro ¿y este quién es? Y sigues andando y ves una persona mayor de paso lento y pesado y piensas “este no llega”, incluso te ríes por dentro porque es de esta manera o de aquella y sigues y sigues andando y de golpe te duele la zapatilla y te paras un segundo a tocártela y enseguida oyes detrás de ti “amigo, ¿necesitas ayuda?” y miras extrañado a quien te lo dice que es la persona mayor y lenta que dejaste atrás o un completo desconocido. Y te vas retrasando porque los kilómetros se hacen pesados y ves un grupo de tus compañeros que te están esperando y piensas ¿Por qué me esperan? se van a retrasar ellos y cuando te acercas, no te dicen nada, solo te preguntan ¿Cómo vas? y te ofrecen algo para comer o beber… y sigues andando, con las fuerzas cada vez más débiles y cuando empiezas a flaquear vuelves a oír “buen camino” o alguien te pregunta ¿de dónde vienes? Y no los conoces de nada, y de golpe, te cuenta de donde son ellos, porqué están allí, que hicieron el camino hacía 5 años y cada año lo repiten y ves una familia que ayuda a una persona ciega a cruzar un bache o un charco y piensas ¿Por qué hacen estas personas el camino con sus limitaciones?… y así continuas andando y andando… junto a cientos de personas de distintas edades, de distintas nacionalidades, de distinto aspecto físico, pero todas iguales, con un pantalón, una camiseta, unas zapatillas, una mochila y un bastón, todas iguales. No hay lujo, ni diferencias, todos andando y cansados, pero alegres, sonrientes, de buen agrado y algunos cantando o bromeando.

Y luego llegamos a la meta y allí te esperan los que antes llegaron y te pregunta cómo vienes, o te pregunta tu pareja “me has echado de menos” o te reciben haciéndote palmas y te sientes importante, arropado, protegido, animado, querido y se te hace un nudo en la garganta y dices: merece la pena, tengo mucha gente que me quiere, a la que hace unos días casi desconocía o simplemente nos saludábamos con un “hola, buenos días o adiós”, porque pensaba que era de esta o aquella forma, serio, engreído…y ha sido el primero que me ha dado la mano de apoyo o el abrazo de amigo sincero que nada espera de mí y me digo, si merece la pena.

Por la tarde salimos a dar una vuelta al pueblo y comentamos el camino andado, como es la habitación, que hemos compartido baño 6 personas y no se quejan, solo lo comentan como anécdota. Oyes una broma, una risa lejana y parece que llevamos días y días juntos y hablas con aquella persona que te caía regular y piensas “¡que injusto fui con este amigo, no es como parecía!

Y nos reunimos en la Parroquia del pueblo y celebramos la Eucaristía con personas desconocidas pero que has visto en el camino, de distintos países, con varios sacerdotes que están haciendo el camino y sientes que estas contento y feliz a pesar del dolor de pies y cuerpo y te preguntas ¿Qué me está sucediendo?

Y nos vamos a dormir y descansar para al día siguiente iniciar de nuevo “el camino” y ya no sientes miedo, ni cansancio, ni piensas tanto en lo que vas a necesitar, porque sabes que alguien te lo va a dar. Estas deseando de salir y ver de nuevo a todas esas extrañas personas desconocidas que son tu amigos, porque los vistes ayer un momento y vuelves a ver a la persona mayor que sigue su paso lento, o a la persona china “pesada de paso lento” que sigue su camino, o al mendigo que ayer estaba en la puerta de la Iglesia contando que lleva 59 años haciendo el camino y te dice como es la siguiente etapa…

Cuando a lo largo de la etapa nos reunimos en la puerta de una iglesia rural a hacer un “examen de conciencia” colectivo y al final, cantando, nos damos la paz, recibimos abrazos y apretones de manos como hacía tiempo que no lo hacíamos, se está labrando unos lazos de amistad y fraternidad que se irán haciendo más fuertes conforme se avances… y sigues caminando y sigues recibiendo muestras de solidaridad de personas que nunca has visto, que no conoces de nada, a las que solo te une la FE común.

Poco a poco has ido dejando el mí, el yo, el nuestro y has pasado a pensar más en el tu, en él, en ellos, en los demás, te has ido despojando de los miedos, de las dudas, de las cargas y deseas más dar que recibir, piensas mas en ayudar que en que te ayuden, eres tú el que ahora dices “buen camino” o le dices a alguien “necesitas ayuda” o cuentas orgulloso “yo soy de JAEN”, ya formas parte de “el camino”, te ha absorbido, te has integrado en una familia a la que ya no olvidarás.

Ya no tienes miedo, ya no tienes dudas, ya no te importa viajar con una mochila casi vacía, porque ya sabes que en el camino todo se comparte, todo se ofrece. Entonces te acuerdas de aquella persona que te dijo que él se ha echado una promesa de hacer el camino pidiendo de comer a los demás u oyes a una Colombiana en la Catedral pedirnos que recemos por la Paz de su País y que afortunados somos por tener un País como el nuestro y un camino por andar… y entonces lloras sin importarte lo que digan los demás y pides la palabra para dar tu testimonio, ya sin reparo ni miedo al qué dirán…Ya eres Camino para toda la vida.

El Camino es más que andar: es fraternidad, solidaridad, generosidad, Amor, dar, compartir, sentir, reconciliación, perdón, olvido. El cansancio ya no existe. EL CAMINO ES CRISTO.

Galería fotográfica: “Peregrinación a Santiago de Compostela de las parroquias de Villargordo y Torrequebradilla” 

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