La Pastoral Penitenciaria visita la parroquia de La Asunción de Ntra. Sra. de Villargordo

IMG-20191114-WA0006El pasado jueves, 14 de noviembre, nos visitaba un grupo de internos del Centro Penitenciario de Jaén y lo hacían de la mano de Padre Salesiano José González, Consiliario de la Pastoral Penitenciaria. Se trataba de un evento programado dentro de las salidas organizadas por la Pastoral y  el Centro.

Fueron recibidos, a primera hora de la mañana, por nuestro párroco, D. Germán García, y un nutrido grupo de voluntarios colaboradores de la parroquia, en la sede de la Cooperativa San Juan. Allí nos esperaban también algunos miembros de su Consejo Rector y socios de la misma, donde pudimos compartir un “desayuno almazarero”, basado principalmente en pan y aceite, que en este caso fue un aceite temprano, recién obtenido, que hizo las delicias de todos los asistentes, que dieron buena cuenta de él.

Al final del desayuno, se hizo un corro y cada uno nos fuimos presentando para que al menos nos conociéramos por nuestro nombre en la jornada que íbamos a compartir. Ya aquí, se empezó a vislumbrar el lado más humano de todos los asistentes sin excepción, unos, voluntarios, se volcaban en ser hospitalarios y otros, visitantes, se mostraban agradecidos por el recibimiento que habían tenido, pero eso solo era el comienzo. Se visitaron las instalaciones y conocieron, de mano del Vicepresidente de la Cooperativa, todo el proceso que hace la aceituna antes de ser envasado y llegar a la mesa de los socios y clientes. Algunos, tanto de los visitantes, como de los acompañantes y colaboradores, nunca habían pisado una almazara, por eso, se quedaron sorprendidos tanto de la amplitud de las instalaciones como del trato que se le da a la aceituna.

A continuación, visitamos el Museo Cerezo Moreno y pudieron disfrutar de la amplia muestra de cuadros que allí se expone. Allí fuimos recibidos por María del Mar, quien, con mucho cariño y cercanía, nos ofreció un amplio relato de la historia del museo y de su autor, que también gustó y sorprendió a los visitantes.

Al terminar la visita del museo, fuimos al salón parroquial, donde pudimos degustar una amplísima y abundantísima selección de dulces donados por la Panadería Agudo.

Poco a poco se iba integrando el grupo, se iba facilitando el diálogo, se iban contando sus particularidades y se iba creando un ambiente ameno, distendido y entretenido.

Tras la degustación, repuestas las fuerzas, nos dirigimos al templo parroquial y aquí D. Germán hizo de anfitrión. Comenzó invitándonos a la oración personal, que después los internos decidieron acabar alabando juntos a Dios con un canto a Jesús. Después, nos introdujo en los pormenores del templo, su historia, su razón de ser, un primer anuncio impactante sobre la fe cristiana… Sobre todo nos presentó a Jesús, el mensaje fundamental de Jesús sobre Dios y la invitación fundamental de vida que Jesús nos quiere trasmitir. Después, hizo un recorrido minucioso y catequético sobre todas y cada una de las imágenes y cuadros que nuestro templo alberga. No sabemos lo que tardó, lo que sí sabemos es que nadie tenía prisa y ninguno quedamos indiferente.

Mientras tanto, un grupo de voluntarios preparaba el almuerzo, unas viandas que compartir y una paella.  Luego una larga tertulia, un ambiente muy íntimo, donde cada uno se sinceró, un diálogo entre todos, donde se pudo hablar de sus cosas y de sus situaciones.

Al terminar, nos fuimos dando un paseo por el pueblo, haciendo el recorrido de la procesión del Señor de la Salud, hasta su ermita. Llegamos a las cinco de la tarde y a esa hora estaba previsto celebrar la Eucaristía allí. No podía ser de otra forma, había que llegar a nuestro patrón, que tantas y tantas peticiones recibe a diario. Ese día se podía ser diferente. Antes de entrar, en un ambiente distendido, bromas, risas y algún testimonio que pone el vello de punta: dos internos relatan su situación y lanzan un mensaje a la gente joven para que aprendan a decir NO a todas las tentaciones que el mundo ofrece, que la felicidad no está en el consumo, está en la familia, en los amigos, en el trabajo…

Entramos a la ermita y empiezó la Eucaristía, con una canción a la guitarra que hace uno de los internos con una voz que nos enternece. Se pudieron ver lágrimas en algunos asistentes y miradas de complicidad. Se hicieron las lecturas, elegidas y apropiadas. Se proclamó el evangelio del Hijo pródigo. Posteriormente, nuestro párroco se esmera en la homilía. Una homilía corta, emotiva, porque quiere que la completemos nosotros, los asistentes, con lo que nos salga del corazón. Y empezaron las intervenciones, al principio con miedo, luego con soltura, con confianza. Se preparó un escenario apropiado, un círculo, cercanos unos de otros y el altar abajo. Se hicieron las peticiones, de la misma forma, lo que a cada uno les salió del alma y se dieron gracias, se hicieron reflexiones de las que calan y siguieron las lágrimas en algunos ojos rojizos. Nos dimos la paz, rezamos el padrenuestro de la mano y todo nos parecía diferente, más íntimo. Y llegamos a la comunión, con silencio y recogimiento, mientras otra vez la guitarra y la voz desgarrada que nos llegaba al corazón y se nos hacían nudos en la garganta. No queríamos que la Misa terminara, pero llegó la hora de la despedida.

Una jornada que empezó con recelo y acabó en abrazos, como si nos conociéramos de toda la vida. Y alguien piensa que, además de los visitantes, además de los voluntarios y colaboradores, entre todos, había alguien más…

Bendita jornada en la que pensamos que íbamos a dar y acabamos recibiendo y llenos de paz.

Gracias por visitarnos.

Parroquia de La Asunción de Ntra. Sra. de Villargordo

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