La Curia diocesana celebra la apertura de curso con la mirada puesta en el año de la Liturgia y el misterio de Cristo

El pasado lunes, 9 de septiembre, tuvo lugar el acto de apertura del nuevo curso pastoral en la Curia diocesana.

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, presidía la Eucaristía que tuvo lugar en la Capilla Menor del Seminario diocesano, a las 13 horas. Asimismo, estuvo concelebrada por el Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas; y el Canciller Secretario, D. Antonio Javier Cañada Morales.

Participaron, además, los Vicarios Episcopales, los Delegados, los Directores de los Secretariados, los Responsables de Servicio y los Arciprestes,  así como otros sacerdotes diocesano y los miembros de la Curia.

El Obispo comenzó su homilía recordando que comenzamos “un año muy singular y muy importante para Iglesia diocesana y para todos aquellos que tienen una responsabilidad o un servicio en ella”. Insistió, además, en que la Iglesia de Jaén es “una Iglesia que sabe dónde va, sabe dónde está y sabe dónde está su cimiento”. “Somos la Iglesia del Señor, aquí en Jaén, aunque siempre caminamos unidos a la Iglesia Universal y a su Pastor, el Santo Padre Francisco”.

Don Amadeo continuó indicando que “nuestro vida, nuestro servicio y nuestra misión siempre tiene que situarse en Cristo Jesús”. Para añadir: “Lo que queremos y buscamos siempre, en nuestra planificación y acción pastoral, es mostrar a todos el Amor de Dios, manifestado en Jesucristo. Pero, para eso es necesario que nosotros afiancemos nuestra vida en ese amor”.

“Vamos a terminar el año litúrgico con muchas actividades y, de alguna manera, afianzando nuestra vida cristiana y nuestra acción pastoral en la Misión. Pero, después, va a venir un periodo largo, que será nuestro próximo año litúrgico, donde tenemos que seguir poniendo toda nuestra ilusión y toda la creatividad posible, primero como responsables de los distintos sectores pastorales a los que servís y, después, en las parroquias”, subrayó.

Asimismo, Monseñor Rodríguez Magro, centrándose en el tercer año de nuestro Plan Pastoral, que será el de la Liturgia y el misterio de Cristo, manifestó que el camino a recorrer en el próximo año litúrgico nos está invitando a penetrar en nuestra interioridad, para que todo lo que somos y hacemos se asiente de verdad en la profundidad de nuestra raíz en la fe y de nuestra vida cristiana, que está en la comunión y en la comunicación personal con Dios, nuestro Padre y con Jesucristo, nuestro Señor”. “Será, por tanto,- señaló- un año para dejar trabajar en nosotros al Espíritu, que nos fortalecerá en su vida, moderando la santidad en cada uno de nosotros. Será un año para consolidar, en su verdadera fuente y sentido, lo que somos y lo que hacemos en cualquiera de las manifestaciones de la vida de la Iglesia”.

Explicó, igualmente, que “no es un año para interrumpir nada, sino para que todo se dinamice en su verdad, en su fuerza y en su calidad espiritual. Es un año para dejarnos enriquecer por la gracia. En el que todo se situará en el amor de Dios y se ofrecerá con la fuerza salvadora del misterio de Cristo”.

Y apuntó que “será un año de encuentro personal con Cristo, en la oración, en su palabra, en la celebración de la fe, en la vida sacramental, en la celebración del domingo, en la alegría experimentada, en el encuentro con los hermanos… será un año para una experiencia en profundidad”.

Al finalizar la Eucaristía, la Curia se reunió para compartir un aperitivo fraterno.

Galería fotográfica: «Inicio de curso de la Curia diocesana» 

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