La Aparición se rememora con devoción y solemnidad

Los devotos marianos, en especial, los de la Virgen de la Cabeza miraban con fervor al punto más alto de Sierra Morena en el día en el que se rememoraba la “Aparición” de la Virgen al pastor Juan de Rivas, la noche del 11 al 12 de agosto de hace 793 años.

La nueva normalidad, las medidas de prevención frente a la COVID-19 y el sentido común fue la nota dominante de una celebración que se redujo exclusivamente a la Eucaristía, que además, se adelantó dos horas respecto a otros años. Las autoridades controlaban el acceso a la Basílica Santuario al que solo se podía acceder con acreditación.

Allí se dieron cita las autoridades locales, la Junta de Gobierno de la Cofradía Matriz y algunos representantes de las filiales.

En el presbiterio, donde está ubicada la patrona de la Diócesis desde el final de la cuarentena, para poder ser venerada con más facilidad por los que acuden al Santuario, lucía “la Morenita” con esplendor, recordando aquella luz que llamó la atención del pastor de Colomera aquella noche santa de 1227.

La celebración fue presidida por el Vicario General de la Diócesis, D. Francisco Juan Martínez Rojas y concelebrada por los hermanos trinitarios que custodian la Basílica, y el párroco de Santa María la Mayor de Andújar, D. Pedro Montesinos. Como acólito, el seminarista, Antonio Blanca.

Las lecturas estuvieron participadas por cofrades y colaboradores de la Basílica Santuario.

Homilía

La predicación comenzó haciendo alusión al pasaje del Evangelio de San Mateo que se había proclamado y que enlazó con los miedos e incertidumbres provocados por la pandemia. En este sentido, Martínez Rojas explicó, “Cuando Jesús va a su encuentro sobre las aguas, los discípulos gritan y dudan; tienen miedo. Incluso Pedro, seguro de sí mismo, parece que se hunde en el mar. Algo parecido nos ha pasado a nosotros en los meses pasados. Seguros de nosotros mismos, pensando que somos los dueños de nuestro destino, hemos experimentado nuestra suma fragilidad con esta pandemia. Y como Pedro, hemos lanzado un grito desgarrador, que mostraba nuestra impotencia ante la enfermedad y la muerte: Señor, sálvanos”.


Para continuar afirmando, “la COVID-19 ha desenmascarado nuestra vulnerabilidad y dejado al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras existencias. Nos ha mostrado cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida”.

Después, y en alusión a la rememoración de la Aparición, D. Francisco Juan expresó, “Ella quiere ser la madre de todos, quiere amparar a todos, quiere iluminar a todos, porque al pie de la cruz, en la persona del apóstol Juan, Cristo le entregó a toda la humanidad para que todos fuésemos también hijos suyos. Por eso, encontrarnos con María en el cerro, en su casa, y dejarnos iluminar por su luz en esta oscura noche en que vivimos, tiene que empujarnos a salir al encuentro de los demás, bajar del cerro al valle de la vida de cada día y comunicarles con gozo el evangelio de Jesús, la única Buena Noticia que salva”.

Antes de concluir su homilía con la oración que el Papa Francisco ha creado para este tiempo de pandemia, quiso recordar que la Santísima Virgen es la que nos acerca a su Hijo y ayuda a cumplir la voluntad del Padre, Como María, acerquemos también a Jesús a los demás, para que él, que es la luz del mundo, ilumine las oscuridades de las noches de la historia que atemorizan a tantas personas, y nos ayude a cumplir la voluntad de Dios siempre desde la confianza en un Dios misericordioso, que con su providencia guía los acontecimientos de nuestra vida”.

En la oración de los fieles se tuvo presente a las personas enfermas y fallecidas a causa del coronavirus.

Y la celebración concluyó entonando el himno de la Virgen de la Cabeza.

Una “Aparición” que será recordada por el recogimiento y la oración frente a las habituales marcadas por la celebración en los exteriores del Santuario, la posterior procesión de la Virgen por el poblado y los numerosos fieles que acuden a esta fiesta tan arraigada en la memoria de los iliturgitanos y devotos de la “Morenita”.

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