Dos nuevos beatos jiennenses entre los 115 mártires de la Diócesis de Almería

Hace algunos años, en 2003, el entonces obispo de Almería, D. Rosendo Álvarez Gastón, me hizo el gran honor de pedirme que me encargara, -como Postulador en nombre de  la Diócesis de Almería-, de actuar ante la Santa Sede (Congregación para las causas de los Santos), y en nombre del Consejo del Presbiterio de aquella Diócesis, tramitara yo el proceso de Beatificación y Canonización por martirio (y por tanto, en la consiguiente redacción de la POSITIO del proceso)  de los Siervos de Dios, José Álvarez Benavides y 115 compañeros, mártires.

El próximo 25 de marzo 2017, solemnidad de la Encarnación,  van a ser Beatificados los 115 mártires, sacerdotes y seglares (entre ellos ‘Emilia’ la gitanilla).  Por ello recientemente, el actual Obispo de Almería, D. Adolfo González Montes, sucesor de D. Rosendo, me pedía -ante la ya inminente fecha de la BEATIFICACIÓN- que hablara  al clero almeriense de estos mártires, que son de alguna manera para ellos sus padres en la fe.

De estos 115 ‘testigos de la fe en el Señor Jesús’, dos de ellos nacieron en tierras giennenses: En Siles, el día 28 noviembre 1866, nació el BEATO FRANCISCO MARTÍNEZ GARRIDO; y en Peal de Becerro, el día 4 de enero 1907, nació el BEATO AQUILINO RIVERA TAMAYO.

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Es norma en la Iglesia que los procesos de canonización se instruyan en las diócesis del lugar de la muerte; y este es el motivo principal por el que estos dos sacerdotes van a ser Beatificados próximamente en Almería: murieron en territorio de la diócesis de Almería.

Sin embargo los datos propios de uno y otro en cuanto a la ‘geografía pastoral’ son dignos de considerarse y de ahí su vinculación con JAÉN.

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Un primer apunte necesario es anotar que eran párroco y coadjutor de la misma Parroquia de “Santa María”, de Huéscar (provincia de Granada); Aquilino era también encargado de un anexo cercano, ‘San Clemente’ que era otra parroquia con unos 950 habitantes.

Por otra parte, la Diócesis de Jaén actualmente (desde  1954) coincide con los límites de la provincia de su mismo nombre. Sin embargo en los años en que nacieron tanto uno como otro, Francisco Martínez Garrido  (1866) y Aquilino Rivera (1907), ni Siles ni Peal de Becerro eran de la Diócesis de Jaén.

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Los siglos que duró la Reconquista iban dando lugar a un puzle territorial de enclaves: el conquistador anexionaba los territorios conquistados a las más diversas y distantes jurisdicciones eclesiásticas. Así se explica que  Martos estuviera sujeto a la Orden militar de Calatrava; Siles (la comarca  de Segura) lo estuviera a la Orden Militar de Santiago;  Cazorla, al arzobispado de Toledo; y Alcalá la Real fuera una Abadía ‘vere nullius’.

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AQUILINO RIVERA TAMARGO: NACIDO EN PEAL DE BECERRO EL 4 ENERO 1907. MUERTO EN ALMERÍA EL 23 SEPTIEMBRE 1936. A LOS 29 AÑOS.

La Diócesis de Toledo, por su presencia a través de sus propios conquistadores de muchos lugares en la extensa geografía de España, tenía muchos enclaves en muchas de las provincias españolas. Todavía siguen existiendo algunos de tales enclaves, como por ejemplo el Santuario de la Virgen Guadalupe en Extremadura, que es de la Archidiócesis de Toledo.

En 1936-1939 este era el caso de la ciudad de Huéscar, donde eran párroco y coadjutor  estos dos BEATOS, nacidos en Siles y en Peal de Becerro: Ambos nacidos en territorio de la provincia de Jaén, siendo párroco y coadjutor en Huéscar (provincia de Granada), mueren en territorio de Almería y por eso allí van a ser beatificados. La muerte de ambos, Francisco, el párroco, y Aquilino, el coadjutor, sucedió en Almería; por eso en Almería se ha realizado su proceso para la beatificación, que será solemnemente celebrada el próximo 25 de marzo.

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Huéscar, civilmente era y es de la provincia de Granada; pero en el orden diocesano entonces (1936-1939) pertenecía a la archidiócesis de Toledo. Desde 1954 Huéscar, (que era provincia civil de Granada), deja de pertenecer a la Archidiócesis de Toledo y pasa a la Diócesis de Guadix (que está dentro de los límites de la provincia de Granada). Así sucede también, en la misma fecha de 1954, con Peal de Becerro (el arciprestazgo de Cazorla) que pasa desde la Archidiócesis de Toledo a la Diócesis de Jaén.

El día 23 de septiembre  de 1936, en el ‘Cuartel de las milicias’, en Almería -donde estaba preso desde 24 de agosto anterior-, fue asesinado Aquilino, con 29 años de edad. Fue  bautizado en Peal de Becerro. Allí pasó su infancia. Recibió la confirmación el día 18 noviembre 1912. Fue ordenado sacerdote el 15 de abril de 1933, sábado santo, en Toledo a cuyo seminario llegó en el curso 1919 para hacer sus estudios sacerdotales, pues Peal de Becerro (del arciprestazgo de Cazorla) pertenecía a la Archidiócesis de Toledo. Desde mayo de 1933 es el Coadjutor de la Parroquia de Huéscar, junto al párroco, -otro giennense, de Siles-, el Beato Francisco Martínez Garrido. Desde el 4 de agosto de 1936 ambos son detenidos en Huéscar y padecen un viacrucis en su recorrido por diversas cárceles. Aquilino sin embargo morirá (23 septiembre 1936) antes que el párroco. Sus restos están en el mausoleo del cementerio de Almería, con los demás muertos por la fe en aquella ciudad.

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FRANCISCO MARTINEZ GARRIDO, NACIDO EN SILES EL DÍA 28 NOVIEMBRE 1866 Y MURIÓ EN LA PRISIÓN DE VÉLEZ RUBIO (ALMERÍA) EL DÍA 14 DE ENERO 1938. A LOS 62 AÑOS.

Siles, en plena sierra de Segura, en la provincia de Jaén, en el ámbito de jurisdicción eclesiástica, en aquellos años del nacimiento del BEATO FRANCISCO MARTÍNEZ GARRIDO, gobierna la Orden militar de Santiago.  Así venía siendo desde que fuera reconquistada aquella comarca.

En 1873, de un modo unilateral y violento, se pone en práctica por el gobierno español lo que se había acordado antes en el concordato español de 1851 –después de la etapa Mendizabal-  entre el Papa PÍo IX y la Reina Isabel II, en relación con la adaptación de las jurisdicciones eclesiásticas a los límites o demarcaciones civiles. Ello provoca la actuación del Papa unas fechas después (febrero 1874), que firma las bulas ‘Quo gravius’  y ‘Quae diversa’, para toda España. Por tales bulas, en Jaén, el territorio de la Abadía de Alcalá la Real pasa a la Diócesis de Jaén; y también los diversos territorios encomendados a una u otra Orden Militar. Así sucede con la comarca de Segura  -Siles- que pasa también a la Diócesis de Jaén en tales fechas.

El BEATO FRANCISCO, había nacido en Siles, en  1866, es decir, cuando aún estaba la sierra de Segura bajo la jurisdicción eclesiástica de la Orden de Santiago. Su bautismo fue el día 30 de noviembre de 1866 en la parroquia de Siles (L.20, folio 209, nº 121). Marchó al Seminario de Toledo, donde estudió todos los cursos de Latinidad, Filosofía y Teología; sin duda marchó a Toledo por esa pertenencia de Siles a la jurisdicción de la Orden militar. Fue ordenado sacerdote  en 1892, en Toledo. Y allí mismo  consigue el Doctorado en Teología. Los primeros años de sacerdote estuvo destinado en algunos pueblos de Guadalajara y de Badajoz  (pertenecientes a la Archidiócesis de Toledo); y en 1907, el 1 de noviembre, es nombrado párroco de Huéscar. Allí permanecerá hasta el 4 de agosto de 1936, en que es apresado él y su coadjutor Aquilino.

Juntos van a la prisión de Huéscar unos días; el 8 de agosto ambos son trasladados a la cárcel de Baza; el 20 de agosto, a la de Guadix; el 24 de agosto, otro traslado de cárcel: al ‘Cuartel de las milicias’, en Almería. Allí murió  Aquilino (23 septiembre 1936); unos días antes el párroco Francisco de nuevo había sido trasladado a Baza hasta el 25 de diciembre, día de Navidad, de 1937, en que es llevado esta vez a la cárcel de Vélez Rubio (Almería), donde sufre tales palizas, vejaciones y malos tratos que el 14 enero 1938 muere en la misma cárcel. Su defunción se inscribe en el Registro civil de Vélez Rubio el día 15 enero 1938, a causa de asistolia cardiaca (RC de Vélez Rubio, sec. 3ª, tomo 49, folio 150). Fue enterrado en el cementerio de Vélez Rubio.

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Estas notas sobre sus biografías, llevan la intención de veneración y alabanza a quienes -nacidos en nuestras tierras de Jaén-, han dado gloria a Dios con sus vidas, con su sacerdocio, con sus muertes por la fe. El Beato Francisco, con 62 años y el Beato Aquilino con 29 años. Uno y otro nacidos en esta ‘tierra de Dios entre olivares’. Uno y otro, en sus años finales, cultivando como pastores a un mismo pueblo (Huéscar); uno y otro sufriendo juntos una peregrinación de calvario y cárceles; uno y otro derramando su sangre en martirio, como olor agradable  de víctimas que se ofrecen junto al ‘Testigo fiel’ y Pastor bueno, que es Jesucristo, nuestro Señor.

Algo, o mucho, de gozo nos toca a nosotros en Jaén por la gloria de dos sacerdotes de nuestra tierra, que triunfaron  por su fe hasta derramar su sangre. Que intercedan en el cielo: por Siles y Peal de Becerro, y por esta diócesis entera de Jaén y por los pueblos por los  pasaron ‘haciendo el bien’.

Rafael Higueras Álamo, 
Postulador de la causa de beatificación y canonización de 115 mártires,  en la diócesis de Almería

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