Carta Pastoral a los trabajadores y trabajadoras: «Un 1 de mayo con coronavirus y sus consecuencias»

Queridos hermanos y hermanas:

Esta carta se la dirijo, con un especial afecto, a todos los trabajadores y trabajadoras que, día a día, sostienen la vida de la sociedad. El trabajo es una de las expresiones de la dignidad humana. Todo hombre y mujer tiene derecho al trabajo. “El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre: un bien útil, digno de él, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana. La Iglesia enseña el valor del trabajo no sólo porque es siempre persona, sino también por el carácter de necesidad.” Así se expresa la Doctrina Social de la Iglesia.

Esto supone que el trabajo ha de estar a la altura de quienes lo realizan, por tanto, ha de ser siempre digno en todas formas de contratación y, por supuesto, siempre ha de ser un trabajo decente. Por desgracia, estas condiciones no siempre se dan, unas veces por los altos índices de paro, que producen altas tasas de parados, precariedad en los contratos y, a veces, condiciones inaceptables que, por necesidad, algunos no tienen más remedio que aceptar, produciéndose violaciones flagrantes de indecencia en el trabajo humano. Hay, por tanto, en el trabajo, muchísimo que mejorar.

La ocasión de esta carta es la fiesta de San José Obrero, el próximo 1 de mayo. El fue el maestro de Jesús en el oficio que ejerció antes de que iniciara su misión pública, Jesús Obrero. Por eso la Iglesia, y en ella los obreros cristianos, celebran este día y le dan gracias a Dios por haber enviado al mundo a su Hijo en la condición de trabajador y en una familia obrera. Así dignificó y santificó para siempre el trabajo y le dio valor a la palabra “trabajador”.

En este año, el 1 de mayo seguramente no va a tener el mismo carácter festivo y de denuncia pública que suele tener en otras ocasiones. No obstante, para la Iglesia, a la que nada la impide, ni siquiera el confinamiento, celebrar con la actitud interior sus fiestas, en este día tan especial para el mundo obrero, quiere hacer oír su voz en estos momentos en los que ya se ha iniciado una gran crisis económica mundial sin precedentes, que naturalmente afecta a España y, en especial, a las franjas en las que el paro tiene uno de los índices más altos, es decir, en los jóvenes.  Es evidente que en esta situación será muy perjudicado el mercado del trabajo, al que ya está afectando ERTES, despidos, reducción de jornada y desaparición de muchas pequeñas y medianas empresas.

Desde la Iglesia pedimos que, en la solidaridad colectiva que en estos momentos se está generando, no se olvide nunca a los más perjudicados y se tomen a favor de ellos soluciones preferenciales. No se puede olvidar una máxima que es irrebatible: que los males que les afectan a todos, les afectan el doble a los trabajadores pobres. Por eso, hemos de pedir actitudes y acciones concretas, preferenciales en justicia y solidaridad con los que, por falta de trabajo, van a caer, una vez más, en la pobreza, como sucede en épocas de crisis. Nos sumamos al Papa Francisco en pedir un salario universal para los parados y trabajadores pobres, mientras no podamos llegar a lo que es el deseo fundamental: que haya trabajo para todos.

Como nuestra reflexión de cristianos, además de hacerla en solidaridad con nuestros hermanos trabajadores, la hacemos siempre mirando al que rige los destinos del mundo, a Dios nuestro Señor, nuestro Padre, y a su Hijo Jesucristo, le pedimos que nos ayude a regenerar la vida de nuestro mundo, con los dones del Espíritu, especialmente con el de la paz, la justicia y la solidaridad, para que todos puedan participar de los bienes que Dios creó para todos y nadie se quede fuera del reparto de lo que también es suyo.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 

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