Andrés Aldarias canta su primera Misa en El Salvador de Baeza

El poeta Gabriel y Galán a un sacerdote en la memorable fecha en que se acercara por vez primera a celebrar “los Divinos Misterios”, le dedicaba un canto de júbilo, por esta razón, que terminaba así:

“¡Llegaste al fin del camino!

¡Feliz quien cuenta en su historia
un día como este día!”

Todo lo que rodea al recién ordenando sacerdote y a la celebración de su primera misa está envuelto en un halo de trascendencia al mismo tiempo que en una alegría serena y desbordante. El nuevo sacerdote, Andrés Aldarias, estará pendiente de todos los detalles y se habrá ocupado, junto con D. Juan Quiles, su párroco, sus padres y sus amigos de preparar con esmero y detalle la celebración de su primera misa.

Casi sin darse cuenta la hora de la celebración se echará encima. Y todos, los padres y el nuevo sacerdote, se encaminarán a la iglesia de El Salvador con el corazón latiendo a revoluciones desacostumbradas. Andrés su hijo, va a comenzar de manera solemne su entrega a la Iglesia celebrando el sacramento y el sacrificio del Amor de Jesús a todos los hombres y mujeres que se renueva en el altar cada vez que se celebra la Eucaristía.

Son las siete y media de la tarde cuando aparcamos en la Calle de San Andrés, muy cerca de la iglesia parroquial de Santa María del Alcázar y San Andrés. Se encuentra al noroeste de la Ciudad de Baeza y es el centro del barrio conocido como La Peñuela. En lo alto de su torre ondea al viento una bandera blanca, recuerdo de la ordenación de Andrés y símbolo de paz y alegría.

Los numerosos sacerdotes que van a concelebrar con Andrés su primera misa van llegando poco a poco y se dirigen al lugar desde donde, presididos por la Cruz parroquial, se dirigirán hacia el templo a la hora prevista.

Un poco antes, a las ocho menos cuarto, la familia de Andrés llega a las puertas de la iglesia cuando ya los abuelos paternos habían ocupado sus asientos en la iglesia. Viene Isabel, la madre, del brazo de su hijo Andrés y Paco, el padre, del brazo de Ana Isabel, hermana de Andrés. En el templo espera una gran cantidad de fieles y el coro parroquial se encuentra junto a la imagen de la Virgen.

La familia de Andrés ya está en el banco asignado para ellos tras haber pemanecido unos momentos de rodillas. Y tras unas palabras de bienvenida y agradecimiento pronunciadas por Ana Isabel, los sacerdotes van entrando al templo y mientras caminan por el centro el Coro parroquial comienza el canto de “Venimos hoy a tu altar, a cantarte, Señor, pues Tú eres la alegría de nuestro corazón…”

Tras el acto penitencial y el canto del Gloria comienza la Liturgia de la Palabra en la que la primera lectura, tomada del libro de Jeremías, recuerda la vocación del Profeta con estas palabras: “Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno te consagré, te constituí profeta de las naciones”. Palabras que ponen de relieve de que de Dios procede la vocación al sacerdocio.

El canto del salmo responsorial “Te doy gracias porque me has escogido portentosamente”, penetra en el espíritu de los que allí nos encontramos. Después, la proclamación del evangelio pone de relieve que es Jesús el Buen pastor que da su vida por las ovejas. Y en la homilía, Andrés ira desgranando su propósito de imitar a Jesús como nuevo sacerdote que buscará a todas las ovejas para que haya un solo rebaño y un solo pastor.

La celebración de la Misa va transcurriendo a través del ofertorio, del canto del Prefacio y de la consagración en la que Andrés por vez primera como celebrante principal consagrará el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y en la Comunión, con el canto “Me has seducido, Señor, con tu mirada…” y “…Llévame, Señor, donde los hombres necesiten tus palabras, “, somos testigos del momento especialmente emotivo en el que da en comunión a sus padres el Cuerpo de Cristo.

Ha terminado la misa y Andrés se dirige a todos los que allí nos encontramos y va enumerando los principales hitos de su acción de gracias por su vocación: el bautismo, la labor de sus padres, de los catequistas, de los párrocos de su parroquia y los grupos parroquiales en donde ha estado integrado…

Y con la voz entrecortada en alguna ocasión da su primera bendición a los fieles que abarrotan la iglesia. Y después de que los sacerdotes concelebrantes besan sus manos de sacerdote recién ungido, Andrés, con sus padres, reciben las muestras de cariño de todos los que allí nos hemos reunido.

Texto y fotos: Manuel Valenzuela

Galería Fotográfica: “Primera Misa de Andrés Aldarias”

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