49 personas participan en el campamento de la Parroquia de la Natividad de Jamilena

Un grupo de 49 personas, la mayoría niños y jóvenes de entre 10 y 17 años, han participado en el campamento organizado por la Parroquia de la Natividad de Jamilena durante los días 16 y 19 de julio, en la aldea de El Rocío. Era la primera experiencia de este tipo para la mayoría de los participantes. Por eso el título que ha servido de guía no podía ser más oportuno: “Comienza la Aventura”.

En realidad, el campamento comenzó el domingo día 15 de julio, durante la celebración de la eucaristía de la tarde, cuando se bendijeron las pañoletas que iban a identificar a este grupo de aventureros. Era una pañoleta de color morado, propio del pueblo de Jamilena y de su devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno, y con dos cintas, una blanca y otra amarilla, alusivas a la invitación que Jesús nos hace en el Evangelio para que seamos sal y luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16). Fue una celebración preparada por los nueve monitores, y en la que niños, padres y toda la comunidad cristiana pidió a Dios por los frutos pastorales y espirituales de los días de campamento.

Al día siguiente, a las 8:30 de la mañana, un autobús cargado de niños, maletas e ilusión partió desde Jamilena para la aldea almonteña. Las cuatro horas de viaje sirvieron para comenzar a darse a conocer, sobre todo entre aquellos venidos de Torredonjimeno, Torredelcampo y Jaén. Una vez en la casa de la Hermandad de El Rocío de Castillo de Locubín, descargaron sus maletas y comenzaron los divertidos juegos de presentación que terminarían de romper el hielo entre todos. En este primer día, se formaron algunos grupos de limpieza, se distribuyeron por las habitaciones, algunos hicieron por primera vez una cama, y poco a poco se tomó contacto con el lugar que iba a ser su hogar durante los próximos cuatro días. Por la tarde, antes de merendar, toda la familia del campamento se acercó a la Ermita de la Blanca Paloma, y vivió la alegría del encuentro con la Madre de las Marismas. Y después se vivió la primera asamblea, donde se dieron unas normas básicas de comportamiento, se repartió el amigo invisible y se aprendió el himno compuesto para estos días.

El día 17, después de un sueño breve pero reparador, como es normal en cualquier tipo de experiencia como esta, se levantó el campamento. La jornada comenzó, como no podía ser de otra manera, con la oración a los pies de la Virgen. Y bajo el título “Una mirada a nuestro planeta” se desarrollaron los juegos y actividades de ese día. Entre las muchas cosas que se hicieron y vivieron se podrían destacar: la fiesta de los colores, la manualidad del “globo de harina” y la noche miedo. Fue un día cargado de experiencias y de emociones.

El día 18 continuó la aventura bajo el título “los caminos de Dios”. Se puede llegar a Dios de muchas maneras, y una de ellas es precisamente el encuentro con el otro y con la creación. Por eso no podía encontrarse un marco mejor para vivir esta experiencia que la playa de Matalascañas. Allí, entre el juego y las olas, de manera espontánea y natural los niños se pusieron a cantar, ante la sorpresa y admiración de los bañistas, la canción del Padrenuestro que habían aprendido dos días antes. Sin duda alguna, fue un momento de gracia y de testimonio el que se vivió en aquellas finas áreas. Después, por la tarde, toda la familia del campamento se preparó para su última asamblea y para la celebración de la eucaristía. Entonces brotaron todos los sentimientos y afloraron las lágrimas de quien está viviendo una hermosa experiencia y no quiere que acabe. Aquella eucaristía se vivió con una particular devoción, unción y participación. Y para participar plenamente en ella, muchos niños se acercaron antes a recibir el sacramento de la reconciliación. El día terminó después de una cena un poco especial y una divertida fiesta hippie.

A la mañana siguiente, después de desayunar, los niños hicieron sus maletas, se formaron los grupos de limpieza y se ordenó la casa antes de marcharse a la Ermita de la Virgen del Rocío para celebrar la eucaristía. En ella se volvió a dar la gracias a Dios por todo lo vivido durante esos días y se pidió de manera particular por Jesús, un niño de Jamilena que comenzaba ese día un tratamiento especial en Barcelona, después de haber fracasado el trasplante de médula. Y la aventura continuó en el parque de atracciones de Sevilla de Isla Mágica, donde fácilmente se identificaba a los miembros del campamento por sus camisetas amarillas y su pañoleta. Fue también un día muy divertido, aunque agotador, como se podía comprobar en el autobús de vuelta a casa.

El broche final del campamento tuvo lugar en la celebración de la eucaristía del domingo en la Parroquia de la Natividad de Jamilena. De nuevo todos vestidos con sus camisetas amarillas y sus pañoletas, ya descansados y acompañados por sus padres, dieron gracias a Dios por la experiencia vivida. Y todos repitieron la misma expresión: “el año que viene también voy”. Esta expresión es la mejor manera de decir que estos días han merecido realmente la pena.

Han sido unos días de aventura; una aventura llevada por la gracia de Dios. Ahora tocará seguir viviendo la aventura de vivir la alegría de la fe dentro de la comunidad cristiana hasta el año que viene, si Dios quiere.

José Antonio Sánchez Ortiz
Párroco de la Natividad de Jamilena

Galería fotográfica: “Campamento de la Parroquia de la Natividad de Jamilena”

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